La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, T-Mec, será una prueba de seguridad económica y competitividad regional más que una negociación comercial tradicional, advertencia que se hace desde ahora ante el arranque formal de las conversaciones trilaterales el próximo 1 de julio.
En que las recientes declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, quien dijo que su país podría firmar el acuerdo aunque insiste en que no lo necesita, deben leerse como una posición de presión negociadora, pero también como un factor que puede retrasar inversiones y elevar la cautela empresarial.
El tratado hoy opera más como un instrumento de seguridad económica y competitividad regional frente a China y la reconfiguración de cadenas globales. Tras tres décadas de integración, sectores como automotriz, dispositivos médicos, manufactura avanzada, electrónica y agroindustria funcionan con procesos que cruzan varias veces las fronteras antes de llegar al consumidor final, por lo que fragmentar el esquema elevaría costos.
Las empresas no invierten miles de millones de dólares sobre la base de discursos políticos. Invierten sobre reglas claras, certidumbre jurídica y horizontes previsibles de largo plazo; el verdadero desafío para México no es una cancelación inmediata del tratado, sino la falta de señales claras.
La revisión no será estrictamente comercial, porque incluirá seguridad fronteriza, política industrial, energía, reglas de origen, inversiones estratégicas y coordinación frente a China.
La incertidumbre es el verdadero desafío. Los mercados pueden adaptarse, lo que difícilmente toleran es la ausencia de reglas.
Las declaraciones de Trump deben interpretarse como una posición de negociación más que como una evaluación económica estricta, pero hay que alertar que introducen cautela para inversionistas, especialmente en proyectos de largo plazo. Para otros, las declaraciones de Trump introducen un elemento de incertidumbre. Los mercados y las empresas no sólo observan el contenido de las negociaciones, sino también la disposición política para preservar las reglas.
En ese sentido, se puede considerar que la revisión representa probablemente el momento más relevante para la relación económica regional desde la renegociación que sustituyó al Tlcan, porque discutirá la visión estratégica de Norteamérica ante relocalización productiva, seguridad económica y competencia global.
Ahora se prevé una revisión más exigente y políticamente compleja, en la que Estados Unidos podría presionar para vincular comercio con seguridad, migración, drogas y cumplimiento regulatorio; pero hay un lado positivo: Washington ha dado al T-Mec un trato arancelario que no concede a otros acuerdos.
Mientras lo exportado por México bajo el tratado siga entrando sin arancel, el país conservará ventajas y oportunidades.