La ley del azadón

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

"Es mejor ser rico que pobre", filosofaba alguna vez Kid Pambelé. La pobreza es un concepto relativo que se relaciona con cada época, región y tendencia de pensamiento; es multidimensional pero no es homogénea, dice Deepa Narayan, un estudioso del tema.

Las mediciones que diseñan los gobiernos para definir el grado de pobreza de una nación en realidad son arbitrarias, pues se trata de comparaciones estadísticas con la distribución del ingreso en una nación por capa social, con la pobreza de otros países o con resultados globales publicados por agencias multilaterales.

Los límites que definen pobreza o miseria son tan arbitrarios como los estándares e indicadores en los cuales se basan, como el ingreso mínimo necesario para cubrir determinadas necesidades básicas, también arbitrariamente definidas: nadie sabe de la sed con la que otro bebe.

Hay tendencias recientes para homogenizar las mediciones, a fin de tener criterios universales y, sobre estas bases, determinar políticas públicas en materia de salud, educación, seguridad, empleo, vivienda, servicios públicos y demás.

Es de Perogrullo afirmar que una cosa son las estadísticas oficiales y otra muy distinta es la vida real, esa que diariamente muchos millones de colombianos deben enfrentar con ingenio y resignación para sobrevivir con modesto decoro. Esta semana Colombia vivió dos facetas distintas del tema.

La primera, por cuenta de la Dirección Nacional de Planeación (DNP) al publicar la nueva metodología para medir la pobreza en Colombia: según estos datos, hay en Colombia menos pobres y el mínimo vital se sitúa sobre los $187.000 cada mes para un colombiano, y $760.000 para una familia. Las controversias surgidas han sido encendidas; el vicepresidente Garzón, de origen sindical, consideró ofensivo el resultado, posición que tuvo respaldo de la mayoría de los colombianos.

La DNP y el Ministro de la Protección Social defienden el método afirmando que la nueva manera de medir la pobreza se apoya en estándares internacionales, y que se contó con la participación y apoyo de entidades como el Dane, el Banco Mundial y Cepal.

¿Qué piensan los pobres de todo esto? La revista Semana hizo el ejercicio de conocer directamente el modus vivendi de familias con ingresos iguales o algo mayores que la cifra mágica de la DNP, encontrando que, sin las ayudas del Estado, les resulta imposible vivir. Son marcadas las restricciones que tienen en campos vitales como alimentación, vivienda, transporte y educación; para ellos, la recreación es un imposible; la comodidad, una vana ilusión.

La otra faceta, contracara de esta tragedia social, va por cuenta del Presidente del Congreso, el polémico senador conservador Juan Manuel Corzo, quien emitió una resolución reviviendo el subsidio a la gasolina que hacía poco había sido eliminado.

El argumento de Corzo es simple: no le alcanza el sueldo de congresista para pagar la gasolina de dos carros; las nuevas gabelas sumarán miles de millones al ya desbordado presupuesto del Congreso. La pequeña ayuda del erario a Corzo es de 450 galones/mes, a razón de 15 galones/día. Una camioneta blindada recorre unos 30/km por galón, es decir, si son 2 los carros de Corzo, 225 km/día cada uno; unos $128.000/día a precio de hoy, casi lo que necesita un colombiano para vivir un mes, según DNP. Eso, suponiendo que dicho parlamentario trabajara todos los días y se desplazara permanentemente.

Produce vergüenza ajena saber esto justo cuando la mayoría de colombianos protesta contra la DNP por la nueva clasificación de pobreza y la futura exclusión de ayudas a los necesitados de verdad.

¿Cuánto nos cuesta un congresista? Entendiendo que representan una dignidad de gobierno, deben tener ingresos acordes con esa condición e, incluso, algunos privilegios. El ejercicio de contabilizar el costo por congresista nos demuestra que perciben ingresos básicos por salarios, gastos de representación, subsidio de vivienda y primas mensuales del orden de los veintiún millones de pesos, faltando incluir las prestaciones sociales, primas de mitad de año (las mismas que les quitaron a los pensionados), de Navidad, descuentos especiales en pasajes aéreos y en comunicaciones, además de oficinas, secretarias, ujieres, vehículos y conductores, asesores, guardaespaldas y muchas ayudas más: fácilmente, nos sale en más de ochenta millones/mes cada uno.

Con el costo mensual de un congresista, se pueden pagar cerca de 20 trabajadores formales de salario mínimo (de rico, según la DNP) con todo y sus prestaciones, y a 40 informales.

No termino de entender: parece que los de salario mínimo son ricos, según la DNP: ganan 3 veces el mínimo vital estimado por los técnicos de ese ente, y sería razón suficiente para retirarles los subsidios estatales; y los que ganan 20 veces más que un asalariado formal, como los congresistas, son tan pobres que no les alcanza para sus gastos mínimos aún con todas las prebendas que tienen, tanto que hay que darles más para un decente pasar. Tal vez, por eso dijo Voltaire: "Si los pobres comienzan a razonar, todo está perdido".

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