Una patria en cuidados intensivos

Columnas de Opinión
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Nuestra gran patria Colombia sin duda está incluida dentro del diagnóstico de una grave enfermedad y más allá en cuidados intensivos; que tristeza y dolor de patria me da cuando observo la descomposición social que nos embarga, donde los principios de adhesión humana se han perdido, se han extraviado los valores morales como la honestidad, la vergüenza, la decencia y la lealtad, se ignoran los principios familiares, se confunden los valores patrios y frente a esta crisis y decadencia moral, nos hemos convertido en espectadores indiferentes que han perdido la capacidad de asombro como una expresión más del malestar que nos agobia.

Desde cualquier óptica el odio, ni el resentimiento que muchos profesan por redes sociales hoy en día no ayudan a la gran reconciliación que necesitamos, más bien polariza más a un país que está inmerso en el caos por quienes quieren liderar una patria que se encuentra perdida por enfrentamientos y atropellos por unos pocos que se creen tener poder a través de una investidura de líderes que lleva es al caos y al desorden. Duele ver como unos pocos se dejan llevar por la fuerza desmedida y no miden las consecuencias que lleva portar un uniforme como lo es el de la Policía Nacional de Colombia donde en su escudo esta la insignia “Dios y Patria” y la cual representa un valor que hoy en día se ha perdido como lo es la obediencia y más aún esa vocación de servicio que como servidores públicos muchos han perdido en esta patria herida.

Qué triste es ver donde lo material y los bienes públicos se convierte en una obsesión desmedida por los vándalos, donde el tener se convierte en un pensamiento alienante, donde el tener vale más que el ser, pensar que tanto tienes, tanto vales, donde el egoísmo, la envidia, la discriminación y la competencia hacia otros destruyen los sentimientos de solidaridad humana, una sociedad donde se rinde culto a la belleza física, utilizando el alcohol y las drogas en forma excesiva para manejar la ansiedad existencial creada por las demandas de competencia y de consumo, en que la violencia, la delincuencia, las drogas, el sicariato, el irrespeto y el desorden institucional abarcan todos los renglones del estado, una sociedad donde se violan las leyes, donde el dinero y la corrupción se vuelven pasión universal, abandonando los buenos modales, el cultivo de la intelectualidad y el crecimiento espiritual. ¿Cuántos actos de violencia, insultos, calumnias y vandalismo deben continuar para darnos cuenta que esta sociedad colombiana es un enfermo en cuidados intensivos?

Parece que la expresión del dolor por la pérdida de una persona dependiera de la ideología y aunque esta sea distinta en cada grupo familiar, la tolerancia y el respeto se empiezan por casa. Perdimos la sensibilidad, el amor al prójimo, el valor de la vida, solo nos duele el dolor y la muerte de los que piensan igual a nosotros. ¿Qué ejemplo y mensaje le estamos dando a nuestros hijos cuando nos enfocamos en los medios de comunicación mostrando una y otra vez la forma como nos agredimos? Se perdió otro valor fundamental: el respeto.

Los nuevos liderazgos deben aparecer para promover nuevas ideas de reconciliación, mejorando la educación, ante todo, mejorar los ingresos de los pobres y el campesino, la salud, el empleo, el deporte y demás actividades culturales; como también preservar el medio ambiente acabando con la desigualdad que tanto nos agobia, pero no se puede seguir dividiendo; sino más bien construir lazos de transformación social para poder sacar esta patria de cuidados intensivos.


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