Bicentenario de la independencia en Santa Marta (1820-2020)

Especiales Periodísticos
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El 10 y 11 de noviembre conmemoramos 200 años de los acontecimientos político-militares que condujeron a la expulsión de las autoridades españolas de la antigua provincia de Santa Marta.


Por: Álvaro Ospino Valiente
Presidente de la Academia
de Historia del Magdalena

Para entender el porqué de la lealtad de Santa Marta a la monarquía española y su renuencia a las ideas de libertad, tenemos que remontarnos a la segunda mitad del siglo XVIII, cuando la ciudad se sacudía de la postración a que estuvo sumida por más de dos siglos, al estar a la sombra de Cartagena de Indias.

Las reformas borbónicas implementadas por Carlos III y Carlos IV, especialmente la promulgación del “Reglamento y Aranceles Reales para el Comercio Libre de España a Indias” (especie del actual Tratado de Libre Comercio), que habilitaba 13 puertos en España y 24 en Indias como medida para combatir el contrabando, entre ellos el de Santa Marta, fue determinante para su significativo impulso económico y urbano, realidad que fue clave para tomar la decisión de no apostarle a un nuevo proyecto político de alguna manera incierto, como efectivamente el inexorable tiempo demostraría.

Defender la monarquía española, era defender precisamente esas medidas, las mismas que incluyeron en la nueva Santa Marta de finales del siglo XVIII con obras públicas urbanas, infraestructura vial, edificios civiles, religiosos y militares, que borraron de alguna manera la memoria del desafortunado pasado de un poblado que se resistió a desaparecer en los tiempos de conquista española y durante la contienda anglo-hispana; y ahora por fortuna, recibía con beneplácito la atención de la Corona española.

Por otra parte, la armoniosa relación sostenida entre la monarquía y los pueblos de indios de Santa Cruz de Masinga, Santa Ana de Bonda, San Jerónimo de Mamatoco, San Jacinto de Gaira, Taganga, San Juan de la Ciénaga y Pueblo Viejo, afianzada por decisiones favorables ante el usurpamiento de tierras, como lo han señalado algunos autores, pudo influir en el apoyo y protagonismo de los indígenas durante este conflicto; aunque creemos que la razón más fuerte que incidió en esta lealtad, fue el hecho de liberarse de estar a la sombra de Cartagena y sus pretensiones de sometimiento a sus ideales republicanos, agravada con la primera toma de la ciudad por los patriotas al mando de Pierre Labatut, un mercenario francés que se dedicó al beneficio propio, atropellando inmisericordemente a los samarios.
Resumen de las cuatro campañas militares emprendidas por Cartagena de Indias entre 1813 y 1814 para someter a Santa Marta durante el periodo conocido como la Patria boba en el proceso independentista. La última batalla para liberar estas tierras del dominio español, tuvo como teatro de guerra la Ciénaga Grande de Santa Marta en la Campaña Libertadora en 1820.
Resumen de las cuatro campañas militares emprendidas por Cartagena de Indias entre 1813 y 1814 para someter a Santa Marta durante el periodo conocido como la Patria boba en el proceso independentista. La última batalla para liberar estas tierras del dominio español, tuvo como teatro de guerra la Ciénaga Grande de Santa Marta en la Campaña Libertadora en 1820.
Independencia

El proceso de independencia de España interpretado como la ruptura contundente de la vieja estructura política que ligaba las colonias o territorios de Ultramar, fue un conflicto violento de alta intensidad desarrollada con la intención de sustraer a estos territorios de la soberanía ejercida por la metrópoli a un mar de distancia. Cubre un periodo de 14 años (1810-1824), donde se desarrollan una serie de enfrentamientos militares motivados por el apremio de la descolonización, que en algunos momentos tuvo características de guerra civil. Este proceso político-militar se dividió en tres momentos históricos, el primero denominado la Primera República (1810-1816) o también conocido como la Patria Boba que se inicia con la promulgación del acta de la Independencia del 20 de julio de 1810, luego el inicio de la Reconquista Española o el “Régimen del terror” (1815-1819), impuesto por el rey Fernando VII que pretendía recuperar y sofocar las rebeliones en sus territorios de ultramar, al mando del teniente general Pablo Morillo y por último, la Campaña Libertadora (1819-1824), operación militar emprendida por Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander para liberar el virreinato de la Nueva Granada del dominio español y formar la Gran Colombia, derivada su disolución, apareciendo nuevas naciones como Colombia, Venezuela, Ecuador; además de Perú y Bolivia.

