Manual para sobrevivir a las elecciones

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Falta poco para las elecciones. Por esta época usted está en la mira de las campañas. Por ello, se sentirá observado, seguido, espiado; estará acosado, y perseguido todo el tiempo. Debe enfrentar la situación y sobrevivir en el intento. Por eso, ante determinadas situaciones van algunos consejos de probada eficacia.

Es temprano en la mañana pero a usted se le hace tarde y tiene el tiempo medido. Mientras se arregla velozmente, el timbre del teléfono interrumpe su tranquilidad. Por la bocina escucha una voz dulce como la de Germán Vargas Lleras, melodiosa al estilo de Martha Lucía Ramírez y bien vocalizada como la de Navarro Wolff que le dice; "Buenos días.

Soy el candidato (pero, ¿cómo se le ocurre llamar a estas horas?), búsqueme en el tarjetón (tan jetón, ¿no?) en el número (joder, ¡es una grabación!)". No reviente su teléfono contra la pared; sólo bloquee el número. Claro que tendrá que hacerlo tantas veces como candidatos hay en los tarjetones electorales. O, deje vencer la factura; a usted como ciudadano del común sí le cortan los servicios puntualmente. Sus coronarias le agradecerán.

Con algo de retardo, sale a la calle y lo abordan entusiastas seguidores de un candidato (pagados, eso sí) con cara de prosélitos religiosos, de esos que los domingos van timbrando de puerta en puerta muy a las 7 a.m., que mientras le entregan muchos volantes (¿qué voy a hacer con tanto papelucho?), le dicen: "Vote por (no otra vez, por favor)".

Saque lo mejor de faceta actoral: ponga cara de perro rabioso -ojos inyectados de sangre, botando babaza por la boca, manos en actitud de ahorcar al primero que agarre, etc.) y grite lo más duro posible: "¡Nooooooo-me-jooooooo-daaaaaan!". No los volverá a ver sino hasta pasadas las elecciones ofreciéndole algún producto comercial y, en la siguiente campaña, apoyando a otro candidato que los contrató primero.

Bueno, si no alcanzó el autobús se salvó de los pregoneros que con guitarra en mano le invitan a elegir al candidato (bueno, ¿y es que ahora ya no venden chocolatinas ni acaban de salir de la prisión?). En esos momentos es preferible escuchar música para planchar o reggaetón. El taxi en el que va ahora, con un letrero iluminado en el techo que anuncia al candidato (candidote será...), trae una pantallita publicitaria justo frente al pasajero. Sí, efectivamente usted no está solo. En un comercial, el rostro de un candidato con un logo sin rostro en actitud mesiánica le plantea la disyuntiva de elegirle para salvar a la nación o, de lo contrario, el infierno de Dante será poco para el país; él nos protegerá de la hecatombe (de los mismos creadores de "El diablo me teme; yo soy la persona llamada a escoger las almas que se salvarán", o de "elija mi producto y bajará de peso tan rápido que no le reconocerán; de no hacerlo sucumbirá pronto al colesterol" mientras le muestra un enorme taco de grasa artificial). Despreocúpese: eso no va a pasar.

Colombia jamás será ni Cuba ni Venezuela. Indefectiblemente, los agoreros del apocalipsis han liquidado al planeta cada 100 años, cada vez que asoma un cometa por el vecindario o cuando andan urgidos de seguidores. Juegan con sus miedos.

A bordo de un taxi usted abre el periódico. Por el radiotransmisor de la empresa se escuchan las instrucciones de recoger camisetas, papelería y elementos publicitarios de un partido distinto al del letrero del techo.

En vez de noticias, en la radio solo se escuchan publirreportajes y publicidad (sí, publicidad política, claro está) con las más inverosímiles cuñas comerciales: el aspirante que cambiará la educación o el que hará puente, río y municipio si es el caso. ¿Qué necesita?: ¿vivir mejor, educación eficaz, paz, guerra, riqueza? Se le tiene… la promesa que necesita.

La solución no importa mucho, pero sí la ilusión. Un par de tapones en los oídos le permitirán aislarse de la contaminación auditiva y hojear un buen libro mientras finaliza la campaña. Le tomarán por antipático o loco; qué más da. De ello todo algo tenemos.

Por ésta época no escaparemos a las vallas publicitarias y carteles pegados en paredes y postes engalanando el paisaje urbano (y el rural también, no se preocupe), insertos en revistas diarios, perifoneo, llamada de familiares y amigos y todo el catálogo conocido y por imaginar.

Lo importante es participar en el juego democrático. Vote. Por su candidato, en contra de otro o en blanco, pero hágalo. No quede en animación electoral suspendida (la opción de no acudir a las urnas). Quizás no sean los aspirantes ideales, pero es lo que produce la tierrita y es preferible que uno escoja quien le habrá de gobernar.

Apostilla. El fallecimiento del "Tío Simón" Díaz enluta al folclor universal. Fue magnífico compositor y mejor persona.

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