Educación para cambiar

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com



Nuestros problemas sociales se originan, no en la agobiante corrupción y sus graves secuelas, sino en la falta de una educación que nos conduzca por los caminos de la verdadera democracia. Por esto, creyendo que se trata de las mejores opciones, elegimos gobernantes enfocados más en sus intereses particulares que en las necesidades de todos. Invocamos razones diversas, frecuentemente sin sustento en la realidad.
Nos venden emociones y no programas. Compramos ilusiones y recibimos añagazas. Los lamentos llegan después, pero frecuentemente repetimos el error buscando acertar. Preocupan las personas influyentes con altísimo nivel de formación académica y pobre concepción política, resultado de la pésima educación, mala información, propaganda intensa o el criterio vacío derivado de la falta de interés en el estudio de la historia nacional y universal, sus episodios, contextos y personajes. Así, países con mejores estándares de vida, eligen a personajes como Bolsonaro o Trump; otros, iguales o peores que nosotros, a un Daniel Ortega o acogen a golpistas como Jeanine Añez o al insustancial Juan Guaidó, aceptado por algunos países igual de funambulescos. Decía Platón que “el precio de desentenderse de la política es el ser gobernados por los peores hombres”. Si en Colombia eligiésemos bien, no tendríamos uno de los países más desiguales, violentos, ignorantes, destructivos y corruptos del mundo. La falta de educación hace estragos.

Los temores imaginarios inculcados por la propaganda política, el fanatismo, el caudillismo, la idolatría y todo tipo de bazofias mentales difundidas incesantemente por los aparatos de propaganda buscan crear realidades paralelas. Al abominable proselitismo contribuyen esos grandes medios que dejaron de pertenecer al periodismo para entrar al bolsillo de los emporios económicos, interesados en desinformar al ciudadano sin educación para poder dominar políticamente y ampliar su obscena concentración de riqueza. Salir de este atolladero tan denso exige educar al ciudadano: que abra ojos, oídos y boca, que aprenda a razonar y discernir, a estudiar la constitución y los programas de gobierno, a elegir sin pasiones y a controlar a sus gobernantes.

¿Cuál es la educación que necesitamos? El mundo actual es complejo, incierto y rápidamente cambiante, pero todavía domina la educación caduca emanada de la era industrial. Entonces, deben aparecer nuevos paradigmas educativos. Miriam Molinar, desde el Observatorio de Innovación Educativa, destaca la necesidad de desarrollar el pensamiento crítico, algo que desde este espacio siempre hemos propuesto. Para Molinar, el estudio multidisciplinario de los problemas favorece su comprensión y genera mejores propuestas de solución. Los estudiantes deben aprende a buscar y encontrar información válida y útil, establecer su origen, determinar su relevancia, entender su contexto y contrastar diversas fuentes. Para encontrar verdades, hay que tener la mente abierta y humildad intelectual.

Además de los contenidos académicos, la estructura y la metodología tradicionales, debemos enfatizar en algunos aspectos fundamentales para desarrollar el pensamiento crítico desde la educación primaria: se requieren competencias como la comunicación, trabajo en equipo, la solución de problemas y la creatividad. Durante el progreso académico, enfatizar en la comprensión de lectura, el estudio de la historia, la filosofía y la ética, el entendimiento del mundo actual, la educación cívica, la ecología y otras materias de importancia sustancial. El rol de la universidad debe cambiar, enfocándose principalmente en el individuo, la capacitación continua y el permanente aprendizaje de nuevas competencias, con participación de los estudiantes en la construcción de su formación, interactuando con el mundo exterior.

La educación tiene un compromiso social, ético y político. Nuestros dirigentes no tienen interés en una nación verdaderamente educada. Por el contrario, apoyados en medios cómplices, nos llenan de realities, noticieros desinformadores, farándula, proselitismo, propaganda negra y cuanta basura conceptual existe. Ellos tienen la sartén por el mango, pero usted tiene el voto para cambiar este país.

Apostilla: El precio final de la amistad es la consternación. Cuando parte alguien cercano, el alma se desgarra a jirones. Maldito coronavirus: como los dioses ávidos de sangre, reclama sacrificios. Elías Hani, extrañaremos tu jovialidad y bonhomía, pero estarás presente en el corazón de quienes disfrutamos tu hermandad.


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