Durante la Primera República la población busca apoderarse del Estado colonial al declararse la autonomía de España, la guerra civil se hace presente entre los criollos al no haber acuerdos del sistema de gobierno, enfrentamientos que perjudicaron el proceso de libertad y que justamente Simón Bolívar denominó como la Patria Boba. Comprende tres tipos de enfrentamientos: el primero los encuentros de pequeñas entidades políticas que buscan imponerse no solo al Estado colonial sino a las dos nuevas formas de Estado republicano: la representada por las Provincias Unidas y la propuesta por el Estado de Cundinamarca; segundo, la guerra entre estas dos formas de Estado y, por último, la guerra contra los garantes del Estado colonial en el sur y en el norte.
Real y Americana Orden de Isabel la Católica, condecoración creada el 14 de marzo de 1815 por el rey Fernando VII, fue conferida a Antonio Núñez, cacique de Mamatoco por el Consejo de Indias el 3 de febrero de 1816, por su valerosa acción durante la conquista de Santa Marta por el mercenario francés Pierre Labatut enviado desde Cartagena y por el apoyo militar concedido al teniente general Pablo Morillo durante su asedio a Cartagena donde se sumaron alrededor de un millar de samarios. Dicha condecoración nunca se hizo efectiva su entrega, es una deuda pendiente que tiene España para con el antiguo resguardo indígena de Mamatoco y Santa Marta.
Real y Americana Orden de Isabel la Católica, condecoración creada el 14 de marzo de 1815 por el rey Fernando VII, fue conferida a Antonio Núñez, cacique de Mamatoco por el Consejo de Indias el 3 de febrero de 1816, por su valerosa acción durante la conquista de Santa Marta por el mercenario francés Pierre Labatut enviado desde Cartagena y por el apoyo militar concedido al teniente general Pablo Morillo durante su asedio a Cartagena donde se sumaron alrededor de un millar de samarios. Dicha condecoración nunca se hizo efectiva su entrega, es una deuda pendiente que tiene España para con el antiguo resguardo indígena de Mamatoco y Santa Marta.
Durante este periodo, Cartagena de Indias emprende cuatro campañas militares sobre Santa Marta para someterla a las ideas republicanas. La primera fue la conquista por Pierre Labatut, mercenario francés y comandante de las tropas patriotas, primero vence a Vicente Talledo en la ciénaga y después se toma esta ciudad, el 6 de enero de 1813; siendo expulsado fortuitamente el 5 de marzo de 1813, por el cacique de Mamatoco Antonio Núñez. A la llegada del teniente general Pablo Morillo en julio de 1815, encargado del Ejército Expedicionario de Costa Firme, el virrey Francisco de Montalvo, radicado aquí, recomendó felicitarlo por tan valiente acción. Ponderando tal actitud de valor, Morillo promulga un decreto por el cual se le condecoraba otorgándole una medalla de oro con la siguiente inscripción: “A los fieles y leales al rey”, la cual llevaría prendida al pecho con una cinta roja, que resultó siendo un simple simulacro, porque según él mismo, las medallas se perdieron al naufragar la nave capitana San Pedro de Alcántara. Solo estaba la cinta roja tejida por las matronas de Santa Marta y el diploma escrito en caligrafía de estilo que fue entregado al octogenario indígena.

