Carta abierta a la ministra del transporte

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Respetada Doctora Cecilia Álvarez-Correa Glenn:

Ante todo, mis respetos por su labor al frente de tan compleja cartera de gobierno y los enormes retos que enfrenta. Colombia es un país pletórico de diversos e irrepetibles paisajes, que se gozan viajando por tierra.

También, territorio altamente fructífero en el cual es vital la conexión entre los centros de producción y de acopio, de fabricación y de distribución a través de carreteras y puertos. El país conoce de su trabajo de campo verificando vías, puertos, terminales de transporte, etc.

En tiempos recientes, la red vial colombiana ha venido mejorando de manera visible, necesidad sentida para el desarrollo del país, pero persisten enormes obstáculos para la ejecución de obras importantes, como bien lo expone en la entrevista recientemente concedida a la revista Semana. Sabemos también que usted escucha al ciudadano del común; mediante ésta columna trataré algunos puntos de interés general.

Viajé por tierra al departamento de Santander a finales del año pasado. La carretera entre El Socorro y Barbosa, una antigua vía de una sola calzada con reconocidas fallas geológicas, presenta varios tramos destapados relativamente largos, con desniveles, zonas de derrumbes y huecos peligrosos que representan serios riesgos de accidentalidad, con señalización y demarcación deficientes. No obstante, hay dos peajes desde Barbosa hasta San Gil. El recaudo de dineros por el alto flujo vehicular en esa vía debe producir los recursos necesarios para mantener esa vía en óptimas condiciones, incluso para que sea de doble calzada, para aliviar la presencia de vehículos pesados (buses y camiones) que obstaculizan a vehículos livianos.

Según la información disponible, además del mantenimiento rutinario existe un contrato para ensanchar la vía San Gil-Oiba, y que en este 2014 será concesionada la vía de Zipaquirá a Bucaramanga en la modalidad de cuarta generación para lo cual, según entiendo, no se entregarán anticipos ni recursos públicos ni habrá cobro de peajes antes de que las obras estén culminadas.

Durante el gobierno de Cesar Gaviria, el ministro de Obras y Transporte, Doctor Jorge Bendeck Olivella, amparándose en la ley 105 de 1993, expidió una resolución según la cual no se pagarían peajes si la obra no estaba entregada a satisfacción y funcionando debidamente.

Eso no sucede en la actualidad, lo sabemos. ¿A los colombianos nos corresponde pagar los peajes en las vías deterioradas o en proceso de recuperación como, por ejemplo, la que de Tunja conduce a Villa de Leyva? Da gusto pagar portazgos, incluso tan costosos como los nuestros, si la vía es buena; pero duele el bolsillo cuando de estradas desfiguradas se trata.

Gracias a la gestión de Luis Eduardo Vives Lacouture, se adjudicaron unos $500.000 millones, creo, para la doble calzada de Curumaní hasta la salida de Santa Marta hacia el Parque Tayrona. Sin embargo, es agobiante la presencia de innumerables camiones cisterna y tractomulas que afectan la vía misma y el tránsito automotor; los vehículos livianos deben ir a ritmo de procesión, más aún cuando entre la caravana de camiones y la demarcación de la vía se impide el sobrepaso, especialmente entre Ciénaga y Fundación. En muchas poblaciones de Colombia toca transitar dentro de ellas con los riesgos conocidos; muy pocas tiene desvíos circunvalares que los minimicen, algo que debería ser usanza obligatoria.

Por gestión de Miguel Pinedo Vidal se expidió una ley que permitía transitar hasta 120 km/hora en las carreteras y tramos que cumplieran los requisitos dispuestos en el Código Nacional de Tránsito, revocada después por gestión del exministro Andrés Uriel Gallego, situándonos nuevamente en épocas pretéritas. Colombia tiene vías y tramos que cumplen con las exigencias previstas para transitar a esa velocidad; los automotores modernos disponen de la tecnología necesaria para frenar y maniobrar en espacios mucho más cortos que los carros antiguos, cuando se hicieron las primeras mediciones de referencia; con la revisión técnico mecánica se controla el estado de los automotores, y a la Policía Vial le corresponde labor preventiva. Además, el diseño y la construcción de las carreteras aumentaron la seguridad, por lo cual la juiciosa revisión del tema se hace necesaria.

Es que andar a 80 Km/hora por autopistas modernas es más riesgoso que a 120 km/hora, como usted bien lo sabe. Adicionalmente, se requiere plena concordancia entre la señalización de las vías y las ayudas tecnológicas como el GPS, hoy de uso corriente en nuestro país. Como en las orquestas "trasnochaperros", cada uno va por su lado.

El último punto, entre muchísimos que quedan pendientes, es solicitarle la revisión ecuánime de la ley 1696 de 2013, materia de debate entre conocedores, que justifica un estudio juicioso con el apoyo científico necesario. Hay que legislar, sí, pero con la sensatez que le faltó al legislativo. Desde su cartera se pueden dar las directrices para que se castigue con justicia a quien lo merezca, y no retirar la licencia de conducción a quien, por ejemplo, haya usado poco antes un enjuague bucal.

Un cordial saludo con sinceros deseos de éxito.

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