Fútbol, tecnología y justicia

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com



Los deportes siempre dejan espacio para el debate y hasta el conflicto; el fútboles particularmente pródigo en esas situaciones. Numerosas veces, las decisiones arbitrales cambian la historia del juego, por error muchas veces pero en ocasiones por parcialidad evidente. La Fifa ha sido renuente a implementar la tecnología para buscar justicia; cuando aparece, es de a pocos, excepcional y tardíamente. Las transmisiones televisivas muestran los errores arbitrales (cuando no el amaño) y el juego sucio (puños o patadas fuera del foco de visión de los árbitros, provocaciones, simulaciones, etc.) que terminan distorsionando los resultados en favor del infractor: la justicia dentro del terreno de juego desaparece. Las numerosas cámaras de video que desde mil ángulos distintos están viéndolo todo, como en "El gran hermano", revelan detalles imperceptibles para el equipo arbitral, los jugadores o el público; los productores con ojos de lince sí observan esos trances. Las demandas a posteriori, a lo sumo, logran una sanción para un jugador, un equipo o una plaza, pero la decisión del juego raramente conduce a una decisión justa para salvar la rectitud.
La situación más polémica del actual Campeonato Mundial de Fútbol es el mordisco del Luis Suarez a Giogio Chielini, que ni siquiera significó una amonestación al salvaje agresor, que fue expulsado a posteriori. La tecnología ayudó a la decisión de la Fifa; además, pudieron revisar los antecedentes del truhán uruguayo y definir las faltas al reglamento para sancionarlo duramente y enviarlo de regreso a su país. En el legendario estadio de Wembley, en la final de la Copa Mundial Jules Rimet, 30 de julio de 1966. Geoff Hurst "marcó" un gol que nunca existió (el "gol fantasma") que le dio el título a Inglaterra, tanto otorgado de manera vacilante por el árbitro Gottfried Dienst; el mismo delantero británico lo reconoció diez años después. Los videos de la época no pudieron constituirse en prueba, pero varias décadas después, gracias a las reconstrucciones digitales, se dilucidó la trayectoria del balón: no entró. Inglaterra, a su vez fue víctima de la "mano de Dios" de Diego Maradona que vio el planeta entero menos el juez central, el tunecino Alí Bennaceur. Argentina, en 1990, fue derrotada en la final contra los alemanes por un penalti imaginado por el central mexicano Edgardo Codesal: alguna forma imprevista de justicia. Este Mundial no ha sido ajeno a fallos polémicos, como los dos goles anulados a México por el colombiano Humberto Clavijo, o las innecesarias pero oportunas "ajudinhas" al local, amén de otras decisiones complicadas.
La actual tecnología en el fútbol se aplica en muchas situaciones: para los futbolistas, uniformes más cómodos, hidrófobos y térmicos; confortable calzado personalizado que reduce las lesiones y mejora la eficiencia del juego; balones sintéticos de desempeño óptimo y comportamiento predecible en seco y mojado. Nada de esto, obviamente, sustituye la técnica del jugador o su preparación, pero sí le permite explotar sus condiciones. Para este Mundial, la International Board permitió por fin el uso de un sistema similar al "ojo de águila" del tenis que permite determinar automáticamente y de inmediato si hubo o no un gol, informando de ello al colegiado central: no hay pierde. El uso de la espuma para marcar las distancias correctas impide robar valiosos centímetros que obligan al lanzador a modificar el pateo, la velocidad y dirección del balón. Ya desde hace tiempo se utilizan micrófonos y auriculares para comunicación entre los miembros del equipo arbitral y ayudar a su labor. Existen sofisticados sistemas electrónicos que permiten seguir a la perfección detalles de la posición recorrido de los jugadores, distancias de las barreras o fueras de lugar, por ejemplo, aunque hoy solo se usa una parte de ellos que arrojan datos estadísticos interesantes y valiosos para los cuerpos técnicos. Esto, claro está, para los que pueden pagarlos; esa tecnología no es barata y está lejos del alcance de casi todos. Sin embargo, las investigaciones continúan y a futuro se esperan incorporaciones que hoy parecen de ciencia ficción: los cuerpos técnicos recibirán información en tiempo real acerca del rendimiento físico de los jugadores gracias a sensores incorporados en la ropa y los botines, el balón y todo el campo de juego. Para el hincha habrá toda clase de datos y estadísticas que irán a los celulares o lo que los sustituya, incluyendo reproducciones holográficas en 3D de las jugadas. El seguimiento de los jugadores se hará con pequeños drones, además de las numerosas cámaras y procesadores inteligentes, para deleite del espectador. Los árbitros dispondrán de lentes que permitirán mirar las jugadas desde varios ángulos, y los jugadores, gracias a sensores y receptores especiales colocados en su ropa, recibirán señales que les permitirá elegir la mejor jugada. Todo un fantástico catálogo de sueños que se harán realidad. Pero para la gran mayoría, lo que más interesa es que la ciencia y la tecnología ayuden a decisiones justas, más allá de la técnica, la preparación o el factor suerte.



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