De vuelta a Madrid, Pablo Morillo informó al Consejo de Indias la condecoración realizada, documentos en el Archivo Histórico Nacional en Madrid y en el Archivo General de Indias en Sevilla, proporcionan algunas informaciones sobre la decisión de honrar a Antonio Núñez. La Segunda Cámara del Consejo de Indias discutió lo realizado por Morillo los días 3 y 21 de febrero de 1816. El fiscal asignado al caso no solo respaldó dicha condecoración, sino que también propuso la entrega de una medalla similar en plata a Juan José, hijo del cacique y se le concediera el derecho a heredar el cacicazgo de su padre. Los ministros fueron aún más lejos, argumentaron que Núñez no solo había asegurado la importante ciudad para la causa realista, sino que, a su vez, había apoyado el posterior asedio de Cartagena de Indias encomendado a Morillo para iniciar la reconquista de todo el Virreinato de la Nueva Granada. Por lo tanto, el hijo del cacique debería recibir una medalla de oro, mientras que el propio cacique se le entregaría la REAL Y AMERICANA ORDEN DE ISABEL LA CATÓLICA, además del rango y salario de capitán del Ejército Español. Por razones de la guerra, esta condecoración no se hizo efectiva y la Academia de Historia del Magdalena, adelanta actualmente las gestiones para que España cumpla su deuda pendiente.
Moneda ordenada acuñar en Santa Marta por el virrey Francisco de Montalvo en 1820 para sostener económicamente la guerra. Emisión de fácil falsificación, tuvo poca circulación pues ese mismo año cae la plaza de Santa Marta a manos de las fuerzas patriotas comandada por el coronel Mariano Montilla. Fabricada en cobre con valor de ¼ de real y con un diámetro de 21 milímetros. Sus características es la siguiente ¼ de real, acuñada en plata de baja ley. En su anverso: ¼ coronado con el año de publicación debajo (1820), a la izquierda un castillo medieval y a la derecha una espada y balas de cañón. En el reverso: una cruz y en cada cuartel: 1º S, 2º M, 3º un castillo medieval y 4º espada y balas de cañón.
Moneda ordenada acuñar en Santa Marta por el virrey Francisco de Montalvo en 1820 para sostener económicamente la guerra. Emisión de fácil falsificación, tuvo poca circulación pues ese mismo año cae la plaza de Santa Marta a manos de las fuerzas patriotas comandada por el coronel Mariano Montilla. Fabricada en cobre con valor de ¼ de real y con un diámetro de 21 milímetros. Sus características es la siguiente ¼ de real, acuñada en plata de baja ley. En su anverso: ¼ coronado con el año de publicación debajo (1820), a la izquierda un castillo medieval y a la derecha una espada y balas de cañón. En el reverso: una cruz y en cada cuartel: 1º S, 2º M, 3º un castillo medieval y 4º espada y balas de cañón.
Segunda campaña militar

La segunda campaña militar de Cartagena sobre Santa Marta, fue la denominada “batalla de Papare”, ocurrida el 11 de mayo de 1813, victoria realista al mando de Narciso Vicente Crespo y Tomás Pacheco sobre Louis Chatillon, mercenario francés y comandante de las tropas patriotas, allí murieron más de 400 rebeldes. La tercera campaña fueron los hostigamientos de Pierre Labatut en la Ciénaga Grande de Santa Marta, el 14 de agosto de 1813 y al puerto de Santa Marta, el 9 de septiembre de 1813. Y la última, fue la “batalla naval en la isla de En medio” de la Ciénaga Grande de Santa Marta, victoria realista del teniente coronel Ignacio de la Rus sobre el capitán patriota N. Núñez, el 28 de marzo de 1814. Por este triunfo, el monarca español Fernando VII por Real Orden de agosto 2 de 1815, confiere una medalla de distinción a ese grupo de la División de Bongos de Guerra, comandado por Ignacio de la Rus,el religioso José María Ramírez, los comandantes de lanchas: capitán José Manuel Paz, teniente Antonio Garnier, subteniente Benito Urdaneta, cadete Vicente More, los señores Valentín Monterrubio y Manuel Urueta a cargo de sendas lanchas y por último, el presbítero Pio Plats que contribuyó personalmente al logro de la victoria. El virrey Francisco de Montalvo solicitó para que se sustituyera esta condecoración por la Cruz de Marina Laureada, petición negada porque estos hombres pertenecían al Ejército y no a la Armada Naval.

