Brasil, país del xequeré y el berimbau, la jaguatirica y los papagayos, Toquinho, Elis Regina y Casimiro de Abreu, cachaça, vatapá y moqueca, del Cristo del Corcovado, Brasilia y Sao Paulo, Manaus y Rio de Janeiro, carnaval sambódromo y belhas garotas. Arcoíris multiétnico y pluricultural, de inolvidables y vivaces representaciones, es el país de la samba y el fútbol, pasión de 200 millones de técnicos y torcedores, gritos que retumban en las longas playas y espesas selvas, en las montañas y desiertos de su enorme extensión. Toda la geografía brasileña está presente en las sedes oficiales, doce ciudades, estadios nuevos o modernizados, el Maracaná para la despedida del que debe ser uno de los mejores mundiales: todos los campeones están presentes y los participantes son de lujo. Es Brasil, al mismo tiempo, rico y mísero, distante y cercano, similar a Colombia por su geografía y diversidad, la influencia ibera, africana y nativa, además de otras culturas de muchas altitudes.
Este campeonato mundial de fútbol, la más ecuménica festividad del orbe, ha convocado a millones de personas de todas las regiones y creencias alrededor del Brazuca -balón oficial cuyo nombre viene de la jerga que denomina así a los brasileños- en una ceremonia de un mes que enciende millones de televisores, coloca innumerables camisetas en hermosa paleta de colores y motiva todas las pasiones, desde la infinita alegría del triunfo hasta profundas depresiones de la derrota. Casi no hay ser humano ajeno al Mundial. Pero mientras el planeta hierve de emoción, dentro de Brasil se ha generado mucha polémica y reacción social por el destino de los dineros que dejarán, claro está, estadios incomparables y obras civiles magníficas, pero también estructuras que, para quienes protestan, se consideran innecesariamente "faraónicas" en un país de enormes asimetrías sociales donde falta demasiada inversión social, a pesar de los esfuerzos de los recientes gobiernos por colocarse en las economías "top ten" del mundo.
A fin de cuentas, se dio inicio al torneo con una ceremonia de inauguración, colorida y alegre con críticas y elogios, y un partido de apertura en el cual el súper favorito Brasil triunfó sobre Croacia con polémico arbitraje, innecesaria "ajudinha" para el pentacampeón. Todo torneo trae sorpresas que mandan de paseo a las matemáticas, las estadísticas y las proyecciones científicas. Al momento de escribir esta columna, teníamos dos mayúsculas: el actual campeón y otro de los participantes preferidos en las apuestas, España, fue vapuleado por Holanda 5-1, que había caído 1-0 en la final de Sudáfrica hace 4 años a escasos segundos de terminar el alargue del partido: histórica revancha de la "naranja mecánica". Costa Rica, la cenicienta entre 3 princesas, le da un mazazo al orgulloso Uruguay con un contundente 3-1. Italia, nunca favorito pero con 4 coronas orbitales, empezó con pie derecho derrotando la siempre batalladora selección de Albión. Se esperan más patinadas a través de una competición a la que acuden 32 de los mejores equipos, en la que todos quieren ganar o morir con las botas puestas: nadie regala nada.
Lo que más nos interesa: nuestra Colombia. Una multitudinaria presencia tricolor que hace sentir a la selección en su casa, como en el Metropolitano o en El Campín, que les gana en alegría y motivación a todas las delegaciones asistentes. El equipo de Pékerman demostró ante Grecia que no está de turismo. Ese 3-0, prometedor arranque de una Colombia acostumbrada a perder en su primer partido (sólo en 1990, cuando pasamos a segunda ronda, ganó el juego inicial ante Arabia Saudita), nos pone con un pie en la siguiente ronda, pero con la difícil tarea de avanzar en el grupo sobre una crecida y peligrosa Costa de Marfil de Drogba, Touré y Gervinho, y el ordenado y veloz Japón, herido por la derrota ante los africanos. Colombia, en un partido bien planificado, aprovechó las debilidades de los helenos con un colectivo bien parado, de variantes tácticas, individualidades desequilibrantes con James, Ibarbo y Teo que pusieron las mejores cuotas, y goles marcados por jugadores de las 3 líneas. Interesante.
Si pasamos a la siguiente ronda, nos espera un difícil rival: alguno de los excampeones. Tarea complicada pero no imposible: el rival a eludir es Italia, equipo ganador que sabe cerrase en "catenaccio" cuando conviene y atacar sin misericordia si corresponde. Con la puesta en escena de la mitad de los competidores, cabe pensar una nutrida presencia americana en la segunda ronda, y cuarto finalistas en los que Brasil, Argentina, Alemania e Italia deben disputar esos cupos con algún "palo": ¿Holanda o Portugal? Las estadísticas y las previsiones emocionales del hincha, no siempre certeras, favorecen a los americanos en éste territorio; incluso, cabe esperar una final suramericana. ¿Brasil contra Argentina, por ejemplo? Pero, ¿puede haber "maracanazo"? ¿Triunfará un europeo en América por vez primera? En todo caso, que gane el mejor y que la tricolor (¿en tercera ronda?) tenga su mejor actuación en la historia de sus participaciones mundialistas.
Y se prendió la fiesta
Columna: Coloquios y Apostillas
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