Fraude manifiesto

Editorial
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Verdaderamente es preocupante lo que está sucediendo en el Perú en lo referente a las últimas elecciones presidenciales dado que se ha demostrado la evidencia de un fraude electoral masivo. Gonzalo Ortiz de Zeballos un abogado respetable y respetado, jurista eminente y profesional serio y prestigioso ha entablado ante el Ministerio Público una denuncia contra el actual Presidente de la República Francisco Sagasti y la Presidenta del Consejo de Ministros Violeta Bermúdez.

El Jefe de Estado y esta Alta funcionaria del gobierno se han atrevido a instigar a las autoridades electorales para que se proclame a Pedro Castillo como Presidente electo de los peruanos. Por un lado Sagasti afirma: “que el proceso electoral ha sido transparente, limpio, sin mancha y sin fraude y ella a su turno expresa: “que no hay indicio alguno de la existencia de irregularidades”. Por consiguiente, son coautores del delito contra la voluntad popular. Igualmente, el jurisconsulto Ortiz solicitó al Ministerio Público la investigación del Presidente del Jurado Nacional de elecciones Salas Arenas toda vez que ese organismo electoral que él preside se negó a hacer las pruebas argumentando que no tienen competencia para conocer de ella. Pero sí tuvieron en cuenta normas que no corresponden. Tornaron imposible el escrutinio y en consecuencia alteraron el resultado electoral. Esto es un prevaricato. Se tipifica un delito contra la voluntad popular. Obviamente el partido marxista de Perú libre no quiere que se investigue.

La diferencia a favor de Castillo fue de 44.000 votos y resulta que votaron más de 40.000 muertos. El milagro de Jesús se produjo en el Perú pero la diferencia es que esos resucitados votaron. Las actas impugnadas equivalen a 200.000 votos. Se estableció que jovencitos de 13 años presidieron mesas electorales. Se falsificaron firmas. El jurado ante este hecho anómalo comentó que las firmas se cambian permanentemente. En una última encuesta el 70% de los peruanos están convencidos de que hubo fraude.

Los leninistas del mundo se han apresurado a proclamar a Pedro Castillo como el electo presidente del país Inca. Ciertamente Argentina, Venezuela, Cuba, Rusia han hecho eco en el sentido de que Pedro Castillo debe ser reconocido como el Primer Mandatario elegido por el pueblo peruano.

El próximo 18 de julio se vence el plazo por parte de la autoridad electoral para definir si acepta o no las impugnaciones de Keiko Fujimori. Esa decisión será la que señala quien presidirá los destinos de esa nación hermana. El letrado Ortiz Zeballos encarecidamente pide la intervención internacional de la OEA, de la ONU y de la Unión Europea.

Su petición clara es que el examen del proceso electoral presidencial sea verificado por conducto de organismos internacionales con sumo cuidado y en forma imparcial. Pone de relieve el hecho de que el Presidente Sagasti por su ideología de extrema izquierda desea entregar el Poder a Pedro Castillo. De ahí su injerencia directa ante el Jurado Nacional de elecciones. De otro lado Ortiz Zeballos advierte que ninguna autoridad, así sea el Presidente de la Republica puede interferir en competencias jurisdiccionales que no son de su incumbencia.

Al analizar objetivamente ese conteo de los votos, las irregularidades ostensibles, la parcialidad del Presidente Sagasti y su Presidenta del Consejo de Ministros, al igual que la del Presidente de la autoridad electoral, por lo menos se debería hacer como en el Ecuador un reconteo de los votos con presencia internacional a efecto de que se evite lo que puede suceder, cual es una guerra civil sin precedentes entre los peruanos.

No debemos ser indiferentes frente a este problema tan complejo en materia electoral que tiene lugar en esta nación hermana habida consideración de que se está definiendo nada más y nada menos que su inmediato futuro político. Compartimos frontera y nuestras actuales relaciones son inmejorables, cordiales, amistosas, armónicas y de cooperación recíproca.

Un gobierno de Pedro Castillo no sería de él sino del bolchevismo que representa. Más aún cuando sus dotes intelectuales dejan mucho que desear. Su única condición digna de resaltar es que logró de todos modos una votación relevante y que tiene y cuenta con todo el respaldo económico y político de la comunidad internacional comunista.

Indudablemente lo manejarán y dirigirán todos los que poseen esa ideología de destrucción los cuales no les importará el Perú sino su partido que predomina siempre sobre los intereses generales.

El horizonte peruano con Pedro Castillo como presidente es negro y la única luz nos muestra la miseria, el hambre y la pérdida de libertades que padecerá el pueblo peruano.



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