Más tarde, el periodo de la Reconquista Española liderada por Fernando VII y encomendada al teniente general Pablo Morillo, jefe del Ejército Expedicionario de Costa Firme, se caracterizó por el debilitamiento de la guerra civil, la persecución y castigo a los promotores del levantamiento insurrecto en procura de reestablecer el Estado colonial. La llegada de Morillo a esta ciudad para preparar el asedio a la insurgente ciudad de Cartagena de Indias, les permitió a los pueblos de indios de los alrededores de Santa Marta, como Masinga, Bonda, Mamatoco, Gaira, Taganga, San Juan de la Ciénaga y Pueblo Viejo, sumarse a sus tropas; casi un millar de samarios se alistaron para marchar por tierra y mar, logrando contribuir en la rendición por hambre a esa ciudad rebelde en diciembre de 1815. Por último, la Campaña Libertadora revive la guerra entre los alzados en armas reunificados en los Llanos Orientales contra los custodios del estado colonial, produciendo la retirada del establecimiento monárquico fuera del continente.
Cruz de Marina Laureada, condecoración creada por Fernando VII por Real Orden de febrero 2 de 1816, sería otorgada exclusivamente a jefes y oficiales, su diseño consistía: Anverso, una cruz de cuatro brazos triangulares, esmaltada en blanco con bordura en oro, con ancla azul y el óvalo de gules con el busto del Soberano en oro. Reverso la cifra “F. VII”, con la leyenda alrededor “Al valor de los Marinos”. Y la Cruz de Marina Laureada en Plata conferida a suboficiales, marinería y tropa, fabricada en plata sin esmalte; para los demás miembros de la Real Armada. La condecoración pendía de una cinta con los colores, roja y amarilla, como la bandera de España.
Cruz de Marina Laureada, condecoración creada por Fernando VII por Real Orden de febrero 2 de 1816, sería otorgada exclusivamente a jefes y oficiales, su diseño consistía: Anverso, una cruz de cuatro brazos triangulares, esmaltada en blanco con bordura en oro, con ancla azul y el óvalo de gules con el busto del Soberano en oro. Reverso la cifra “F. VII”, con la leyenda alrededor “Al valor de los Marinos”. Y la Cruz de Marina Laureada en Plata conferida a suboficiales, marinería y tropa, fabricada en plata sin esmalte; para los demás miembros de la Real Armada. La condecoración pendía de una cinta con los colores, roja y amarilla, como la bandera de España.


Un día como hoy, el 10 de noviembre de 1820, aconteció la llamada “batalla de Ciénaga” donde las fuerzas patriotas (naval, caballería e infantería) vencen a las realistas, que dio paso a la expulsión de las autoridades españolas en la antigua provincia de Santa Marta (entonces comprendía los actuales departamentos de Magdalena, La Guajira, Cesar y parte de Norte de Santander).

Pero merece referirnos inicialmente al papel cumplido por la geografía en esta contienda, como la importancia del río Magdalena, eje de movilidad de los ejércitos patriotas y realistas que surcaron en ambas direcciones para controlar política y militarmente el Virreinato de la Nueva Granada y a la vez, era la línea divisoria entre las provincias de Santa Marta y Cartagena. Y la albufera de la Ciénaga Grande de Santa Marta, principal teatro de guerra de la independencia, por ser el corredor fluvial que conectaba dicho río con el mar Caribe, por ello, era fundamental en la táctica del control del desplazamiento de las tropas y auxilios hacia el interior.

El control de la boca de la barra fue fundamental para confrontación bélica durante las cuatro campañas militares emprendidas por las autoridades de Cartagena de Indias sobre Santa Marta entre 1813 y 1814, para someterla a los ideales republicanos, que finalmente concluyó con una libertad forzada para los samarios.

