Los sombreros

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com



¿Cuál prefieres? ¿El deerstalker, el homburg, el nón lá, el akubra o el ushanka? Son demasiados los usos, tipos y estilos a través del tiempo que se convirtieron imprescindibles para la humanidad. Desde los primeros tiempos, esta prenda protegió al ser humano de las inclemencias del clima para irse transformando en sinónimo de elegancia, identificación o simbolismo. Desde los primeros asentamientos humanos hasta estas épocas, el sombrero es acompañante permanente de la humanidad. La palabra es otro aporte romano: subumbra (sub: debajo de; umbra: sombra).

Puede ser que un homínido nómada haya usado alguna hoja grande para esquivar el calor o un pedazo de piel que le protegiese del frío. Se cree que los primeros en usar sombreros fueron labradores y pastores para resguardarse del sol durante sus faenas. En Grecia utilizaban el píleo y el pétasus, esté último el primero en tener alas. Cualquiera que fuese su origen, el sombrero se quedó para siempre en la cotidianidad humana. Los primeros se reportan en Egipto. En la región de Frigia (en la actual Turquía) aparece el gorro frigio, de mucho valor simbólico desde la liberación de al Grecia antigua por parte de Cástor y Pólux; se dice que los asesinos de Julio Cesar lo usaban (¿simbólicamente?) al momento de acuchillar al emperador romano. Fieltro y lana fueron los primeros materiales; desde entonces se han utilizado numerosos y distintos elementos para las infinitas formas y aplicaciones que tiene este adminículo fundamental.

Pronto, como las coronas, el sombrero adquirió simbología relacionada con la autoridad, el poder y la majestuosidad, más allá de su utilidad. Asirios, sumerios, griegos, romanos, chinos y otras culturas tenían los suyos, muy característicos. Sin embrago, en Roma era más frecuente cubrirse la cabeza con las túnicas. Flores, plumas y cintas adornaban las distintas formas de cubiertas cefálicas. El casco de guerra es una derivación militar del sombrero.

Con el tiempo, y particularmente a partir del siglo XIV fue cambiando de tamaños, formas y aplicaciones, adquiriendo nombres según la época, región, categoría social o personajes. En la Edad Media eran diversos: bonete, sombrero, toca, cofia, guirnalda, capirote, liripipe o diadema. Los nobles adornaban en exceso los suyos para distinguirse; y la capucha del traje masculino fue sustituida por una especie de birrete.

En los tiempos Carlos VI de Francia el sombrero fue utilizado para los días de campo. Carlos VIII lo introdujo para uso urbano para los tiempos de lluvia. También se popularizó el sombrero de ala ancha: existía entonces la costumbre de arrojar las aguas servidas por las ventanas. El grito “agua va” era seguido de un baldado de aguas residuales y un asqueroso baño al descuidado o desafortunado transeúnte. La prenda, elaborada en cuero, protegía al transeúnte de esas aguas sucias. Esta costumbre fue prohibida en el siglo XV.

El renacimiento cambia la moda incluyendo los sombreros. El terciopelo y el paño ocupan primerísimos lugares; los adornos incluyeron plumas y piedras preciosas. Las gentes del pueblo seguían usando capucha; más tarde, accedieron a un sombrero redondo. En el siglo XVII, la prenda se hizo elegante y el cuero adquiere relevancia; el tricornio predomina en la siguiente centuria. Con la Revolución Francesa renace la moda de sombreros sencillos, similares a cofias y birretes. El sombrero femenino del siglo XIX se torna ostentoso y empieza a diferenciarse del masculino, bastante más sobrio. Se empleaban como materiales paja, paño, terciopelo, raso y fieltro; plumas y cintas eran los adornos predilectos; a principios del siglo XX, un velo que caía sobre el rosto femenino era el complemento de moda.

Por otro lado, en 1797, John Hetherington crea el sombrero de copa, no muy bien recibido inicialmente; en el siguiente siglo, gracias a la influencia del príncipe Albert de Sajonia, se convierte en prenda elegante; el fieltro cede paso a la seda. Aparece el clac, o Gibus, sombrero plegable para asistir a eventos y ceremonias, convirtiéndose en la prenda predilecta de diplomáticos y políticos.


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