Ser fanatico de un club es complejo, más cuando hay diferencias con directivas o cuerpo técnico. Pero el seguimiento de amor es incondicional hacía al club y así lo demuestran algunos hinchas.
La historia de Omaira es de un amor incondicional hacía unos colores, una barra, un equipo que como institución ha perdurado durante 70 años y mantiene una estrella que resalta en sus vitrinas como un estandarte de una generación que luchó por alcanzar sus sueños. Cosme como le dicen algunos conocidos y amigos desde sus ocho años ha sido una hincha muy especial del Unión Magdalena, pues ha conocido otras ciudades para demostrar que su amor traspasa fronteras.
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En diálogo con EL INFORMADOR, ella explicó los momentos de amargura y dolor que afrontó como hincha cuando el Unión descendió por primera vez, prácticamente con los ojos llorosos lamenta que se hayan presentado diversos factores extradeportivos que fusilaron su ilusión como hincha, pero pese a esto siempre ha apoyado al club y su amor incondicional demuestra que la hinchada se mantiene firme cuando los resultados no acompañan a una institución.
“En el más reciente y bochornoso acto de la directiva en contra de la hinchada samaria me siento decepcionada y dolida por la situación que se ha presentado con el cambio de sede en el partido Unión-Junior, no pudimos disfrutar del clásico de la costa en nuestra tierra y tuvimos que ver como la hinchada del ‘rojiblanco’ se apoderó de nuestra localía” indicó Omaira.
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Además, resaltó el apoyo total al proceso de Harold Rivera que lo considera óptimo para las exigencias que tiene el club en esta temporada, aunque el equipo en cuatro fechas disputadas solo ha logrado tres puntos, de doce posibles lo que ya marca una preocupación por parte de la hinchada bananera que teme volver a descender por cuarta vez en su historia.
“He viajado a Ciénaga, Riohacha, Valledupar, Magangué, Cartagena, Barranquilla y otras ciudades de todo el territorio nacional para demostrar mi admiración por estos colores, acompañada de mis familiares y amigos, sonamos trompetas y gritamos con todo nuestro aliento, para apoyar al club de mis amores” acotó Omaira Manjarrés.
Ciertamente esta es una historia de amor incondicional que se ha expandido a lo largo de los años y que se mantiene viva en el legado de sus hijos y nietos que también sienten los colores del primer campeón de la costa.
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