Configuración del sistema defensivo de la Ciénaga Grande de Santa Marta

Estaba basado en nueve (9) fortificaciones de campaña, construidas entre 1811 y 1813 por las autoridades realistas de Santa Marta, con fajina, estacas, tablones y barricadas de arena. Su propósito era controlar el paso entre la Ciénaga Grande de Santa Marta y el mar Caribe, unas orientando sus cañones hacia el interior de la albufera para evitar el paso al mar Caribe, fueron ellas: la batería de San Fernando o de la Barra en la boca y frente a la isleta de Salamanca, la batería de Pueblo Viejo (población llamada antigua Santa Marta de la Ciénaga), la batería de San Andrés, la batería de San Miguel en la misma playa meridional y el camino cubierto o trinchera para unir las baterías San Andrés y San Miguel.

Y otras apuntando al mar Caribe, estaban: la trinchera y batería de la Tenaza en la playa, el reducto de San Francisco con estacada y rastrillo para fusileros en la playa, la batería del Carmen la más oriental de las fortificaciones para proteger a Pueblo Nuevo o San Juan de la Ciénaga (actual municipio de Ciénaga).

Por último, la única fortificación que podía cumplir doble función en proteger la ciénaga y el mar era el reducto del Socorro para fusileros, que protegía a Pueblo Viejo por el frente del mar. Además, otras las levantadas en el litoral entre las ciudades de Santa Marta y Ciénaga, como la batería de San Pedro, fuerte del Dursino o Dulcino y batería de Gaira; y en la bahía de Santa Marta estaba la batería de Santa Bárbara, obra construida sobre las viejas ruinas del fuerte de San Vicente y la batería del Rosario que, según la descripción en combate, pudo ser una reconstrucción del derruido fuerte de San Juan de las Matas.

La batalla de Ciénaga, inicio de la libertad forzada, noviembre 10 de 1820.

Después que el teniente general español Pablo Morillo parte de Santa Marta rumbo a Cartagena para hacer rendir por hambre a sus defensores patriotas en diciembre de 1815, lleva su estela de terror por todo el territorio neogranadino. Luego, la Campaña Libertadora iniciada en los Llanos Orientales por el general patriota Simón Bolívar en agosto de 1919, sigue la liberación del sur y el norte del país, esta última a cargo del coronel Mariano Montilla que ocupan Riohacha, incendiándola en dos ocasiones. Más tarde conquistan la Villa de Tenerife en junio de 1820, libran combates en el río fundación en octubre y, por último, sellan la conquista de la provincia de Santa Marta con la sangrienta batalla de Ciénaga, el 10 de noviembre del mismo año y la toma de su capital al día siguiente.

La conquista de Santa Marta fue planeada por tierra, mar y el complejo lagunar, el mando defensivo estaba conformado por oficiales españoles como Francisco Tomás Morales y Antonio Díaz y los indígenas criollos capitanes de milicias pardas, el cacique del resguardo de San Juan de la Ciénaga Faustino “Chinito” Bustamante, el catalán Francisco Labarcés y los capitanes, el mulato Narciso Vicente Crespo y el pardo Tomás José Pacheco; además de los indígenas armados con arcos y algunos con fusiles, junto a algunos zambos integrantes del grueso de las fuerzas realistas de 1.800 unidades entre soldados y milicianos para defender la ciénaga y la plaza de Santa Marta.

Por parte de las fuerzas ofensivas patriotas contaban con los batallones Rifles y Girardot de Antioquia actuando como punta de lanza en la batalla, estos habían sido entrenados por el coronel José María Córdova. Las embarcaciones llevaban 650 hombres, la infantería estaba formada por 2.000 más, que junto a la artillería y la caballería sumaban más 400 unidades en su gran mayoría venezolanos, hallándose dividida en dos columnas, la primera a cargo de los coroneles Hermógenes Maza y Francisco Carmona, y la segunda por el coronel José María Carreño acompañado de Calderón, Avilés y Acevedo. Por el río Magdalena, entraron las fuerzas sutiles del coronel José Prudencio Padilla y por el mar Caribe, el almirante Luis Brión bloqueando el puerto de la ciudad de Santa Marta, siendo reforzado por una escuadrilla al mando del capitán de fragata Walter D. Chitty.


