Santa Marta, a punto de celebrar sus 500 años, enfrenta un continuo abandono por parte de líderes y residentes. A pesar de su rica historia, la ciudad está un estado de deterioro palpable. Calles ocupadas por personas sin hogar, vías en constante decadencia, basura esparcida por doquier, y elementos no deseados obstruyendo las rejillas de las calles son solo algunas de las manifestaciones visibles de este descuido persistente. La pregunta que resuena es clara: ¿quién asumirá la responsabilidad de revitalizar y restaurar esta ciudad que merece más?



