Tomando ejemplo

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Dicen que nadie escarmienta en pellejo ajeno. Pero en ocasiones es inevitable mirarse al espejo del vecino para prevenir dolorosas situaciones de futuro. Cuando dirigimos la vista hacia el hermano país de Venezuela y percibimos la difícil situación por la cual atraviesan, es inevitable reflexionar acerca de su tragedia. ¿Por qué se llegó allá? Lo primero, claro, es culpar con justa razón a Maduro, Chávez y a todo lo que huela a la izquierda imperante. Pero hay que estudiar a profundidad para encontrar las raíces del problema. A fin de cuentas, ellos son producto del binomio político que gobernó a Venezuela antes del "socialismo del siglo XXI".

La parte débil de la cuerda por donde se rompen los sistemas políticos es la economía, más precisamente la microeconomía, esa del diario acontecer. Sin distingo del modelo político, cuando la gente ve sus despensas vacías y sus hijos sin alimentación, el dinero escaso y sin valor, y la desesperanza ocupando sus espacios, las promesas incumplidas de los gobiernos incitan a la gente por sacar a sus mandatarios. Mientras las naciones tengan las necesidades básicas más o menos resueltas, a las gentes poco les importa quién y cómo gobierne. Pero cuando el sistema no brinda esa mínima protección, la probabilidad de aparición de serios problemas internos se incrementa exponencialmente al punto del levantamiento, como sucede ahora en Venezuela.

Atrás quedaron los tiempos aquellos de gran bonanza cuando los venezolanos del común llegaban a nuestro país en carros lujosos, con gruesos fajos de billetes y ansias de consumir acá lo que allá escaseaba. Caracas estrenaba metro cuando acá las calles estaban inundadas por chatarras ambulantes como medio de transporte. Nuestras fronteras florecían gracias al comercio binacional. Pero la corrupción, madre de todos los males, hizo estragos justo cuando más dinero entraba al vecino país; poco aprovecharon adecos y copeyanos los grandes recursos para diversificar la economía y redistribuirlos en beneficio de todos; como siempre, unos pocos se beneficiaron y el descontento se materializó en el famoso "caracazo". Los vecinos señalan a Luis Herrera Campins, Jaime Lusinchi y, especialmente, al "gocho" Carlos Andrés Pérez por "El gran viraje", quien impuso una economía neoliberal a ultranza cambiando el anterior modelo económico. Las finanzas venían en franco deterioro, lejos de aquel modelo exitoso de los 70 y los 80. Con una dependencia casi absoluta del petróleo, Caldera no lo hizo mejor que sus predecesores.

Para Venezuela no fue extraña la intentona de Chávez y otros militares en 1992, acostumbrada como estaba a las dictaduras del siglo XX en cabeza de Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez. Después de cárcel y amnistía, el militar golpista sería elegido con propuestas populistas y cambiaría el sistema político y económico. Los recursos fueron destinados casi exclusivamente a los sectores antes marginados, como manifestación de retaliación y resentimiento contenidos: un síndrome de Robin Hood mal entendido que acabó rápidamente con cualquier asomo de libre empresa, sacó los capitales y desterró a muchos de sus mejores cerebros. A pesar del incremento de los ingresos por el aumento del precio del petróleo, el panorama se enrareció por la centralización de la economía y planificación al estilo del fracasado estilo soviético, el control del cambio de las divisas y el mal manejo de las relaciones internacionales especialmente con Colombia, la dependencia del petróleo y el menoscabo en su producción, el control de divisas, la consecuente inflación y devaluación, y la expansión de la "revolución bolivariana" a otros países (Alba, Unasur, Telesur, etc), entre tantos factores cardinales. El recuerdo de las anteriores carestías se convirtió en la pesadilla del desabastecimiento, la carestía y la inseguridad actuales, atizados por la desbordada corrupción, la censura gubernamental, la inseguridad y la violencia de los grupos armados afectos al régimen.

La espuria elección de Nicolás Maduro, incompetente para el cargo, fue el detonante de una latente crisis económica. Venezuela ha visto y sufrido las dos caras de la moneda. Ni las recetas de Milton Friedman ni los postulados de Marx ayudaron a su economía. No funcionó el Consenso de Washington ni el Consenso de La Habana. La corrupción ha sido determinante en ambas crisis económicas, pero ahora cuenta con el ingrediente de la ineptitud de sus dirigentes y un fracasado modelo totalitarista que ya había hecho estragos en la extinta Unión Soviética y Cuba. Como siempre, los extremos fueron perversos. Ni el capitalismo salvaje del "gocho" ni el sistema "socialista" de Chávez: ambos fueron siniestros.

En el primero, el espejismo de una abundancia que alcanza para pocos; en el otro, la promesa de exuberancia que nunca aparece. Los gobiernos necesitan del capital privado para el crecimiento y el desarrollo económico; los capitales, a su vez, requieren un adecuado control que fomente y regule la libre competencia, y permite mayor acceso de la población a productos y servicios, así como políticas redistributivas serias y equitativas de los recaudos tributarios. Las claves de las sociedades justas pasan por la educación y la honestidad, que deben ir de la mano siempre.

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