Mapa de la Ciénaga Grande de Santa Marta con las fortificaciones emplazadas en el teatro de guerra, junto a los elementos naturales que jugaron un papel importante en la estrategia militar durante la batalla de Ciénaga, ocurrida el 10 de noviembre de 1820; que controlaba la navegación entre el mar Caribe y el río Magdalena a través de la albufera. Detalla las orientaciones de la artillería en las defensas realistas y los planes de fuego tanto para el mar Caribe, como para el complejo lagunar, protegiendo a Pueblo Viejo y al antiguo resguardo indígena de San Juan de la Ciénaga.

La batalla comenzó con la arremetida de Padilla con un nutrido fuego sobre las posiciones de las fuerzas sutiles realistas y las baterías que intentaban asegurar el control del paso al mar Caribe, operación que acabó en menos de una hora. Capturaron algunos bongos artillados y barriendo las baterías de San Fernando o de la Barra en la boca de la barra, la batería de San Andrés y la batería de San Miguel en la misma playa orientadas hacia el complejo lagunar y su camino cubierto o trinchera, que protegían en caso de desembarco en la playa.

Esto permitió el asalto de 600 unidades de infantería de la caballería llanera comandada por Maza, atacando la resistencia realista que retrocedieron y se apertrecharon en la población de Pueblo Viejo. Simultáneamente el coronel Carreño reforzaba con su columna dividida en tres grupos, haciendo lo mismo con la población de San Juan de la Ciénaga.

La lucha fue desigual, unos indígenas mal preparados en el entrenamiento militar y en estado de alicoramiento, dado los barriles de aguardiente enviado por el gobernador Pedro Ruiz de Porras a los defensores para aumentar su valor.

Los patriotas avanzaron sobre la población San Juan de la Ciénaga, pero encontraron a los habitantes parapetados en las casas y defendiéndolas con un fuego muy certero. La infantería patriota y la caballería de llaneros armados al mando de los coroneles Hermógenes Maza, Francisco Carmona y José María Carreño penetraban por las calles, estrellándose con la población guarecida que respondían con fuego cruzado desde las ventanas de sus casas.

Pasaban los minutos y los patriotas fueron ocupando pacientemente, una a una las manzanas hasta conquistar el poblado. Silenciados los cañones y fusiles, solo quedó el paisaje de guerra y terror, una estela de muerte tiñó de rojo el espejo de agua salada donde quedaron sepultadas las convicciones leales; la escena era dantesca, resultando una de las más sangrientas del proceso independentista de España, según algunos historiadores, superior a Ayacucho, Junín, Boyacá, Bomboná y el Pantano de Vargas.

Los realistas tuvieron 621 muertos, 257 heridos y 633 prisioneros; sumando las bajas de los combates previos en Fundación, el número de muertos asciende a 720 y los heridos a 431. Los patriotas obtuvieron 800 fusiles, 5 buques de guerra, la artillería y municiones. Los patriotas solo tuvieron 40 muertos y 114 heridos.

Las poblaciones de Pueblo Viejo y San Juan de la Ciénaga quedaron bajo el control patriota, por lo tanto, el próximo paso era ir sobre Santa Marta. José Prudencio Padilla y su flotilla emprenden rumbo a la bahía de Santa Marta para reforzar el bloqueo asignado al almirante Brión; mientras Maza y Carreño, prosiguieron su estela de muerte para acabar la resistencia realista apertrechada en la batería de San Pedro, y de allí siguieron sobre los realistas parapetados en las trincheras de Dursino y en Gaira.

Enterados las autoridades realistas en Santa Marta de la derrota, decidieron enviar al coronel español Juan Narváez con dos vecinos miembros del cabildo para solicitar suspender el ataque y negociar la rendición que les fue concedida, pero esa misma noche el gobernador Pedro Ruiz de Porras y los tres vecinos más importantes de la localidad, huyeron despavoridos a Riohacha y Maracaibo.

La mañana siguiente del 11 de noviembre de 1820, Carreño, Maza, y sus tropas avanzaron sobre Santa Marta, entraron sin encontrar resistencia de la catalanada, ni de los indígenas.

Mañana: La caída de Santa Marta por las fuerzas patriotas.



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