Un mundo con menos habitantes

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com



Vamos rumbo a la extinción, y estamos próximos al punto de no retorno. El “progreso” ha traído bienestar, sí, pero también más desigualdad. Hemos devastado todos los sistemas, acabado con los recursos naturales renovables, extinguido especies vitales y, sobre todo, intoxicado el medio ambiente con combustibles fósiles, causando el calentamiento global.
Los gases contaminantes aumentan progresivamente la temperatura ambiental, tal vez de modo imperceptible para nuestra destructiva especie. Como consecuencia, aparecen incendios forestales que se suman a la deforestación incesante, sequías y desertificación planetaria. Agregue ahora el incremento geométrico de la población, sus necesidades de alimentación y espacio vital, movilidad y energía, y contraponga todo eso a los recursos limitados: un escenario dantesco, Mad Max ahora. Solo bastan 2 o 3 grados más de incremento en la temperatura global para el aniquilamiento de la vida.

La Tierra se comporta como organismo vivo y, como tal, se defiende del agresor humano. Responde con desastres naturales cada vez más catastróficos, huracanes más intensos y destructivos, incremento de enfermedades transmisibles -incluso, algunas ya olvidadas como el Chagas o endémicas la malaria, que ahora se propagan a pisos térmicos más elevados-, con la previsible explosión de casos nuevos. El calentamiento derrite los hielos polares y glaciares gracias a océanos más cálidos, aumentando progresivamente el nivel de las aguas; muchas ciudades costeras serán engullidas por los mares. Habrá modificación de las estaciones, desaparición de más especies animales y menos agua potable disponible para poblaciones crecientes. En consecuencia, los alimentos tradicionales escasearán y se encarecerán, y aparecerán otros muy distintos a los actuales. No será asunto de disponibilidad y accesibilidad sino de insuficiencia.

Desde luego; los gobiernos y organizaciones ecologistas han emprendido muchas acciones, combatidas por las máquinas de fabricar dinero. Hasta ahora, los resultados no son muy esperanzadores por su bajo impacto y poca aceptación de la gente. Transición hacia energía “limpias”, menos plásticos no biodegradables, vehículos más eficientes, cambio de costumbres alimentarias, etc. Colombia, según la ONU, es el tercer país más vulnerable del mundo; pero nuestros dirigentes siguen empeñados en asperjar venenos, destruir páramos, realizar fracking, fomentar energías fósiles, desarrollar ganadería extensiva o persistir en la fracasada “guerra contra las drogas”. Seremos un desierto invivible antes de lo esperado.

¿Ayudará tener menos población? Hoy, los problemas ambientales, sociales y económicos están causando una desaceleración en las tasas globales de fertilidad, calculándose que, entre 3 y 4 décadas, empezará a decrecer la población mundial. Significa entonces que, con el incremento en las expectativas de vida, en pocos años, se invertirá la pirámide con más población envejecida y muchísimo menos nacimientos. El mundo desarrollado tendrá la mitad de su población actual a finales de siglo; para entonces, el mundo contará con la misma población de hoy porque el tercer mundo seguirá creciendo de manera sostenida, especialmente el África subsahariana y, particularmente, Nigeria. Eso, si los señores de la guerra no salen a jugar con sus armas de destrucción masiva. Claro está; menos población significa más alimentos o menos contaminación. El problema es que, en un mundo menos poblado, los jóvenes, tendrán que mantener a muchos más viejos por bastante más tiempo. Quizás los salarios mejoren, no lo sabemos. Pero, ciertamente, los impuestos aumentarán, la jubilación será más difícil, los sistemas de salud colapsarán y los ancianos tendrán problemas para su atención.

Le guste o no, el mundo desarrollado tendrá que abrir fronteras para atraer jóvenes de países tercermundistas. Probablemente no haya migrantes suficientes para llenar plazas, y la competencia por ellos será feroz. Hoy, algunos países desarrollados estimulan económica, laboral, social y políticamente la natalidad y la maternidad, con resultados aún deficientes y desesperanzadores. “Se deben repensar las políticas globales”, afirma Ibrahim Abubakar, del University College of London. “La migración será una necesidad, no una opción”. El desafío es el racismo imperante en el primer mundo. ¿Acabaremos la estupidez de las “razas superiores” o los “pueblos elegidos”? Es vital para nuestra supervivencia.


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