Puntos necesarios para un gran acuerdo nacional (II)

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com



Nuestros mandatarios sufren la asfixia de las alturas. Con poder casi omnímodo, padecen de ceguera, insensibilidad, mareos y muchos otros males que les distorsionan la visión de la realidad.
En general, viven en mundos paralelos, se alimentan de cifras macro desconociendo las microeconómicas de las cotidianas angustias hogareñas, de su progresivo deterioro en la calidad de vida, olvidando que ellos se deben a la gente, que los ciudadanos no son ciegos súbditos obedientes sino los depositarios del poder soberano, y que los eligieron creyendo en sus seductoras promesas de campaña. Intrigas palaciegas, lisonjas, y oscuros personajes con intereses específicos terminan de opacar los velados cristales con los cuales observan el transcurrir de la vida. Por lo tanto, el choque entre los gobernantes soberbios y los ciudadanos agobiados es inevitable. Pocos se ponen en los zapatos y al nivel del colombiano de a pie. Esto se ha observado incuestionable en el actual paro nacional.

Urge una intermediación válida para buscar acerca verdaderamente a los ciudadanos con el gobierno mediante diálogos constructivos e incluyentes; nadie debe quedar por fuera. El rescate de la Constitución Política es fundamental; se exige regresar al equilibrio entre los poderes y generar severos controles a la función pública en los que participe activamente la ciudadanía, dueña de los recursos estatales, y la academia como guía. Un punto central es la lucha anticorrupción; para que funcione, apremia la independencia de los poderes y la armónica colaboración entre ellos. Los castigos para la corrupción deben ser inclementes y efectivos; quienes haya saqueado el erario deben devolver todo lo que embolsillaron, adicionando el pago de una multa significativa. Quienes resultaren arrestados, serán recluidos en establecimiento carcelario: nada de mansión por cárcel o lujosas guarniciones militares. Consideran hoy los delincuentes de cuello blanco que ser pillo paga. Se debe incluir también el impedimento para regresar a los cargos en cuerpo ajeno.

La educación es piedra angular para rescatar al país de la pobreza, la desigualdad y la exclusión social. Además de ser obligatoria hasta el bachillerato, universal y gratuita hasta el nivel universitario para todos los ciudadanos, se debe garantizar la calidad acompasándola con estímulos a las carreras más necesarias. Desde luego, debe continuar la educación privada. Es importante mejorar el bienestar laboral de los educadores y estimular su permanente capacitación.

Los beneficios a las empresas productivas deben centrarse en los requerimientos de la nación: ciencias agropecuarias, biotecnología, tecnología, etc. Es necesario estimular tributariamente a las empresas a cambio de contratos laborales con salarios dignos, vía reconocida para estimular producción y consumo, apuntando también a la exportación como fuente de ingresos para la nación. Es fundamental el crecimiento de la clase media que, mediante un mayor poder adquisitivo y consumo interno, genere mayor tributación. Pero el equilibrio tributario es crítico; una reforma progresiva nos debe incluir a todos equitativamente. El lema “colombiano compra colombiano” ha de volverse omnipresente.

El estado debe recuperar el control del derecho fundamental a la salud, hoy en crisis y convertida en un infame negocio a costa de los trabajadores sanitarios (sin contratos laborales, intermediados a tarifas denigrantes, mal y tardíamente pagos cuando les pagan, etc.). El modelo sanitario debe apuntar a la atención primaria y la prevención. Así mismo, contribuir la investigación propia y a la educación continuada del trabajador sanitario.

Colombia debe volverse un polo turístico importante en el mundo; hay cómo y con qué; el turismo no debe seguir en lugares secundarios de la economía. Es imperativo entonces detener el conflicto interno y combatir la delincuencia, que desestimula a este importante rubro económico, locomotora de la economía de muchos países, motor de toda la cadena productiva. La gastronomía local, como sucede en muchos países (México, Perú, España o Italia), debe ser un imán; tarea para los respectivos ministerios (Cultura y CIT): deben darla a conocer universalmente de la mano de reconocidos investigadores, antropólogos, historiadores y cocineros. ¿Y el modelo de estado?


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