Casas del diablo en Colombia

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Smaller Small Medium Big Bigger

Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com



Más allá de supuestos negocios de algunas personas con el diablo para obtener talento, fama y dinero, hay algunas edificaciones sobrecogedoras por sus leyendas de apariciones fantasmagóricas, rituales satánicos o misterios sobrenaturales. Casas embrujadas, centros de culto demoníaco o construcciones donde, se dice, reside el diablo. En algunas se han cometido delitos atroces, aumentando las leyendas que surgen alrededor de ellas. En Colombia sabemos de algunas “casas del diablo”.

Hacia los años 50, Mompós era muy próspera gracias entre otras cosas a las empresas petroleras en la región que exploraban en el departamento del Magdalena, al otro lado del río. En San Sebastián, Magdalena, algún emprendedor abrió un burdel al cual acudían los extranjeros a derrochar sus quincenas con las mujeres. Dicen los descendientes de Don Enrique Amarís (quien ordenó construir la mansión) que su compadre Telmo García le animó a edificar en Mompós una enorme casa de dos pisos (algo exótico entonces). Según Gabriel Amarís, su padre desconocía las ocultas intenciones del compadre: habilitarla como prostíbulo.

Durante la construcción, un obrero borracho cayó del andamio y murió. Fue cuando Enrique se enteró del propósito de Telmo y decidió detener la construcción; la casa quedó abandonada. La gente de Mompós tiene otra versión: Don Enrique hizo un pacto con el diablo, llegó a tener mucho dinero y 36 casas, y cada año, a cambio, debía entregar el alma de uno de sus trabajadores, a quien enviaba al monte en busca de un ternero, pero el jornalero hallaba a un enorme toro negro con ojos de candela que lo arrastraba al infierno. Lo cierto es que la casa sigue abandonada, sin terminar y las 2 personas que la han habitado desde entonces pasaron un efímero tiempo en ella. Dicen que ahí vive Lucifer acompañado de un enorme perro negro que bota fuego por los ojos. Nadie se atreve a entrar a esa casa.

Don David Puyana fue un egregio personaje del departamento de Santander. Su enorme y creciente prosperidad económica fue motivo de rumores entre los bumangueses. Cuando David Puyana se instala en Bucaramanga procedente de Girón, compra una hacienda con una casa en un alto. La prosperidad es inmediata y grande; la gente decía que el diablo le indicaba a Puyana las acciones a seguir. Irónico y bromista, invitaba a quien le preguntaba por su pacto, a hacer lo mismo y le proponía una recomendación con Satanás; nadie se apuntaba a compartir esos “poderes especiales”: habilidad para los negocios y obtener cosechas fabulosas en épocas difíciles. Pero un cura de apellido Romero había impuesto a sus fieles la penitencia de sembrar café justo en las tierras que había acumulado Don David en inmediaciones de Cabecera al Llano, lo que incrementó su fortuna. Tenía Puyana la virtud de conocer en detalle lo que hacían sus trabajadores. Cuentan sus descendientes que su secreto era un potente catalejo que le permitía observar y controlar el trabajo de los labriegos desde su casa.

En la paga sabatina surgían los detalles de sus observaciones y las mentiras de los trabajadores que Don David castigaba en las liquidaciones; a ellos les parecía imposible que supiera todo con tanta precisión. Pedro Gómez Valderrama, en “La otra raya del tigre”, relata que una vez al año lo veían subir a Mesa de las Tempestades en un caballo negro para recibir instrucciones de Buziraco. Este, en pacto fáustico, da todo lo que le pidan a cambio del alma de quien lo invoca.

Comentan que, moribundo, David Puyana hizo vestir un cabro con su ropa para engañar al demonio y que este se llevara el cuerpo del animal dejando su alma en paz. La casa de Puyana acrecentó la leyenda; nunca fue posible colocar definitivamente el marco de una ventana, que siempre se caía. Decían que fue en esa ventana, por donde siempre miraba con su catalejo, Don David hizo el pacto con el demonio. (In memorian, Armando Carvajal Puyana).


Más Noticias de esta sección

Publicidad