Sombreros y personajes

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com



Y llega el toque de elegancia y distinción. Empezando el siglo XX, Coco Chanel se inicia en la moda diseñando prendas y sombreros para su círculo cercano; gana su fama con sus creaciones para Madame Bartlett.
El sombrero de copa de Hetherington tuvo una versión popular en los Estados Unidos; Abraham Lincoln usaba uno bastante más alto y tubular, muy característico. A finales del siglo XIX, el bombín reemplaza al sombrero de copa para el uso urbano cotidiano. La prenda decae hacia el final de la Primera Guerra, y reaparece con fuerza para los años 30.

El Panamá Hat, también llamado jipijapa o sombrero de paja toquilla, fue popularizado por Roosevelt; narra la historia que fue el primer presidente en salir de los Estados Unidos. En las fotografías del periplo a Panamá y Puerto Rico en 1906 aparece con el famoso sombrero que, a partir de entonces, se vende como pan caliente; de hecho, millares de esos sombreros fueron adquiridos con destino a los trabajadores del Canal de Panamá. Como muchas veces pasa, la historia está mal contada. Antes de ese viaje, Roosevelt ya usaba ese sombrero; Francia los había importado con el nombre de Panamá hats para la Exposición Universal de 1855.

Napoleón II y Eduardo VII lo poseían. Antes, en el siglo XVII los colonizadores españoles comenzaron la exportación a Europa de los sombreros ecuatorianos, diferentes de los actuales, pero sí del mismo material y tipo de tejido. Inclusive, una crónica judicial de 1852 del New York Times reseña que el testigo de un asesinato afirma que el homicida portaba “un sombrero Panamá blanco con una cinta negra alrededor”. Este histórico sombrero, fabricado en Montecristi (Ecuador), fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial en 2012, y el país andino emprendió la complicada tarea de cambiar su nombre por el de paja toquilla. ¿Por qué entonces se llama Panamá? Parece que el verdadero origen del nombre viene de la época de la fiebre del oro en California; muchos viajeros hacia Estados Unidos lo compraban en el istmo, donde se comercializaban; por ello, fue bautizado con el nombre del país centroamericano.

El sombrero vaquero (Boss of the plains) fue creado por el reconocido sombrerero John Stetson en 1865 durante la Guerra Civil estadounidense; era muy diferente al actual, y fue una modificación que el realizó Stetson al sombrero inglés que elaboraba en Filadelfia. Actualmente fieltro, paja y cuero son los materiales más utilizados; negro, marrón y beige, los colores más populares. Con el cambio de formas, hoy se aprecian varios modelos; también, muchos compradores buscan que haga juego con las botas, correa y otros accesorios.

Además de Coco Chanel, otros diseñadores de inicios del siglo XXX se dedicaron al estilo más que a la funcionalidad. Robert Graham crea el sombrero Trilby, de paja y ala angosta, que se populariza rápidamente. Frank Sinatra lo usó en sus presentaciones y películas. Elsa Schiaparelli crea el surrealista sombrero zapato; en el Museo Dalí (en Figueres, Cataluña) hay un busto de Gala, la esposa del pintor, luciendo uno. Rose Bertin diseña para María Antonieta; la corte francesa usa sombreros voluminosos para ajustarse a las grandes pelucas de entonces.

La obligación impuesta a las mujeres para entrar a las iglesias católicas modifica el uso y las formas del sombrero femenino, dando paso a la pañoleta. El siglo XX retoma a las formas francesas del siglo XVII y, además de la infinita variedad de modelos femeninos que surgen, el volumen y la forma juegan papel preponderante. La prenda masculina elegante se limitaba a unos pocos modelos: el bombín que siempre usaba Charles Chaplin, el ceremonial sombrero de copa inglés, el Borsalino (negro, de fieltro y ala ancha) popularizado más tarde por Alain Delon en la filmación del mismo nombre; los trabajadores y gentes del común portaban gorras irlandesas. El Deerstalker, o cervadora, era frecuente en la Europa rural septentrional. Conan Doyle se lo asigna a su personaje Sherlock Holmes.


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