Movilidad humana

Columnas de Opinión
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Muchos perciben la movilidad humana como una amenaza, lo que no es mi caso, ya que la veo como un reto que, de gestionarse adecuadamente como bien y mejor merece por ser vital en grado superlativo para quienes poblamos la tierra, ayudará a unir al mundo. No solamente hacemos frente a una crisis de refugiados; puesto que también estamos ante una crisis de solidaridad. Y si bien tenemos que tener presente que todos los países sin excepción tienen derecho a controlar sus propias fronteras, ello debería hacerse de manera que se protejan los derechos de las personas en movimiento. Debiendo ser por tanto norma, que, en lugar de puertas cerradas y hostilidad abierta, se restablezca la integridad del régimen de protección de los refugiados y la simple compostura de la compasión humana. 






Con una distribución de responsabilidades orbital, se podrán gestionar las cifras existentes a este tenor, no obstante que muchos Estados no se han puesto a la altura de las situaciones, circunstancias y momentos que vivimos; pero existen igualmente otros, ejemplo a seguir, que han demostrado su admirable hospitalidad a miles de personas desplazadas por la fuerza y ello obliga a que tengamos que hacer más para apoyarlos; como también hacer más para enfrentar los desafíos de la migración. Es impresionante la mayoría de migrantes que se desplazan de manera ordenada, haciendo contribuciones positivas a sus países de acogida y países de origen. Pero cuando por diversas circunstancias los migrantes se desplazan en forma no regulada, los problemas y riesgos se vuelven evidentes para los Estados, pero en especial para los propios migrantes que se someten y exponen a peligrosas travesías.

La migración siempre ha sido parte de nuestras vidas, bien sea por el cambio climático, la demografía, la inestabilidad, las crecientes inequidades, las muchas desigualdades y las aspiraciones a una vida mejor, así como por las necesidades insatisfechas en el mercado de trabajo, lo que nos dice que la migración está aquí para quedarse y por lo tanto siempre estará en la agenda de la comunidad de naciones. La respuesta estriba en una cooperación internacional eficaz en la gestión de la migración para asegurar que sus beneficios se distribuyan más ampliamente y que los derechos humanos de todos los interesados sean debidamente protegidos. Sin embargo, sobre la base de una amplia experiencia, cabe asegurar que la mayoría de las personas prefieren materializar sus aspiraciones en su lugar de origen, por lo que hay que trabajar mancomunadamente para asegurar que así puedan hacerlo.

La migración debe ser una opción, no una necesidad, por lo que requerimos un compromiso mucho más firme de la comunidad internacional para castigar a los traficantes y proteger a sus víctimas; sin embargo, no pondremos fin a tragedias de esta naturaleza, si no se crean más oportunidades para la migración ordenada, lo que beneficiará a migrantes y países por igual. La migración en condiciones de seguridad no puede limitarse a la élite mundial. Refugiados, desplazados internos y migrantes no son el problema; el problema está en los conflictos, la persecución y la pobreza desesperada. Refugiados y emigrantes son estereotipados, señalados con la ofensa de la infamia, convertidos en chivo expiatorio por el modo y manera en que figuras políticas alimentan el resentimiento con fines puramente electorales. 

Hoy por hoy, las sociedades del mundo son cada vez más multiculturales, multiétnicas y multireligiosas, diversidad que debe considerarse una fuente de riqueza y nunca una amenaza. Para que la diversidad sea un éxito, obligados estamos a invertir en la integración social, a efecto que las personas sientan que sus identidades se respetan y que tienen intereses muchos que defender en sus comunidades todas.



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