La inteligencia de las plantas

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com



La filosofía plantea conceptos enigmáticos, imposibles de ubicar físicamente como alma, consciencia, pensamiento, memoria, sentimientos o inteligencia.
En ciertos casos, es posible explorarlos tecnológicamente mediante el registro de la actividad neuronal. Estos elementos inmateriales interactúan con lo material, el cerebro. Filósofos y científicos han intentado explicar este misterio, diferente de los sentidos: el asunto cuerpo/alma sigue sin resolver. El flogisto de Stahl.

La “carencia de alma” de nuestros ancestros aborígenes fue pilar fundamental de la conquista y la colonia europea, y base del tráfico de esclavos. Si existían semejantes prejuicios hacia a los humanos, el tema era peor con los animales y las plantas. Platón concibe que todo ser viviente puede tener alma, consciencia, inteligencia, emociones; un demiurgo las gobierna a todas.
Hace poco, el papa Francisco anunció la designación de un indígena boliviano como cardenal: la jerarquía católica del país andino manifestó que Toribio Ticona no les representa. La Conferencia Episcopal de Bolivia rechazó a un hombre silvestre que ha sido lustrabotas, minero, albañil y alcalde de “pueblo perdido” (Chacarilla). El perdón que para la Iglesia Católica pidieron Juan Pablo II y Francisco por las atrocidades durante la conquista y la colonia no caló en una pequeña congregación aparentemente guiada, oh paradoja, por las almas de Domingo de Guzmán y Torquemada; les jala el resorte de la inquisición. ¿Significa para ellos que el cardenal nativo carece de alma, razonamiento, inteligencia, prez, sentimientos, etc.? ¿El color de la piel o el fenotipo son los determinantes? En pleno siglo XXI…

La Biblia habla del alma de los seres vivientes. En el Génesis se menciona la creación de entes vivos que se mueven, que tienen alma. ¿Asombroso? Animal, animación, ánima: palabras que significan alma. ¿Es distinta el alma de los animales y de los humanos? No lo sabemos. ¿Tienen vida espiritual? Tampoco lo conocemos. Observe a su mascota, como se comporta con usted y con los demás, analice sus expresiones, examine su vida psíquica, estudie su conducta. La inteligencia de los animales en diversos contextos supera la de los humanos, según la bióloga francesa Emmanuelle Pouydebat; de otro modo no habrían perdurado. En su obra “Inteligencia animal. Cabeza de chorlitos y memoria de elefantes”, esta investigadora define a la inteligencia como una función adaptativa del comportamiento de un ser viviente para resolver problemas en beneficio propio, para sobrevivir y perdurar. Los animales memorizan, empatizan, cooperan entre sí, elaboran herramientas, y no dañan su entorno como los humanos, que se consideran superiores, sí lo hacen. El equilibrio en la naturaleza depende de la interacción entre todas las especies vivas y el rol que cada una ejerce. Los intereses de los seres humanos desdeñan la conservación del entorno.

A los vegetales se les ha considerado casi como minerales; sin movilidad, seres pasivos. ¿Es esto cierto? Las plantas sorprenden. Por ejemplo, ellas guían sus raíces hacia el agua escuchando las vibraciones de las tuberías, según Mónica Gagliano. Afirma esta investigadora que muchas especies pueden detectar agua a distancia gracias a una especie de oído vegetal; también distinguen un sonido real de una grabación. Las plantas pueden desarrollar reflejos pavlovianos y son capaces de aprender. Un interesante experimento demostró que pueden reconocer y recordar estímulos luminosos y corrientes de aire. Según los hallazgos del profesor israelí Simcha Lev-Yadun, Universidad de Haifa, las plantas pueden oler y escuchar a sus vecinas y a sus enemigos, comunicarse entre sí, recordar condiciones climáticas y ataques de herbívoros, defenderse de ellos, competir por su espacio, y colaborar con sus polinizadores. También, toman decisiones.

Podemos no creerlo: pero es innegable que el equilibrio de las especies vivas es necesario para la supervivencia del planeta. Por irrespetarlo, estamos al borde de la autodestrucción. Plantas y animales parecen más inteligentes que los “superiores” seres humanos.


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