Santa Marta

Columnas de Opinión
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Hablar de mi Santa Marta del alma es indescriptible. Quienes por diferentes razones, vivimos lejos de la ciudad no vemos la hora de visitarla, así sea unos pocos días y estar allá, departiendo con la familia y amigos.
Esa ciudad que extraño y tanto amo la cual cumple hoy la modesta edad de 490 años.

Extraño el cayeye todas las mañanas acompañado de un buen café con leche; extraño un arroz de coco con un buen pargo rojo; extraño caminar el Parque Simón Bolívar y observar esa hermosa fachada de la Alcaldía; extraño cuando íbamos al cine de los teatros Santa Marta y Bolívar; extraño las brisas fuertes de diciembre; extraño Taganga y Neguanje; extraño observar las hermosas montañas que bordean la Sierra Nevada de Santa Marta; extraño la Quinta de San Pedro Alejandrino; extraño el Poli; extraño Gaira, Bonda, Minca, el Cundí, la 30, los Almendros, Pescaíto (en realidad se llama Olaya Herrera).

No es por nada y lo cuento como algo que jamás los samarios debemos pasar inadvertido. Si usted va llegando a la "samaria", bien sea por avión o en transporte urbano, queda impresionado de semejante belleza.

Esa entrada con la vista de ese inmenso mar ¡Qué belleza! y lo expreso sin pena: La entrada más bella de una ciudad o pueblo colombiano, es la nuestra.

La ciudad del Festival Internacional de Teatro del Caribe; de escritores como Ramón Illán Bacca, de actores ya desaparecidos como Frankly Linero; de un rebelde fundador de un grupo guerrillero. Empero mi humilde opinión, el valor mas tangible que tiene la ciudad y que perdurará toda la vida, es porque acá en nuestro terruño, murió el libertador Simón Bolívar.

Igual no podría dejar pasar desapercibido, que nuestra perla de América, a pesar del auge inmobiliario -algo que me sorprende y asusta a la vez- y de que ya es mas conocida a nivel internacional, tiene sus mares contaminados por culpa del transporte del carbón. Coloco un ejemplo palpable: si vamos por los lados de Bello Horizonte, y nos bañamos en el mar, salimos oscuros por culpa del polvillo carbón.

El envenenamiento en el ecosistema marino-costero es lamentable, duele profundamente en el alma. El lecho marino ha ido muriendo y la extinción de especies como el lebranche, el chipichipi y las almejas es una realidad.

Ente el auge y la escasez; entre playas contaminadas y la fama de ser las mejores de Colombia; entre modernos edificios e invasiones permanentes en los cerros; entre la amabilidad de mis paisanos, y a la vez su pasividad; Así cumple un año más de fundada. Un feliz día para la ciudad "dos veces santa"

Columna: La Columna de Tuto e-mail: tutinoaugusto@yahoo.es