De muerte lenta

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Son asesinos silenciosos. No me refiero a francotiradores profesionales, o ninjas sombra; tampoco, al envenenamiento causado por las velas medievales emponzoñadas para asesinar a lectores nocturnos, o a las pociones mortales atribuidas a Catalina de Médici o a la familia papal Borgia: me refiero a la cantidad de víctimas que cada año en el mundo cobran los refrescos azucarados.
La noticia que apareció la semana pasada es, simplemente, aterradora. Anualmente, según la revista Circulation (American Heart Association), más de 183.000 personas mueren en el mundo por causa de las bebidas azucaradas: 3 de cada 4 muertes ocurren en países de ingresos bajos o medios. En 2010, eran 130.000 las víctimas fatales de gaseosas, jugos empacados, refrescos deportivos o energizantes, tés helados dulces y jugos caseros endulzados. Dariush Mozaffarian, epidemiólogo de la Universidad Tufts de Boston (USA), quien lideró la investigación, prende las alarmas: es prioritario reducir o eliminar esas bebidas de la alimentación, especialmente la infantil. El complejo análisis determinó el impacto directo de tales bebidas en la diabetes, y los efectos indirectos en la obesidad, enfermedades cardiovasculares, diabetes y cáncer. Latinoamérica y el Caribe ponen ocho entre los veinte países con la mayor tasa de defunción, según Gitanjali Singh-bióloga, coautora del estudio-,porque en estas zonas es habitual el consumo de jugos caseros y bebidas comerciales con exceso de azúcar. México y Estados Unidos encabezan la lista mundial de defunciones por esta causa. Dice Singh que la tendencia es al aumento progresivo de muertes y de enfermedades cardíacas o diabetes, con ayuda de estas bebidas.
Para tener una idea del impacto de las bebidas azucaradas, revisemos algunas cifras: las guerras en todo el mundo causaron cerca de 55.000 muertes en 2011; hay al menos 14 guerras activas en el planeta. Según la ONU, el consumo de drogas ilícitas manda a la tumba a 187.000 personas cada año, mientras que los accidentes aéreos cobraron 863 víctimas en 2014. Estados Unidos enfrenta un grave problema de salud pública. El 68% de sus adultos padece sobrepeso, la mitad de ellos con obesidad: toda una epidemia. Más aún, 10% de los niños son obesos también. Por ello, desde hace unos años, el publicista Alex Bogusky, quien trabajó había trabajado para Coca Cola, hoy como activista dirige una campaña contra la industria de las gaseosas. Mientras el lobby de las grandes compañías frenó la cruzada de Bogusky, la idea de disminuir la epidemia encontró eco en Nueva York: el exalcalde Michael Bloomberg había limitado la dispensación de colas a 16 onzas (poco menos de medio litro). Sin embargo, otra vez el lobby y las grandes sumas de dinero frenaron el intento de controlar el consumo de tales bebidas; la medida fue demandada por la Asociación Estadounidense de Bebidas (ABA, por su sigla en inglés) y la Asociación Nacional de Restaurantes (NRA), y hace 2 años se levantó la prohibición impuesta por Bloomberg.
Se puede entender que las comidas preparadas y empacadas son una manera fácil y económica de calmar el hambre, igual que los refrescos azucarados, como sucede con los alimentos fritos. Pero no es la manera más saludable de alimentarse, y menos si se trata de niños, que están recibiendo grandes cargas de calorías insanas provenientes carbohidratos en excesos (azúcares y harinas), grasas (hidrogenadas de los "paquetes", cuando no de frituras envejecidas y recicladas), alterando lenta pero inexorablemente el equilibrio energético y el metabolismo de los comensales. El sedentarismo, pésimo compañero de la mala alimentación, el tabaquismo, las bebidas alcohólicas y una serie de elementos permitidos pero poco recomendables hacen estragos en la población, desgastando los recursos de la salud y los fondos laborales, que deberían irse a la prevención más que a tratamientos y rehabilitación.
Es urgente el cambio a estilos de vida saludables, tarea que deben implementar e imponer las entidades sanitarias y educativas, públicas y privadas, a partir de políticas estatales serias emanadas de los ministerios de salud y educación. Corresponde proteger a la población infantil vulnerable de esos asesinos silenciosos, más letales que las guerras o que las sustancias sicoactivas. No podemos desbarrancar el futuro de nuestro país de esa manera, mientras fracasan en los tribunales iniciativas como las de Bogusky. Poderoso caballero es don dinero, pero no invencible.

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