La figura de la primera dama en Colombia, representada por Verónica Alcocer, esposa del presidente Gustavo Petro, se encuentra bajo escrutinio debido a sus gastos millonarios y la polémica generada en torno a su papel en el Gobierno.
La primera dama de Colombia, Verónica Alcocer ha utilizado su influencia para conformar un séquito que ha generado gastos superiores a mil millones de pesos, incluyendo personal como fotógrafo, maquillador y asesora, contratados por entidades públicas con sueldos que rivalizan con los de ministros. Estas revelaciones contradicen la narrativa de austeridad y cercanía al pueblo que el Gobierno de Petro ha promulgado.
Las críticas no solo provienen de la oposición de derecha, sino también de sectores progresistas que cuestionan la utilidad y transparencia en el uso de recursos públicos para la primera dama. La controversia ha reavivado el debate sobre la pertinencia de la figura de la primera dama en Colombia, así como la necesidad de establecer roles y responsabilidades claras para evitar abusos y mal uso de recursos estatales.
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La falta de un marco jurídico específico para las responsabilidades de la primera dama contribuye a la dificultad para exigir rendición de cuentas. Mientras algunos argumentan que esta figura perpetúa estereotipos de género y debería desaparecer, otros defienden la importancia de definir sus roles de manera transparente y evitar el mal uso de recursos públicos.
“Nadie nos dijo que el ‘cambio’ en Colombia vendría con nuestra propia versión de María Antonieta: abusos, derroche, influencias políticas indebidas y favorecimiento descarado a los amigos”, dijo la representante Catherine Juvinao, del partido progresista Alianza Verde.
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