Un paso más para la reelección

Editorial
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio el que podría ser su último discurso ante la Asamblea General de la ONU, una oportunidad clave para resumir su doctrina nacionalista ante los votantes de los que depende su reelección en noviembre.

Aunque finalmente no lo hizo, Trump quería pronunciar en persona su discurso ante el 75 período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, en parte para subrayar su idea de que se puede hacer vida normal pese a la Covid-19.

Trump finalmente no hizo en persona su discurso, algo que le habría convertido en la excepción a la regla que siguen el resto de líderes, con sus videos pregrabados. Ese contraste fue, irónicamente, un símbolo apropiado de lo que han sido sus cuatro años en el poder. En la era de ‘Estados Unidos primero’, son menos los países que están siguiendo el liderazgo de un Estados Unidos, que le ha dado la espalda al mundo, opina la oposición al gobierno.

Después del discurso de Trump, queda menos de un mes y medio para las elecciones del 3 de noviembre, en las que se juega un segundo mandato, y los expertos coinciden en que su audiencia prioritaria serán los votantes en Estados Unidos, y no los diplomáticos de la ONU. Ahora lo único que le importa al presidente es evitar el repudio de los votantes estadounidenses.

Su plan frustrado de pronunciar el discurso en persona también tenía que ver con su voluntad de mantener el mayor sentido posible de normalidad, para que los votantes estadounidenses piensen que las cosas no están tan mal por la pandemia. Trump insistió en su discurso en los temas relacionados con la soberanía, que son pura carne roja para su base de votantes.

El año pasado, el mandatario proclamó ante la Asamblea General que el futuro no pertenece a los globalistas, sino a los patriotas, y utilizo su intervención de este año para defender el aislacionismo que ha demostrado desde que llegó al poder en enero de 2017.
Trump llego a la Asamblea General en plena batalla con la Organización Mundial de la Salud, OMS, dos meses después de iniciar el proceso para retirar a Estados Unidos de ese organismo al que acusa de estar sesgado a favor de China y de haber gestionado mal la emergencia sanitaria de la Covid-19.

El mandatario dio su discurso una semana después de encabezar en la Casa Blanca la firma de los Acuerdos de Abraham por los que Israel normalizará sus relaciones con Emiratos Árabes Unidos y Baréin, y difícilmente perderá la oportunidad de presumir de ese hito, por el que sueña con recibir el Premio Nobel de la Paz. Esos acuerdos culminan casi cuatro años de campaña de presión constante contra Irán, y se espera que Trump vuelva a mostrarse duro con Teherán en su discurso, en un momento de tensiones con el resto de miembros del Consejo de Seguridad de la ONU por la insistencia de Estados Unidos en restaurar las sanciones al país persa.

En plena campaña por retener el estado clave de Florida, Trump mencionó su política de mano dura con Venezuela y Cuba, y su insistencia en que Estados Unidos nunca se convertirá en un país socialista. Muchos de los diplomáticos que le observarán tienen también relaciones con su rival en las elecciones de noviembre, el exvicepresidente Joe Biden, y algunos ven la afinidad de ese candidato por el multilateralismo como una gran ventaja respecto a Trump.

Pero Trump ha dejado claro que le importa poco lo que opinen esos diplomáticos, y cree que precisamente sus ataques a las instituciones internacionales y a otros países aumentan su atractivo ante los votantes estadounidenses.


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