Educación Eficaz - II

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Circula por internet una información interesante, referente a un plan piloto en el sistema educativo de Japón que busca cambiar el concepto del mundo que tienen los estudiantes para ajustarlo a los tiempos que corren. El nuevo sistema, "cambio valiente" (Futoji no henko), basado en reconocidos programas educativos, está orientado a romper los actuales paradigmas de formación escolar. El objetivo central es formar a los niños japoneses como ciudadanos del mundo, apartándolos de caducos y peligrosos nacionalismos, eliminando el culto a la bandera y al himno, a héroes producto de la fantasía "patriótica". Los alumnos terminan por no creer en países o razas superiores, ni irán a guerras patrioteras para defender los intereses económicos de los poderosos. Entenderán y aceptarán diferentes culturas y sus visualizaciones serán globales, más que nacionales.

Ese novedoso patrón educativo, que se desarrolla en doce años, no tiene desgastantes materias de relleno ni agobiantes tareas escolares. Se concentra en cinco puntos: matemáticas de negocios (sólo operaciones básicas y calculadoras de negocios); lectura (se lee una hoja diaria del libro que cada niño escoja, progresando hasta llegar a un libro por semana); civismo (entendido como el respeto a las leyes, valor civil, ética, respeto a las normas de convivencia, tolerancia, altruismo y respeto a la ecología); computación (énfasis en el manejo de suites como Office, internet, redes sociales y negocios on-line); idiomas, culturas (japonesa, árabe, americana -¿estadounidense?- y china) y religiones (entendido como cultura religiosa), con visitas de intercambio a familias de cada país durante el verano. Resultado previsto: jóvenes que a los 18 años hablarán 4 idiomas, conocerán 4 culturas, 4 alfabetos y 4 religiones, expertos en computadoras que leerán 52 libros cada año, respetarán la ley, la ecología y la convivencia, y manejarán perfectamente las matemáticas de negocios. Aun cuando se deja de lado a otras importantes culturas como las europeas o las nativas americanas, los "bachilleres" nipones estarán preparados para estudiar cualquier carrera donde les plazca. Terminarán conformando una sociedad más equilibrada, incluyente, tolerante y respetuosa. Tenderá a desaparecer la xenofobia, producto de ignorancia y miedos injustificados, mejorando así la interacción entre las naciones. El contraste con nuestra educación solo produce tristeza profunda.

La disparidad entre la formación pública y privada de Colombia es enorme: el dinero escasea en la primera con la consecuente carencia de lo elemental, de lo mínimo necesario; los maestros, no siempre bien escogidos, se ven impelidos a paros y huelgas en busca de un pago oportuno de sus precarios sueldos. Una buena parte de los jóvenes colombianos, más influenciados por la televisión y las alienantes subculturas que por los libros o la cultura (en general, les parecen aburridísimas), pasan más tiempo mirando una programación alienante, vacía y embrutecedora; se expresan pésimamente en nuestro idioma y, ocasionalmente, padecen analfabetismo funcional; barruntan un spanglish mal traído de algunas canciones, y su rendimiento universitario (cuando pueden acceder a la educación superior) o laboral es limitado precisamente por todo ese lastre. Muchos confunden entretenimiento con cultura, y sus objetivos vitales se limitan a sobrevivir y divertirse; sus oportunidades de surgir no abundan, y la competencia que enfrentan es poderosa y bien formada. Cuidado: no hablo de inteligencia que nuestro país se presume buena; al menos, así parece.

Desde ésta perspectiva, es obvio que muy pronto los orientales tendrán mayor preponderancia en ésta era del conocimiento. La formación académica actual, basada en la era industrial del siglo XVIII, que desperdicia más del 80% de los esfuerzos y los recursos, y que produce bachilleres y profesionales en serie como si de objetos se tratase, no puede entregar nada distinto a egresados cada vez menos competitivos en "las grandes ligas". Una masa significativa de educandos está más pendiente de mediocres faranduleros, realities poco edificantes o anodinos seriados televisivos que de la lectura o la cultura; de ahí tanto ignorante suelto fungiendo de dirigente, el analfabetismo funcional que impúdicamente exhiben y la nueva "ortografía" que infesta las redes y repercute horrorosamente en las presentaciones formales.

Urge implementar en Colombia políticas de Estado enfocadas en el desarrollo del país; invertir en educación; desarrollar una verdadera revolución educativa con objetivos definidos, réplica de modelos educativos exitosos; interactuar proactivamente con centros académicos internacionalmente reconocidos; y proporcionar una completa y futurista formación académica para los educadores, entre muchísimos elementos más. Desde luego, mientras persista la desigualdad y la exclusión social es difícil en ese proceso contar con la formación en los hogares, donde a veces ni comer se puede, ni los con padres -si los hay-, atrapados en problemas sociales mayúsculos de solución casi imposible. Intentar el cambio de tan deplorable situación es convertirse en víctima de fanáticos cavernarios, quienes salvaguardan el status quo en el cual se lucran de la ignorancia de las mayorías, pues así las manipulan a su antojo sin rivalidad posible.

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