Andinocracia

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Colombia ha sido, tradicionalmente, un país de espaldas a nuestros mares (incluyéndonos a los caribeños), que ha mirado siempre hacia las nevadas cumbres del "triángulo de oro" (Bogotá, Medellín y Cali) cuyo vértice superior se encuentra en la capital.

Somos, pues, un país centralista y como tal, todo el poder nacional se concentra en la Plaza de Bolívar y sus alrededores. Si bien el siglo XIX fue dominado por Popayán y por Rafael Núñez, la pasada centuria fue esencialmente cundiboyacense; no hubo un solo mandatario caribeño.

Este siglo XXI inició con la hegemonía uribista, un octenio que concentró el mando en los paisas con participación secundaria de costeños como actores de reparto. La llegada de Juan Manuel Santos cambia el polo del poder, y se observa ahora una marcada centralización en las montañas bogotanas y en la Universidad de los Andes en su gabinete ministerial.

Con la sola excepción del Germán Cardona, todos los ministros vienen de la universidad privada; y casi todos, sacando a Cardona y a Mariana Garcés, son producto de la formación académica y la empresa bogotana o extranjera, incluyendo a los pocos que nacieron por fuera de la capital, cachacos por adopción.

La participación caribeña (que no una clara representación regional como tal, está en la testa del samario Sergio Díaz-Granados, ministro de Comercio, Industria y Turismo quien, dicho sea de paso, ha ejercido un ministerio visible y productivo); el exgobernador atlanticense, Carlos Rodado Noriega, ya no hace parte del equipo inicial del ejecutivo.

Es claro que cada torero trae su propia cuadrilla. De hecho, muchos de los ministros son amigos, coterráneos y/o han sido coequiperos del presidente; casi todos egresados de la universidad privada, especialmente de los Andes con énfasis en la economía y el Derecho; varios de ellos son de ilustres castas bogotanas.

Es lo que yo llamo la "andinocracia": puede significar que ese es el perfil que el actual Presidente considera necesario para gobernar. ¿Pone por fuera entonces de la posibilidad de ocupar un ministerio, por citar un ejemplo, a un arquitecto caucano o a un agrónomo llanero? ¿Tiene la misma oportunidad un guajiro o un pastuso que un bogotano o un antioqueño? La región andina se mira a sí misma como el ombligo de Colombia, y los estereotipos que tiene de los "provincianos" se remiten a gente perezosa, irresponsable, improductiva, y rumbera; a dirigentes corruptos y poco comprometidos con sus regiones, interesados únicamente en su poder local; lamentablemente, los politicastros regionales se empeñan en darles la razón, desconociendo a las innumerables personas capaces, bien formadas en provincia, con ganas de hacer algo útil por sus regiones y por el país desde una cartera ministerial a la cual, parece, jamás podrán aspirar; de hecho, al traficante del poder no le conviene la gente honesta al mando.

La rampante corrupción es tan aberrante que las regiones más beneficiadas por las regalías son las más atrasadas, donde la podredumbre campea a su gusto y acomodo. Razón hay para quitarles el control de las mismas.

La desmesurada centralización actual en Bogotá tiene incluso en el partidor electoral para el siguiente período al cachaquísimo Germán Vargas Lleras como sucesor de Santos, aun si este decide lanzarse a la reelección.

Y, en ese sentido, Vargas garantiza al menos 4 años más de hegemonía bogotana. Hasta ahora, solo está la opción paisa del exministro de Hacienda, Oscar Iván Zuluaga, para oponerse a Vargas si Santos no aspira a la reelección. Más de lo mismo: el Palacio de Nariño tendrá ocupantes andinos por un período indefinido. Que no aspiren entonces los "provincianos" a romper esa férrea férula de poder.

La concentración de riquezas, beneficios y consecuente desarrollo seguirá acrecentándose en los 3 principales departamentos, a su vez, apalancados desde el Congreso por una participación mayoritaria en la que el llamado "bloque costeño" muestra un poder para inclinar la balanza a conveniencia, orientado siempre a recoger un poco más de las migajas que caen de la mesa del banquete centralista; poco hacen por la Costa nuestros representantes pero mucho, sí, por sus intereses. Basta mirar las consecuencias de la ola invernal, el estado de las carreteras, los índices educativos, etc., etc., etc. Ni hablemos de comparar…

Parte de las razones de la protesta estudiantil pasan por ese punto; podemos inferir que un estudiante pobre, de provincia y egresado de la universidad pública jamás podrá ejercer mando central en beneficio de su tierra; no podrá proponer reformas que favorezcan a quienes viven por fuera del "triángulo de oro" ni verá equidad de ninguna naturaleza.

El actual modelo de país será cada vez más excluyente, centralista y hegemónico. ¿Cómo romper ese paradigma? Está en nuestras manos: la convocatoria social pacífica, el ejercicio del sufragio en contra de los sinvergüenzas de siempre y sus ad láteres, el voto en blanco cuando sea necesario y muchas otra maneras civilizadas de demostrar el desacuerdo en el modelo imperante.

Eso sí, apoyándose en gente meritoria, señalada no por roscas y componendas nefastas, como ha sido la tradición, al menos, en la Costa Atlántica. ¿Le importará a quienes detentan los poderes central y región al cambiar el actual esquema? No la veo.

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