Crisis, solidaridad, valor, decisión

Columnas de Opinión
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Que no nos venzan en estos momentos de crisis ansiedades, dubitaciones, incertidumbres, desazones, angustias, quebrantos, esperas ni penas, entre las muchas calamidades que estamos viviendo. El miedo no lo podemos evitar, pero sí identificarlo, sobrellevarlo y vencerlo, de lo contrario podemos descontrolarnos tanto física como mentalmente y no podríamos ante ello defendernos o combatirlo como deberíamos, hasta dominar la situación. No podemos dejarnos vencer, sino salir fortalecidos ante la actual situación que enfrentamos y fungir en adelante como orientadores de otros ciudadanos para evitar y sobrepasar situaciones de riesgo de manera virtuosa.

Reacción negativa del descontrol es no saber qué hacer, perdiendo instantes clave que podrían servir para contrarrestar la presión o el daño que empezamos a experimentar. El camino para vencer el miedo tiene que ser el adecuado. No podemos permitir que nos paralice, sino ser dueños de nosotros mismos, poder vivir sin él y ayudar a vivir a otras personas, ser capaces de reaccionar y actuar como mejor corresponda en cada caso, de ahí que importe ganar la partida con valor y decisión.
Cabe en esto poner a prueba nuestro civismo, comprobar por nosotros mismos que podemos colaborar y aportar iniciativas, actitudes edificantes, motivadoras, proactivas en beneficio comunitario en vía a superar la inmensa tensión social que experimentamos, lo que impone de parte de todos encontrar una misión cívica y dedicarnos a cumplirla, lo que sin duda redundará en beneficio colectivo. Es aportar en esto que es responsabilidad de todos evitar el contagio del Coronavirus (Covid-19), que debemos hacerlo por nosotros mismos y por nuestra familia.

Debemos producir desde el desinterés más expresiones y acciones de civismo y de tolerancia, es momento para pensar, meditar, reflexionar y plantearnos de que mejor manera podemos ayudar y no solamente ser testigos de manifestaciones de civismo, sino ser protagonistas de esa virtud de la que muchas veces carecemos en todas las clases sociales. Las acciones reales de civismo y caridad nos potencian y estimulan para bien; de ahí que convenga insistir y profundizar en esto.
No podemos perder de vista que estamos inmersos en una batalla de inmensas proporciones, con circunstancias y resultados letales por lo agresivo de su contundencia, lo que obliga que gobiernos y ciudadanía, de conformidad con nuestras realidades y posibilidades, hacer los máximos esfuerzos posible para quebrar la tendencia de contagios y muertes, proteger a la ciudadanía en general e impedir que el remedio sea más caro que la enfermedad, en lo que ayudan las compensaciones económicas, pues la lucha hay que librarla, empezando por comprender que médicamente lo responsable es el aislamiento social y suspender temporalmente las actividades.

Frente a esta realidad de la que importa salir airosos, queda recomendar la importancia de la solidaridad, así como seguir observando las recomendaciones gubernamentales, quedarse en casa, tomar medidas de higiene y distanciamiento social, orar por los servidores de la salud que luchan contra tan grande enemigo, y por nuestros gobernantes para que sean guiados e iluminados al momento de tomar las decisiones más adecuadas para protegernos. Toca vencerlo, no hay de otra.


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