D10S

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com



Marzo de 1969. “Profe, tengo un amigo que es mejor que yo; ¿lo puedo traer la próxima semana?”, le preguntó el brillante chico Goyo Carrizo a Francis Cornejo, asistente de las inferiores de Argentinos Junior, refiriéndose a un vecino suyo de Villa Fiorito, una población marginal al sur del gran Buenos Aires. “Traélo, Goyo”. Carrizo se presentó en Parque Saavedra acompañado de un muchachito desarrapado que deslumbró a Francis con genialidades. Dijo Cornejo: “No es un niño, es un enano; si tiene 8 años, yo soy Gardel”. Lo fichó y bajo su dirección, Maradona y Goyo, su gran amigo, integraron el célebre equipo de “Los cebollitas”, que arrasó en los Torneos Evita con 136 fechas invicto. Sus detractores, que los tuvo desde infante, lo desdeñaban: “como ese negrito tenemos varios; es muy chiquito, no vamos a llegar a nada”.

“Si debo definir con una sola palabra a Villa Fiorito, digo lucha”, explicaba el Pelusa. Y así fue su vida: una lucha constante. “Negrito de mierda, cabecita negra, tano”; epítetos agresivos que siempre le espetaban sus malquerientes; bastaba espolearlo para que mostrara su casta. En el glorioso partido frente Inglaterra en México 86 asumió revancha en nombre de su pueblo. Le dolían los soldados muertos en la absurda guerra de Las Malvinas, le punzaba la derrota militar de Argentina. Su arma era la pelota, su inseparable y obediente amiga, y sus tropas fueron otros futbolistas dispuestos a todo por la causa de Diego. En cinco minutos, dos goles históricos; el mejor del siglo XX para la FIFA, y el de “la mano de D10S”: el gol del ladrón, del malabarista, del prodigioso, según Eduardo Galeano; para mí, el sello de la barriada. Diego se vengaba de Inglaterra con fútbol de lujo y un gol manchado. El Dios sucio de Galeano, el más humano de los dioses ganó ese Mundial rodeado de un equipo de picapiedras y unos pocos talentosos. En la celebración, con Maradona a la cabeza, esos héroes llenaron la Plaza de Mayo, el obelisco, todo Buenos Aires, Argentina entera, el planeta futbolero.

En 1982 Barcelona le entregó las llaves de Europa; tres títulos, ovación en el Bernabeu, hepatitis, una lesión grave, sanción por provocar una fenomenal gresca y salida forzada hacia Nápoles en 1984. El San Paolo sería el templo de su consagración; el Nápoli, antes un equipo cualquiera, con Maradona consigue 2 scudetti, una Copa Italia, una Supercopa y la Copa de la UEFA. Después de dividir a Italia entre locales y argentinos en la semifinal del Mundial Italia 90, el pibe irreverente que había llegado al cielo inició su descenso al infierno. La gran prensa que lo idolatró se convirtió en enemiga declarada. Publicaron con saña una sucesión de hechos infaustos, antes inéditos: un hijo no reconocido, dopaje por cocaína, suspensión. La inaceptable intromisión en su vida privada. Los Giuliano, capos de la Camorra, que lo habían halagado con dinero, fama, lujos, mujeres y droga, cobraron duro la insolencia del suramericano, mostrándole la salida de Europa a un Maradona ya cansado de ella. Su derrumbe era inevitable. Se percató de haber sido utilizado y se declaró enemigo de las mafias, incluyendo la FIFA de Havelange y la AFA de Grondona; más ataques de la prensa, vendiéndolo como “mal bicho”. La gente compró a ese Diego de los medios.

Sí. La vida personal del pibe de Fiorito fue un desastre magnificado por comunicadores indignos enfocados en destrozarlo. Pero, él nunca quiso ser ejemplo; así lo manifestó públicamente. Simplemente quería vivir. Jamás sus poderosos enemigos mencionaron al verdadero Maradona, su lucha por los desposeídos, ni reconocieron sus acciones sociales; por el contrario, le cobraron su cercanía a Fidel -su segundo padre, decía-, Evo, Chávez, los Kirshner y demás personajes de la izquierda latinoamericana, algo que caló fuera de Argentina. Pero su gente, su pueblo marginado, el mundo futbolístico que llenaba estadios, jamás lo abandonó; para ellos, Diego siempre será D10S, genial grafismo que resume en 4 caracteres toda una historia de fútbol y vida. Nápoles, el Boca Juniors -el club de los “cabecita negra”, el de sus amores-, Buenos Aires, toda Argentina vivieron a D10S. Esteban Constaín escribió: “No era el representante de Dios en la Tierra, sino Dios mismo, D10S”. ¿Mala persona? La feligresía maradoniana acompañó en demasía el funeral del rebelde con causa, tan concurrido como los de Gardel, Perón, Evita y de esos ídolos que siempre aparecen en Argentina. Hoy, al Olimpo del fútbol, llegó la estrella más brillante.


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