La página oculta del caso Cummings

Editorial
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Las grandes decisiones no se pueden dejar exclusivamente en manos de políticos que llegan al gobierno, lo manejan como si estuvieran en campaña, y luego se van. Cuando improvisan como administradores, raramente se les ocurren cosas que vayan más allá de las decisiones de corto plazo. Con frecuencia, y al ritmo que marcan asesores de imagen, pretenciosos y sin experiencia, resultan dando timonazos, o haciendo a la carrera mil cosas a la vez, en lugar de ocuparse de los proyectos de largo aliento, que requieren tiempo y visión panorámica.

Dominic Cummings, asesor principal de Boris Johnson, transgredió las reglas de aislamiento que había ayudado a establecer desde el gobierno británico con motivo de la pandemia. Se fue por carretera hasta Durham, a 418 kilómetros de Londres, y se justificó con el argumento de que a él y a su esposa les apremiaban síntomas del contagio de Covi-19, y buscaban para su hijo, en casa de los abuelos, la protección que no podría disfrutar con padres enfermos en su residencia de la capital.

A Cummings le cayó la tormenta completa: medios de comunicaciónn, redes sociales, opositores al gobierno y prominentes figuras de su propio partido, entre ellas tres docenas de parlamentarios, pidieron su remoción o su renuncia. Como en república bananera, se negó a dimitir. En cambio, previa defensa de sus actos por parte del Primer Ministro, que le patrocinó una inusual rueda de prensa desde uno de los jardines interiores de 10 Downing Street, sostuvo que había obrado de manera razonable, para cuidar a su familia, y dentro de la ley.

Quedó abierto el cuestionamiento a un miembro del gobierno, no elegido popularmente, que se creería revestido de la opción de obrar por encima, o al menos por un lado, de la ley. También la molestia del apoyo a ultranza de su jefe, que se justificaría en el hecho de que Cummings, que no es miembro del Partido Conservador, fue artífice de la estrategia que llevó a la aprobación del Brexit en el referéndum de 2016 y después a una de las más grandes victorias conservadoras desde 1987: la que tiene a Johnson en el poder.

Pero hay algo más profundo que lo de la escapada a Durham. Algo así como una páginna oculta en torno a la figura de Cummings, que viene de atrás: su aversión y su enfrentamiento con el Servicio Civil. Su llegada a Downing Street, en calidad de “Chief Strategist”, fue recibida desde el primer momento como un insulto a las capacidades del Servicio, venerada y también criticada institución británica que representa el profesionalismo y la garantía de continuidad armónica de la gestión de los asuntos públicos, por encima y a pesar de las veleidades de la clase política.

Los responsables de la gestión de los asuntos públicos no deberían andar pendientes de su posicionamiento ante la opinión, por encima de responsabilidades fundamentales de largo plazo. Una administración pública altamente politizada, movida en términos de mercadeo, conduce a la meta equivocada de satisfacer intereses particularizados e inmediatos. Con ello se afecta, en el fondo, la calidad de la democracia.

Dejar el manejo de los asuntos públicos en manos de asesores pendientes de las redes sociales, y no de las decisiones complejas y los procesos de largo plazo, sería lo mismo de equivocado que contar simplemente con un cuerpo de profesionales ajenos a toda variante política en la conducción del Estado. La atención permanente a las encuestas, y la respuesta a ellas desde la propaganda, representan una contaminación que distorsiona el sentido que debería tener la administración del Estado.

De otra parte, un servicio civil inamovible, burocratizado y perezoso, no puede ser la panacea para hacer andar la maquinaria pesada de la administración de todos los asuntos públicos. El arbitraje de esa continua disputa corresponde a la ciudadanía, que se debe manifestar a través del voto, para nutrir el componente político de la administración, y a través de la veeduría ciudadana y el ejercicio de las opciones de control frente a la marcha día a día de una gestión que debe tener como meta y motivación el bien colectivo.


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