Turismo, gran oportunidad

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Bueno es el turismo cuando el turismo es bueno; es un fértil manantial de progreso.
Protéjannos los dioses del turismo depredador. Buenos son los empresarios cuando los empresarios son buenos. Fuente de inversión, empleo y desarrollo. Resguárdennos los dioses de las plagas que azotan el sector. Bueno es el estado cuando el estado es bueno; ancha y expedita senda ofrece cuando potencia al sector turístico. Sálvennos los dioses de gobiernos ciegos y torpes.
En la historia se rememoran viajes para ver los juegos minoicos en Creta; también, boxeo y carreras en Chipre. Grecia invitaba a ver los Juegos de Olimpia, eventos deportivos y religiosos. El Imperio Romano visitaba sus termas, Caracalla y Pompeya entre muchas, y descansaba en las playas mediterráneas; había rondas gastronómicas y visitas de cultos, gracias a las vías de comunicación y la holgura económica de sus ciudadanos. La Edad Media motivó peregrinaciones religiosas islámicas y cristianas. De Venecia a Tierra Santa se organizaban concurridas romerías. El Camino de Santiago condujo a la creación de mapas, mesones y servicios variados a los caminantes. La Meca es visita obligada al menos una vez en la vida para los musulmanes desde hace siglos. Los grandes personajes europeos viajaban con séquitos numerosos que no encontraban alojamiento suficiente en los palacios; así, se crearon edificaciones urbanas destinadas a alojarles, llamados hoteles (del francés hôtel). Por las épocas de la colonia en este continente, portugueses, españoles y británicos se interesaron en viajar y conocer otros lugares del mundo. China, India, América y África eran los destinos más apreciados. Posteriormente, los nobles europeos, por su parte, hacían el Grand Tour (origen de la palabra turismo), viaje que duraba de tres a cinco años, motivado en la necesidad de adquirir experiencias in situ y prepararse para gobernar. La visita incluía varios países, pero los destinos obligados eran Roma, París y Atenas, en cuyos cafés los intelectuales debatían acerca de cómo dirigir una nación o un imperio. Los médicos recomendaban a sus pacientes los baños termales, de barro y fríos como recursos terapéuticos, que inducen viajes a sanatorios especialmente acondicionados en mar o montaña.
Gracias a la Revolución Industrial se crearon barcos a vapor, trenes, automóviles y aviones, teleféricos, funiculares y toda una suerte de aparatos destinados a desplazar personas y carga. Las locomotoras y las redes férreas aceleraron el intercambio cultural y una transformación significativa de los estilos de vida, que motivó recorridos de placer. Ahora era mucho más fácil y agradable viajar. Mucha más gente disponía de tiempo y dinero, y los avezados mercantes no dudaron en proponer lujo y tecnología para los adinerados: trenes suntuosos, exquisita comida, licores exclusivos, y servicio pomposo a cambio de buenas sumas de dinero. Pero también hubo comodidades bastante agradables para los menos acaudalados. Se democratizaba el transporte, el consumo y los viajes. Thomas Cook abre el turismo contemporáneo al crear la primera agencia de viajes después de realizar el primer viaje organizado, fallido ciertamente. El suizo César Ritz se convierte, en Francia, el referente de la hotelería moderna. Pasadas las dos Guerras Mundiales, con el boom económico de los Estados Unidos, la recuperación económica de Europa y Japón renace el turismo y ciudadanos con mejor poder adquisitivo se interesan en conocer el mundo. A su vez, los lugares de destino se vieron obligados a acondicionar sus recursos para atender las crecientes visitas. Las legislaciones modernas introdujeron las vacaciones pagadas, la jornada de 40 horas y las coberturas sociales, potenciando la industria del ocio.
Colombia debe atender seriamente su potencial turístico: pocos países tienen tantas opciones. Pero Colombia en el exterior significa peligro; inhibe las visitas y la inversión. La guerra interna, el narcotráfico, la delincuencia urbana y la falta de control al sector impiden el crecimiento y la inversión en turismo, el cual jalona otros. Es menester crear un ministerio independiente que organice ese sector, fundamental para muchos países, y que se constituya dinamizador de nuestro desarrollo.

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