Convergencia

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com



Históricamente, Colombia ha tenido una interminable guerra interior de intensidad variable con muy pocos y cortos paréntesis de apaciguamiento bélico, que no de paz. El Frente Nacional trajo una pausa en la violencia que sempiternamente azota a nuestra nación, pero su carácter excluyente transformó el enfrentamiento político armado en confrontación social, demasiado compleja. Contribuyeron decididamente la conversión de un país rural a otro urbano; el desarrollo asimétrico entre el campo y las ciudades, especialmente las grandes urbes; las políticas económicas; la agobiante corrupción; la precarización laboral; la exclusión social, y otros factores críticos. Sobre todo, la sordera de los gobiernos al clamor ciudadano que quiere un país justo.

Cada mandatario ha pretendido con mayor o menor entusiasmo buscar la paz, enfrentando siempre a enemigos ocultos o declarados. Se ha recurrido al diálogo, y los resultados son visibles: desmovilización de casi todos los grupos subversivos con las necesarias complejidades acompañantes, como ha sucedido en todos los procesos exitosos del mundo. Desafortunadamente, no se han logrado total desmovilización: quedan pendientes el Eln, las facciones de las Farc que siguieron o regresaron, y el paramilitarismo; También, el cumplimiento efectivo de los acuerdos logrados. Influyen negativamente los constantes saboteos a los procesos de reinserción de grupos armados desmovilizados; interferencias extranjeras; intereses específicos de algunos actores en continuar en confrontación armada y cosas por el estilo.

En 1983, Otto Morales Benítez, renuncia a la presidencia de la Comisión de Paz, advirtiendo que esta debe surgir de un consenso político entre todas las fuerzas sociales del país. En el diálogo epistolar entre Carlos Pizarro, entonces jefe máximo del movimiento subversivo M19 y el secuestrado líder conservador Álvaro Gómez se advierte el mutuo interés en alcanzar la paz. Coinciden en que ella no viene de la derrota militar de la subversión, sino que es un asunto civil, social y político, no bélico; concuerdan también casi todas las fuerzas políticas de Colombia y la opinión internacional. Durante la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 hubo una convergencia significativa entre el Acuerdo sobre lo Fundamental de Álvaro Gómez y el Gran Sancocho Nacional de Jaime Bateman. En ello coincidían otros líderes como el asesinado Héctor Abad Gómez y muchos otros líderes políticos: liberales, conservadores, izquierdistas, independientes, etc.

Situados como estamos, en casi inviabilidad nacional y en vergonzosos sitiales de deshonor en temas como corrupción, educación, salud, exclusión social, inseguridad, narcotráfico, etc., lo que necesariamente sigue es la convergencia de todos los sectores políticos en el propósito de corregir el rumbo del país: es imposible el final del conflicto armado sin voluntad política conjunta de resolver asuntos tan críticos. La derrota militar de un grupo guerrillero no elimina a los factores causantes de la subversión. Jamás podremos estar de acuerdo con el levantamiento armado, pero tampoco con la forma excluyente y corrupta como se maneja este país. Una gran mesa de diálogo nacional en la que confluyan todos los sectores sociales debe visibilizar todos los grandes problemas que azotan al país, expondrá la profunda asimetría social y la exclusión de las regiones, la corrosiva corrupción, el aberrante negociado con algunos derechos constitucionales, el aberrante papel de la banca, la confusión de roles de las fuerzas militares y policiales, los promotores de la polarización política, el rol de los medios de comunicación y las redes sociales, y muchos otros asuntos. Si las partes, incluidos los grupos armados ilegales, entienden que, salvo contadas excepciones, hay más puntos de convergencia que de divergencia, se pueden plantear soluciones que corrijan muchos de estos problemas. No se trata de cambiar el modelo político. Se trata de volver al espíritu de la Constitución del 91 y aplicarla a cabalidad. La sociedad, la gran beneficiaria, debe apoyar un proceso de esta naturaleza, en el que haya un verdadero gana-gana. La gran convergencia debe concebir una nación justa y equitativa.

A todos nos conviene. Quien promueva una gran convergencia nacional para salir de este espeso atolladero tendrá todo mi respaldo. Usted decide con su elección.


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