Empleo_SantaMarta

La educación como remedio a la resignación

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Smaller Small Medium Big Bigger

Escrito por:

Luis Tabares Agudelo

Luis Tabares Agudelo

Columna: Opinión

e-mail: tabaresluis@coruniamericana.edu.co


Hace poco en una clase de mi maestría una docente pronunció una frase que me puso a pensar y dio origen a este escrito: “pareciera que el Estado y las Farc firmaron la paz, pero la sociedad colombiana no”.

Ante este escenario, quiero proponer una resistencia activa y consciente como antídoto contra la resignación. Esta resistencia implica no solo rechazar la pasividad ante los desafíos que enfrentamos, sino también comprometernos con actos y actitudes que promuevan la sostenibilidad, la equidad y la justicia. Los invito con esta actitud a reconectar con nuestra agencia individual y colectiva, a reimaginar nuestro futuro común, y a tomar medidas tangibles que aseguren la viabilidad de nuestra coexistencia en este país.

Considero que es esencial multiplicar espacios de diálogo y acción que nos permitan confrontar estas realidades con valentía y creatividad. Desde la innovación en las políticas de mitigación del cambio climático hasta el fortalecimiento de redes de solidaridad que aborden las causas raíz del eterno conflicto y el resarcimiento de las victimas. Esta resistencia, lejos de ser un mero acto de desafío, deseo que se convierta en un compromiso vital con la reconstrucción y el reencuentro, tanto con nosotros mismos como con el entorno que nos sostiene.

En este punto crítico de nuestra historia, la resistencia activa y la búsqueda de soluciones sostenibles y justas no son solo deseables, sino imperativas. La capacidad de imaginar y construir un mundo mejor es parte de lo que nos define como seres humanos. Por lo tanto, es hora de reafirmar ese poder, de rechazar el fatalismo y de actuar con determinación para asegurar un futuro en el que las próximas generaciones puedan prosperar.

Ahora bien, como lo anterior debe empezar por la educación de calidad a nuestros jóvenes y niños; el interrogante sobre cuántos de nuestros jóvenes poseen un conocimiento profundo de las obras de los Premios Nobel de literatura, de los grandes filósofos, cuántos tienen una comprensión sólida de la historia y los desafíos contemporáneos de Colombia o cuantos entienden lo que leen, revela una brecha preocupante en nuestra educación global. Más allá de la capacidad para ubicar países en un mapa, está la cuestión de cuántos entienden o escriben las complejas narrativas que han moldeado a las naciones del mundo en el que vivimos. Esta inquietud se extiende a nuestra propia historia en donde décadas de conflicto han dejado cicatrices profundas en el tejido social y político. La falta de conocimiento sobre figuras históricas clave y eventos que han definido nuestra nación no es solo un vacío educativo, sino un obstáculo para la formación de una ciudadanía crítica y empática.

Estoy convencido que la memoria histórica juega un papel crucial en este proceso. Por eso, la historia de figuras como Jorge Eliécer Gaitán, Jaime Garzón, Jaime Pardo Leal, Luis Carlos Galán Sarmiento, Bernardo Jaramillo Ossa, Carlos Pizarro Leongómez, Álvaro Gómez Hurtado, Guillermo Cano, Alfonso Reyes Echandía, Fanny González, Carlos Medellín y muchos otros, para entender los periodos de violencia que han sacudido a nuestra nación, no es solo un ejercicio de recuerdo, sino un paso esencial hacia la reconciliación y la paz. Es a través de la comprensión de nuestro pasado, con todas sus luces y sombras, que podemos construir un futuro en el que tales tragedias no se repitan.

Para concluir, por la pésima educación a nuestros niños y jóvenes, tengo la intuición de que avanzamos hacia una era marcada por la ignorancia y la pérdida de referentes culturales esenciales. La disminución del conocimiento y apreciación de las artes, la literatura, la filosofía y la historia no solo empobrece al individuo en su capacidad de comprensión y reflexión sobre el mundo que lo rodea, sino que también erosiona los cimientos sobre los cuales se construye la cohesión social y el diálogo intercultural. La resistencia activa es además contra la tendencia hacia la superficialidad y el desinterés por la enseñanza profunda que supone un reto crítico que debemos enfrentar con urgencia.


Más Noticias de esta sección