Camino al subdesarrollo

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Los dirigentes colombianos, en contravía de su deber-ser, nos conducen velozmente hacia el subdesarrollo absoluto. No sé si la pésima formación académica de nuestros estudiantes obedece a una oscura intencionalidad de sumir al país en el maloliente fango del retraso para mantener el dominio de masas ignorantes e inconexas, o es el resultado del oscurantismo consecuente de nuestros indoctos mandamases, o ambas cosas, perversamente coordinadas; los pocos que se salvan jamás llegan a dirigir la educación colombiana.

Las pruebas Pisa (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, según su traducción al español), examen del orden mundial que se realiza cada 3 años, desnudan un sistema pedagógico antediluviano. Con 9.073 estudiantes colombianos de 15 años evaluados entre 510.000 del mundo, ocupamos el puesto 62 entre 65 países participantes. Fuimos casi doblados en puntaje por los países de mejor desempeño, los 7 primeros del Lejano Oriente: Shanghái, Singapur, Hong Kong, Taipéi, Corea, Macao y Japón, seguidos por Liechtenstein, Suiza y Holanda. La evaluación se realizó en lectura, matemáticas y ciencias: Los alarmantes resultados nos muestran un futuro oscuro, cada vez peor: retrocedimos 10 puestos frente a la anterior evaluación. ¿Cuál es la lectura de ese desempeño?

El déficit en comprensión de la lectura es gravísimo: si no entendemos debidamente lo que leemos -analfabetismo funcional- sencillamente somos incapaces de entender los códigos escritos, lo que se traduce en dificultad para comunicarnos y comportarnos en sociedad, apuros para buscar e interpretar información, y pobre desempeño en análisis e investigación. Las matemáticas, dicen, son pronóstico del éxito futuro; con esos resultados quedamos sin posibilidades frente a los orientales, esos sí liderando el desarrollo mundial. De las ciencias: ¿qué esperar de los actuales estudiantes, cuando la inversión en investigación, desarrollo, tecnología y ciencia es ridícula cuando abrimos TLC a diestra y siniestra sin entender que la verdadera competitividad está precisamente ahí. Y todavía nos hablan de aumentar la cobertura como respuesta al descalabro, y de aumentar el tiempo del bachillerato, perfeccionándola inútil danza de la lluvia que pide peras al olmo. Ello tendría validez si el actual modelo educativo colombiano estuviera ajustado a los tiempos que corren y mirase hacia el futuro con objetivos claros, y si los recursos ahora destinados la guerra se invirtiesen en educación.

En un país acostumbrado a inculpar pero no a buscar soluciones efectivas, se responsabilizará a profesores y estudiantes del descalabro académico, a Santos o a Uribe, al congreso y a los ministros o a quien pueda servir de chivo expiatorio, pero en cualquier caso, todos ellos son producto de nuestra estructura académica: obsoleta, pobre, obtusa y ciega frente a lo que funciona probadamente en otras partes del mundo; las excepciones son producto de la inversión familiar en sistemas educativos competitivos. Copiamos mal y tarde, compramos tecnología a veces improductiva, y despreciamos nuestro potencial humano embruteciéndolo mediante ese sistema inservible y destructivo que no considera las capacidades de sus estudiantes -las competencias-, educándolos masivamente como si todos sirvieran para todo y para lo mismo: es la educación de la era industrial cuando el mundo entero está la era del conocimiento, y los orientales mandan la parada. ¿Es curiosidad, casualidad o coincidencia que lideren las pruebas Pisa?. ¿Es que nuestros dirigentes no saben de las diversas inteligencias, de las distintas competencias o de las variadas habilidades? O, ¿precisamente por ese analfabetismo funcional, no lo entienden? Los triunfadores lo son por generación espontánea y tienen éxito a pesar del sistema.

Las soluciones posibles existen y están disponibles para todos: basta investigar un poco. Hace un año mencionaba el nuevo sistema japonés, que revolucionará el mundo en los próximos 20 años; revisemos ahora el modelo finlandés, calificado como el mejor actualmente. Tiene 5 aspectos centrales: 1) El profesor, obligatoriamente de carrera y con maestría, profundos conocimientos y sensibilidad social. Claro está, bien pagos y muy respetados por la sociedad. 2) El método. Inicio de la escolaridad a los 7 años, máximo 5 horas diarias, sin deberes escolares en casa y sin calificaciones hasta el 5º año. Fomenta la curiosidad (no la memorización) y enseña a pensar, no a intercambiar información. Los grupos no pasan de 20 alumnos, y cada profesor tiene el apoyo de otros docentes. 3) El centro educativo. Tiene autonomía para diseñar sus propios programas, consensuados entre directivas, profesores y alumnos. 4) La cultura educativa: el 80% de las familias va a las bibliotecas cada fin de semana. Se valora la disciplina y el esfuerzo, y los padres sitúan la educación en casa por encima de la formación escolar. 5) Los recursos. Un importante porcentaje del PIB va a la educación. La enseñanza es obligatoria y gratuita, incluyendo el material escolar, el sistema educativo estable, y se revisa permanentemente, ofreciendo ayudas a las familias en todos los aspectos.

Apostilla: "La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo".

Nelson Mandela. Frase oportuna para homenajear a quien, aun ausente, puede contribuir decisivamente a la paz en Colombia. Un merecido réquiem por tan lamentable pérdida.

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