El reto boliviano

Editorial
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Aun sin conocer un dato oficial del ganador de las elecciones presidenciales en Bolivia, y al cierre de esta edición editorial, la presidenta de esa país, Jeanine Áñez aseguró que el candidato de la izquierda Luis Arce obtuvo el triunfo en las elecciones, lo que significa el regreso al poder del partido del expresidente Evo Morales.

Uno de los temas que estuvo y marcó las elecciones bilivianas fue la industrialización del litio, uno de los proyectos más anhelados en Bolivia que hasta ahora no pasa de ser una quimera, y fue una de las promesas electorales que más se repitió para los comicios del 18 de octubre, aunque con más retórica que acciones concretas.

Bolivia posee unas reservas de 21 millones de toneladas de litio, unas de las mayores de todo el mundo, la mayor parte de ellas en el salar de Uyuni en la región andina de Potosí, y en menor proporción en los yacimientos de Pastos Grandes, también potosino, y Coipasa, compartido entre el departamento boliviano de Oruro y Chile.

En Uyuni opera una planta industrial de cloruro de potasio y continúa el montaje de otra industria de carbonato de litio que producirá 15.000 toneladas al año. En la localidad orureña de La Palca están unas plantas piloto que obtienen material catódico y baterías de ión litio. El cloruro de potasio boliviano se usa mayormente como fertilizante y se vende en el mercado interno, en Chile, Brasil y Argentina.

La industrialización del litio ciento por ciento boliviana, desde la extracción de las materias primas hasta la fabricación de baterías, es una propuesta de una década de los campesinos potosinos y en este tema  se ha avanzado poco y se han perdido todos estos años, porque el carbonato de litio producido en el país no es apto para fabricar baterías al no cumplir con el grado de pureza requerido. El gobierno de Evo Morales se dio cuenta de esto y por eso rompe la estrategia y firmó el decreto que autorizó una sociedad mixta entre la estatal Yacimientos de Litio Bolivianos.

YLB, y la alemana ACI Systems. Acisa. Mediante ese acuerdo se buscaba producir hidróxido de litio, entre otros componentes, de acuerdo con decreto que fue anulado luego en medio de la crisis social y política de 2019 en Bolivia.

La tecnología elegida en 2010 para la producción de carbonato de litio está quedando un poco rezagada con los avances tecnológicos, pues lo que se requiere ahora para las nuevas baterías con electrolito sólido es hidróxido de litio. La industrialización no pudo arrancar plenamente porque no se pudo desarrollar la tecnología cien por ciento boliviana para la producción de la materia prima. Entonces todo lo que se prometió no ha quedado más que en un discurso.

Por otro lado no se pudo avanzar porque el tema fue manejado políticamente. La consigna de Morales de convertir a Bolivia en el corazón energético de Sudamérica fue una quimera, porque no se vio primero cuáles son las posibilidades de exportar, a quiénes, en qué cantidad, en qué precios, o cuáles serían las ganancias.

Bolivia tiene una de las mayores reservas de litio, pero también tiene uno de los problemas más grandes y es que el mineral de Uyuni tiene volúmenes de evaporación mucho más bajos que los de Chile, con una mayor mezcla con magnesio y sulfato.

También es vital que haya estudios de evaluación de impacto ambiental y los correspondientes procesos de consulta previa a las comunidades del lugar, según lo establecido en las normas bolivianas.
Ahora Bolivia y su nuevo presidente tienen un reto por delante para explotar su mayor riqueza. Si seguimos por el camino de los tres últimos años, del gobierno de Evo Morales, no se va a avanzar porque no se ha transparentado toda la información para tener las herramientas para salir adelante, pero siempre velando por que el Estado tenga el control de la materia prima, y asegurar el futuro de los bolivianos.



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