Al Ándalus – América

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com



El mundo árabe llega a América en dos grandes oleadas, con bastante distancia en el tiempo y diferencias culturales obligadas, siempre tras la caída de importantes civilizaciones. La primera de ellas, cuando los primeros españoles se establecen en América tras la llegada de Colón, poco después de la expulsión de los musulmanes de España y el restablecimiento del cristianismo por parte de los Reyes Católicos. El segundo éxodo, procedente del Medio Oriente por el desmoronamiento del Imperio Otomano. Estos emigrantes desembarcan en varios países americanos, entre ellos el nuestro. Por Puerto Colombia llegaron a Barranquilla, su primer asentamiento, y de allí se diseminaron por buena parte del país, principalmente hacia Cartagena y la gran sabana de Bolívar, y menos hacia otras regiones.

En su tiempo y a su manera, ambas migraciones influenciaron significativamente las costumbres locales. La primera, hispanoárabe con participación sefardí, traída por andaluces que atravesaron el Atlántico y se asentaron en este continente. La segunda vino directamente desde el Medio Oriente, principalmente cristiana con clara influencia otomana. La posterior traída de esclavos africanos completó la famosa trietnia, vuelta a enriquecer siglos más tarde con europeos de otras nacionalidades, y algunos orientales. En el mundo existen escasas civilizaciones en estados puro; casi todas se han ennoblecido con aportes de las demás.

La historia dice que Cristóbal Colón vino en busca de valiosas especias, pero terminó llevando productos desconocidos en la Europa medieval. A su vez, los ibéricos trajeron sus costumbres y productos de uso cotidiano, que ya tenían contribuciones de romanos y árabes principalmente, amén de otras culturas. La conquista de América es mayoritariamente andaluza, aventureros en busca de riqueza y poder. Signada por la espada y la cruz, impone todo a los indígenas, incluyendo creencias, sistema político y costumbres. Andalucía fue el punto de partida de los peninsulares hacia América. Según el académico español José Luis Gómez, más de la mitad de los marineros que arribaron inicialmente a estas tierras tenían acento andaluz. Vinieron también castellanos -con marcado parecido en su hablar a los sureños de aquellas épocas- y vascos. El habla andaluza marcó profundamente el idioma español de América Latina.

El profesor australiano Boris Handal va más lejos. Afirma que los españoles son hijos espirituales de los árabes, y los hispanoamericanos lo son de los ibéricos. Dice Handal que heredamos como nietos esa cultura tras los casi 8 siglos de dominación árabe en la península y cinco más de los españoles en América Latina. Por otro lado, la expulsión de los musulmanes significó la conversión real (y ficticia en muchos casos) de musulmanes y judíos al cristianismo. Estos últimos, los sefarditas, migraron principalmente a las Antillas y posteriormente, entre los siglos XVIII y XX, entraron a Colombia, asentándose en Barraquilla principalmente, pero también a otras zonas de la Costa Atlántica.

La cocina es buen referente para explorar las influencias de cada cultura. En el caso de los hispanoárabes de la primera oleada, encontraron una tierra sin estaciones y sin sus productos; tuvieron que adaptar sus preparaciones a la producción y técnicas locales. El historiador Enrique Morales menciona que la alimentación de las clases altas era esencialmente europea, los indígenas comían según sus tradiciones y los demás se nutrían del mestizaje y el sincretismo culinario. ¿Qué es nuestra carimañola sino un kibbe de yuca? ¿No es el suero costeño una evolución local del labne? ¿No se asemeja el pastel de arroz del Caribe a una maqluba palestina preparado al modo nativo? Nuestras frituras proceden de todas las civilizaciones mediterráneas, de Egipto en adelante, y fueron traídas por esos primeros andaluces. El buñuelo de frijol es hermano del acarajé brasilero, aporte yoruba. Todos los ancestros culturales colombianos caben en la berenjena cordobesa del chef Alex Quessep, una interpretación contemporánea de la tradición califal con presencia colorida y sápida de otras culturas mediterráneas. También la modernidad puede estar presente en esta fusión cultural.


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