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Uribe: estadista, gran presidente, patriota integral

Editorial
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Con dolor de patria hemos recibido los colombianos demócratas, la noticia de que la nueva Fiscalía a cargo de Adriana Camargo, llamó a juicio al expresidente Uribe por los delitos de fraude procesal y soborno a testigos. Ya en la anterior Fiscalía bajo la responsabilidad de Francisco Barbosa, dos fiscales se habían pronunciado a favor del expresidente pidiendo la preclusión de la investigación.

Apenas normal esa decisión de la nueva Fiscalía dado que se sabía de antemano y lo manifestamos de que era una fiscal de bolsillo, con antecedentes ideológicos marxistas al igual que su protector el ministro de Defensa, Iván Velásquez; por eso son alfiles fieles del presidente. El primer mandatario se vanagloriará y sacará pecho por esa determinación judicial.

No olvidemos, o por lo menos, es necesario ponerlo de relieve de que el comunismo es internacional y el expresidente Uribe es un trofeo singularmente importante para mostrar ante el mundo.

La noticia de que Álvaro Uribe está siendo juzgado en Colombia para los leninistas es significativa porque es uno de los estadistas más destacados. Uno de los baluartes del centro derecha en el mundo hispanoamericano y porque no decirlo en todo el orbe.

Ciertamente en su gobierno se le propinaron los golpes más certeros a la guerrilla comunista de las Farc. Cayeron en combate sus principales cabecillas, estaban desmoralizados, diezmados y aniquilados militarmente; esa fue la razón para que se sentaran en La Habana, a la mesa de negociaciones en el Proceso de Paz con Juan Manuel Santos.

Infortunadamente ya en la presidencia Santos traicionó a Uribe. Las operaciones contra los pocos jefes del secretariado de las Farc, que quedaban las cuales estaban para ser ejecutadas se suspendieron por orden suya y por el contrario permitió la salida de esos bandidos para incorporarlos al proceso de paz y son justamente los que ocupan curules en el congreso.

Le mintió al país como suelen hacerlo los comunistas diciendo que serían encarcelados y luego le dio entrada o luz verde para efectos de su incorporación a nuestro parlamento. En la misma forma por votación en un plebiscito el pueblo rechazó el proceso de paz. Empero mediante la sui generis figura del “fast track” procedió a hacerlo aprobar en las Cámaras. Luego, la Corte Constitucional en su mayoría santista, avaló tal aprobación.

El gobierno del presidente Uribe como ningún otro mandatario contaba al terminar su mandato, según las encuestas con el respaldo del 80 % de los colombianos, ya que su paso por la presidencia le produjo al país paz y tranquilidad, bienestar social, altos índices económicos, ayudas a los ancianos y a las clases vulnerables que jamás se habían tenido en cuenta.

Volvió el optimismo, la fe en las instituciones, el prestigio de su Ejército y las Fuerzas Militares, el reconocimiento y el liderazgo internacional del Expresidente Uribe. Hoy por hoy, a pesar de la avalancha de propaganda comunista en su contra, de las falsedades e injusticias para enlodar su nombre, sigue siendo el político de más credibilidad en Colombia y en el exterior.

Uribe es sin duda un ser superior por sus virtudes morales, su contextura intelectual, su capacidad de trabajo y de gestión, la transparencia de sus actos y su honradez como hombre de Estado; quiere a su terruño y ha entregado su vida al servicio de los colombianos.

El mismo comunismo lo respeta habida cuenta de que con sus ataques demoledores, permanentes y radicales no lo han hundido; por el contrario, no se rinde, da la cara y la batalla como buen guerrero y gladiador.

Confiamos en que al final brillará para ver la injusticia de sus procesos judiciales en los que han violado los principios de presunción de inocencia y del debido proceso; solo han permitido los interrogatorios en su contra, en cambio los interrogatorios de su defensa se han rechazado.

Sus enemigos, en particular los bolcheviques, lo han considerado como único responsable de los falsos positivos. El mismo Santos ministro de Defensa lejos de asumir responsabilidad en esos hechos ocurridos bajo su cartera como acostumbra, ha dejado traslucir de que es ajeno a ello, como si no hubiese tenido injerencia alguna.

En los falsos positivos fallaron algunas unidades humanas del Ejército, pero jamás se trató de una política del gobierno o de la Institución. Lo importante en materia de orden público es que el país se pacificó, las guerrillas perdieron toda su influencia y la gente volvió a salir por las carreteras, les volvió la tranquilidad a los colombianos.

Lejos de bajar la guardia está recorriendo el país haciendo ver que si no reaccionamos vamos a perder la democracia. Morirá en defensa de sus principios democráticos.



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