¿Hacia un nuevo capitalismo?

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com



Dejando atrás los unicornios o economía naranja como pilares de la transformación productiva propuestos anteriormente, nos corresponde repensar los sistemas económicos y políticos para enfocarnos en asuntos más sensatos; hay que salvar el planeta con producción responsable y sostenible, nos guste o no, creamos o no en el cambio climático y su deletéreo impacto sobre la Tierra.

Las amenazas a la supervivencia de la vida que tocan al planeta tienen respuesta en situaciones como catástrofes naturales, hambrunas, pestes o conflictos armados: es la manera que tiene la Tierra para contrarrestar las permanentes agresiones de los humanos a su entorno y a la absurda sobreexplotación de recursos finitos, cada vez más escasos, más costosos y apetecidos en demasía; todo por el hiperconsumo con desaforado ánimo de lucro. Es el dios dinero, el actual becerro de oro, el fin que justifica los medios, el todo vale, plata es plata...

Nadie duda de los beneficios que trajeron para la humanidad la rueda, la revolución industrial, la electricidad o la electrónica, por mencionar algunos significativos desarrollos. Pero no todo es color de rosa: la extracción irrefrenable de recursos naturales no renovables, la negación del cambio climático y sus efectos, la tala indiscriminada con propósitos legales o ilegales, y un sinnúmero de acciones lesivas y potencialmente destructivas del medio ambiente y de la vida arrecian desenfrenadas. Son muchas las especies extinguidas, agobia la escasez de agua potable, el incremento de áreas cultivadas y zonas de ganadería, las crecientes factorías, el deshielo de páramos y glaciares, la contaminación de ríos y mares, y miles de acciones más del ser humano que arriesgan el futuro de la vida a cambio de la gratificación monetaria inmediata y, muchas veces, descomunal.

El crecimiento económico es la meta de todos los gobiernos, de todos los sistemas políticos o económicos en busca del bienestar general, al menos en la teoría;

pensar en ralentizar la producción o cambiar el enfoque económico de una nación genera críticas y miedo al cambio. Se hacen tímidos esfuerzos por parte de algunos empresarios conscientes, de algunos legisladores comprometidos con el cambio, o de movimientos ecológicos y ambientales sin poder ni fuerza. ¿Cómo frenar el problema, para evitar la catástrofe que se antoja ineludible, y cómo mantener al mismo tiempo el balance económico de una nación y el bienestar de sus ciudadanos?

Se han planteado distintas soluciones: el decrecimiento económico, como la economía circular y la transición hacia las energías limpias, entre otras. Desde luego, conlleva un cambio sustancial en los actuales modelos económicos. Inclusive, algunos sectores tienen que ceder en pro del beneficio general; es cierto que unos empleos se pondrán en riesgo y habrá los que desaparecerán, pero también es verdad que se crearán otros nuevos. Al final el balance debe ser positivo en muchísimos aspectos.

Al finalizar la Segunda Guerra, en Alemania surgió la llamada economía social de mercado, llamada también capitalismo social o capitalismo del Rin. Implica un sistema que combina la libre competencia con un progreso social simétrico. La implementación del ordoliberalismo permitió el desarrollo alemán de la posguerra: bienestar para todos fue la consigna. La misma Unión Europea la adopta como meta: economía de mercado abierta y libre competencia, defensa al pleno empleo y al progreso social, protección y mejora de la calidad del medio ambiente.

En Alemania, Christian Kroll funda Ecosia, un buscador de Internet, competencia de Google, que destina el 80% de sus utilidades en reforestación por todo el mundo: las búsquedas determinan el número de árboles sembrados. Por otra parte, Wildplastic es una organización de economía circular que recoge y recicla los desechos de “un solo uso” convirtiéndolos en elementos útiles de uso permanente. Su objetivo es un planeta libre de plásticos; sí, una meta ambiciosa y lejana pero posible. Luchan contra fabricantes y comercializadores que utilizan ingentes y excesivas cantidades de empaques altamente contaminantes.

Solo si nos concientizamos de mermar el consumo innecesario y proteger el medio ambiente podremos sobrevivir como especie.



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