Los colombianos están repletos de felicidad, orgullo y patriotismo después del triunfo electoral de anoche y le desean al presidente electo de Colombia, Abelardo De La Espriella, éxito en su gestión presidencial; el pueblo colombiano le ha otorgado un mandato claro y contundente para que implemente de manera decidida y firme sus propuestas de campaña.
Desde el primer día, el nuevo gobierno se verá forzado a implementar planes de choque, que incluyen cuotas colectivas de sacrificios; sin embargo, el reto más grande que enfrentará De La Espriella será el de recuperar la credibilidad y la confianza ciudadana en las instituciones.
Valga anotar que los retos son muchos y enormes, y no que no todos podrán ser resueltos en cuatro años. Es importante entender que necesitamos del compromiso y cooperación de la comunidad internacional, y que por esto el equipo diplomático debe ser de primer orden para obtener la ayuda que tanto necesitamos; afortunadamente, todo indica que comenzamos con el pie derecho, ya que tendremos en el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, un gran aliado.
La llegada de De La Espriella trae consigo un nuevo amanecer en la relación con nuestro aliado estratégico más importante, dando así por terminada la era de confrontación e irrespeto de Gustavo Petro, quien nunca supo anteponer los intereses del país a sus desvaríos ideológicos.
Es reconfortante recalcar que, de este ciclo electoral, sale fortalecida la confianza en la Registraduría Nacional y en el sistema electoral colombiano, ya que además de la prontitud en dar los resultados, blindó las elecciones contra cualquier posibilidad de fraude, garantizando que la votación reflejara fidedignamente la voluntad de las mayorías.
Los intentos por desconocer los resultados no tienen asidero fáctico, y no son más que una estratagema para intentar aferrarse indebidamente al poder. No queda más que felicitar al registrador, Hernán Penagos Giraldo, y a su equipo por una gran labor, y agradecer también el acompañamiento de la comunidad internacional. Hoy, el sistema electoral colombiano es la envidia de muchos países.
Las circunstancias exigen recordarle al presidente saliente, Gustavo Petro Urrego, que es su deber constitucional garantizar la transición pacífica del poder e iniciar prontamente el empalme con la nueva administración para que desde el primer día esté en condiciones de trabajar por el país, sin traumatismos y sin interrupciones.
La sobriedad que acompaña la victoria serena, nos lleva a reconocer que, aunque De La Espriella fue elegido por la mayoría, hoy es el presidente de todos los colombianos, incluyendo aquellos que no votaron por él.
Sería torpe ignorar el clamor de ese número importante de compatriotas que votaron por Iván Cepeda. Debemos reconocer que hay zonas y poblaciones de nuestro país, que han sido históricamente ignoradas y donde el estado ha sido el gran ausente; zonas donde Cepeda obtuvo buenos resultados, y que deben ser entendidos como un reclamo ante el olvido.
Es imperativo comenzar a hacer los correctivos del caso para llevar los bienes del Estado a estos territorios marginados; es imperativo llevarles oportunidades y esperanza para que no sean seducidos nuevamente por utopías fracasadas.
Entendemos que, ante tantos retos, habrá que priorizar asuntos a resolver. Asimismo, entendemos que en términos de inversión y desarrollo la hoja de ruta probablemente dará prioridad a aquellas oportunidades que generen el mayor valor agregado en el menor tiempo posible; sin embargo, la Costa Caribe reclama primera prioridad. No tiene nada que ver con que De La Espriella sea de esta región, sino que desde toda óptica es la mejor opción para promover el desarrollo y la competitividad del país; la Costa Caribe es la región del país que ofrece el mayor retorno a la inversión.
En este nuevo amanecer, esperamos que Abelardo De La Espriella convoque a los mejores hombres para que lo ayuden a regir los destinos del país. Los colombianos no queremos repetir la experiencia de Petro, quien irresponsablemente, en muchos casos, delegó a personas carentes de las competencias mínimas el liderazgo de carteras importantes, con las consecuencias por todos conocidas. Quienes formen parte del nuevo gobierno deben ser personas competentes y sin tachas morales.
La idoneidad profesional y ética del equipo de gobierno es condición necesaria para ganarse la confianza del ciudadano y recuperar la credibilidad institucional.
Sería lamentable mal gobernar para servirle en bandeja de plata el regreso al poder al petro-cepedismo. Para una persona con las condiciones personales de De La Espriella, lo importante no debería ser haber ocupado el Solio de Bolívar sino haberlo hecho con lujo de competencia, y llevando el mayor bienestar posible a su pueblo. No hay honor más grande para un presidente saliente, que marcharse entre los aplausos y el agradecimiento de los más humildes, y con la satisfacción del deber cumplido. La gran diferencia entre presidentes a secas y estadistas, es que, para los primeros, alcanzar la dignidad presidencial es un acto de vanidad personal y un acto de narcisismo, y para los segundos, solo es una oportunidad de servicio a la comunidad, y un compromiso para avanzar en la consecución del bien común.
¡Al doctor De La Espriella, buen viento y buena mar!