Gardel y Sinatra

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

De Carlos Gardel todo está dicho. Si bien no acaba la controversia acerca de su cuna, desde cuando se establece en Buenos Aires hasta el día de su muerte en Medellín hace ochenta años, hay una nutrida recopilación de historias -reales muchas, imaginarias otras, idealizadas las demás- que arman perfectamente el rompecabezas de su biografía. No obstante, hay algunas de ellas menos conocidas, sucedidas fuera de Argentina en una época de comunicaciones precarias, difíciles y lentas.
Encontré una muy interesante que lo relaciona con el gran ídolo estadounidense Frank Sinatra, narrada por el periodista peruano Mario González, gardeliano mayor. Gardel y Sinatra fueron producto de la penuria, malas compañías y actos al filo de la ley, en ámbitos de inmigración masiva de italianos a sus respectivos países. Carlitos, inquilino de los sórdidos conventillos del barrio del Abasto del Buenos Aires de entonces donde se inicia profesionalmente en la música, se encumbra después como referente universal del tango. Había comenzado con otros géneros -payada, canzonetta napoletana, ópera y canciones camperas-que pulieron su estilo y su voz. El cine le llama y las giras internacionales atiborran su agenda: una especie de beatlemanía primigenia.
Hacia 1934, ya figura universal, Gardel vivía en Nueva York, donde grababa, filmaba y también hacía presentaciones en vivo en pequeños teatros radiales de entrada libre, como se estilaba en la época. A uno de esos programas patrocinado por la NBC llegó empujado por su novia-Nancy Barbato- un muchacho de 18 años, también hijo de inmigrantes italianos, rebuscador, amigo de mafiosillos de la Píccola Italia, con varias entradas a las comisarías, que daba tumbos por la vida pero dueño de una voz prodigiosa: Francesco Sinatra. El díscolo joven neoyorquino queda embelesado con Gardel; al final del show, Nancy lo aborda presentándole a Frank, y le dice que el chico está desperdiciando su talento. Sinatra no supo explicarle a qué se dedicaba en la vida. Entonces, Gardel poniéndole una mano en el hombro le dice al joven: "Mirá ragazzino, yo a tu edad andaba en Buenos Aires como vos andás ahora en Nueva York. Pasaba todo el día en compañías poco recomendables cerca del mercado de Abasto, con squenunes (vagos) como los que vos frecuentás, especialmente con unos malandrinos genoveses, los fratelli Traverso, cuyo padre tenía una fonda llamada O´Rondeman, que era una guarida de la Mano Negra, la Camorra y tutticuanti. Cada dos por tres me portaban en galera. No te voy a decir que ahora soy un santo, pero el canto no solo me dio fama y fortuna, también me apartó de ese ambiente donde solo me esperaba pudrirme en la cárcel o morir violentamente". Sinatra lo escuchaba atentamente y en algún momento le pregunta: "Mister Gardel, ¿usted que me aconseja que haga?". Gardel le contesta: "Por lo pronto aprovechá que estás aquí en la radio y anotate en un concurso de cantantes que se llama "Major Bowes Amateur Hour". Hacelo, que con probar nada se pierde".
Sinatra le hizo caso: se presentó acompañando al trío Three Flashes, que para la ocasión se hizo llamar Hoboken Four -todos eran habitantes de ese barrio de Nueva Jersey-, y ganaron el primer premio. El grupo se disuelve poco tiempo después, pero le daba inicio a la fulgurante carrera artística de Sinatra gracias al consejo que le diera Gardel en los pasillos de la NBC.
En 1981, Frank llega por única vez a Buenos Aires, realizando una apoteósica presentación en el mítico Luna Park. El día anterior, camuflado, fue a la zona del Abasto en busca del café O´Rondeman, encontrando un terreno baldío que alojaba a una derruida construcción yaciente entre maleza. Sinatra sacó de su sobretodo una amarillenta entrada de un espectáculo radial de 1934, la besó, la puso en tierra y, para asombro de todos sus acompañantes, chapurreó en un castellano casi fonético: "¿Dónde estarán Traverso, el Cordobés y el Noy, el pardo Augusto, Flores y el morocho Aldao… los guapos del Abasto rimaron mi cantar". Y en voz fuerte para que todos le oyeran "La Voz" agregó: "Thanksforhelping me tolive, Mister Gardel". En ese mágico momento se juntaron los espíritus de ambos chicos arrabaleros de influencia italiana y difícil infancia, ambos cantantes formidables e inmortales.

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