Edificaciones abandonadas

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com



Sin dueños muchas de ellas, otras convertidas en lugares de culto y peregrinación, hay construcciones vacías que fueron y siguen siendo admirables, aún derruidas. Castigadas por el tiempo y la desidia, todavía conservan rasgos de su innegable estética y magnificencia; hasta los fantasmas se fueron a otros sitios. Portentosos castillos, majestuosos palacios o iglesias solemnes hoy se desmoronan lenta, dolorosa, inexorablemente. El castillo de Bodiam, en Sussex, fue erigido durante el reinado de Eduardo III cuando la Guerra de los Cien Años para prevenir una invasión que nunca llegó. Después decayó hasta la condición de ruina. Hoy, restaurado, recibe turistas. Dos edificaciones de la India yacen a la intemperie: el palacio de Lej, levantado en el siglo XIV, fue invadido y abandonado en el XIX; el bello palacio flotante Jal Mahal se hundió parcialmente en el lago artificial que lo rodea hasta hacerse invivible. Kirby Hall fue la casa solariega de Christopher Hatton, canciller de Isabel I; abandonada en 1810, aún deslumbra. Hoy es atracción turística y plató de cine. En Haití, el príncipe Henri Christophe levantó el palacio de Sans Souci, el Versalles del Caribe; se inauguró en 1813 pero un terremoto en 1842 desalojó para siempre a sus moradores. Las llamas de un incendio hicieron del bello castillo gótico irlandés Duckett´s Grove, un lugar inhabitable. El arquitecto italiano Andrea dell´Acqua diseñó el Palacio Pidhirsi (Ucrania) como residencia de oficiales militares. La Segunda Guerra lo convirtió en hospital de tuberculosos; hoy en el abandono, todavía resalta su magnificencia. La misma guerra obligó a la incuria del Grand Hôtel de la Forêt en Córcega, un apacible lugar de ocio construido en 1893. En las afueras de Nueva York, la maleza esconde al castillo de Wyndclyffe, una soberbia casa de campo erigida en 1853 y abandonada hacia 1950. Un poco más lejos de la Gran Manzana, un desvencijado castillo que fuera levantado en 1901 a la orilla de un rio por un traficante de armas, recibió de su propia medicina: una explosión de material bélico oculto lo destruyó en 1920. El Versalles de la Selva, en Gbadolite, hoy Zaire, fue residencia de golpistas; el extravagante lugar fue abandonado en 1997. Las villas italianas son de célebre preciosidad. La de Vecchi, una mansión sobre el Lago de Como, se construyó en 1850: la espantosa tragedia del asesinato de la esposa de Félix, su propietario, la desaparición de su hija y el posterior suicidio del dueño crearon la leyenda de fantasmas presentes allí; después de la Segunda Guerra quedó deshabitada para siempre. Hay muchos monasterios o iglesias abandonadas en el mundo cristiano; varios países las tienen en venta. España, Francia, Italia o México ofrecen un buen número de ellos. La parroquia de San Pedro Apóstol, en Michoacán, está sumergida desde 1965 por la construcción de una presa; apenas sobresale el campanario. Igual sucede con la Iglesia de San Juan Bautista, Morelos. San Juan de Parangaricutiro, Michoacán, fue sepultado por una erupción del volcán Paricutín; quedó visible la parte superior de la iglesia. El hotel del Salto del Tequendama, cerca de Bogotá, fue una famosa edificación del siglo pasado. Construido al lado de la espectacular caída de agua del Rio Bogotá, inicialmente como una mansión, devino en hotel. Los constantes suicidios en el salto y la posterior contaminación del caudaloso afluente obligaron a su definitivo abandono; dicen que ahí habitan fantasmas. En desamparo se encuentran la Plaza de San Mateo en Bucaramanga; en Medellín, el Palacio Egipcio, construido por Fernando Estrada; la Caracola es un sobrecogedor recuerdo de la tragedia de Armero; las estaciones ferroviarias de Usaquén, Cúcuta y muchas otras poblaciones colombianas recuerdan al hoy inexistente sistema de trenes nacionales. Villa Servitá y Villa Adelaida en Bogotá -mansión fantasma en litigio-, son ejemplos de la esplendorosa arquitectura pretérita. Hoy predominan las figuras geométricas, vidrio o acero que en nada se comparan con aquellas magníficas edificaciones, de belleza superior. El “modernillo”, diría mi entrañable abuela.


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