La selección Colombia cerró el año dejando una imagen que invita a soñar. En Nueva York, y ante un rival que planteó un partido áspero y defensivo, la tricolor se impuso 3-0 a Australia en un amistoso que, más allá del resultado, confirmó la madurez futbolística del equipo de Néstor Lorenzo y la jerarquía de sus principales figuras.
Colombia intentó tomar el control desde el primer minuto, mientras Australia se replegó con una línea de cinco que obligó al equipo sudamericano a trabajar cada ataque con paciencia. Luis Díaz fue el primero en agitar el partido con aproximaciones peligrosas, mientras Santiago Arias y Johan Mojica sumaban profundidad por las bandas. Pese al dominio, el gol no llegaba y, en la última acción del primer tiempo, Camilo Vargas tuvo que intervenir con seguridad luego de una pelota quieta que llevó peligro al arco colombiano.
En el segundo tiempo, Colombia aceleró. Los ingresos de Gustavo Puerta y Rafael Santos Borré le dieron mayor movilidad al equipo y permitieron encontrar espacios que antes no aparecían. El trámite empezó a inclinarse, y el equipo encontró mayor claridad a través de centros, balones aéreos y jugadas a pelota quieta que incomodaron a la defensa oceánica.
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La jugada que cambió todo llegó al minuto 73: James Rodríguez filtró un pase milimétrico para Santiago Arias, quien fue derribado en el área. El propio James tomó el balón y, con la frialdad de un especialista, convirtió el 1-0 al 75’, desatascando un partido que Colombia ya merecía ganar.
El cierre fue un golpe de autoridad. Primero, al minuto 89, un saque largo de Vargas generó un choque entre Borré y el arquero australiano; la pelota quedó suelta y Luis Díaz apareció para marcar el 2-0 con instinto goleador. Apenas segundos después, un centro de James encontró a Jefferson Lerma, quien ganó en el salto, obligó al portero a una reacción y aprovechó el rebote para firmar el 3-0 definitivo.
Más allá del marcador, el amistoso dejó sensaciones profundas: un equipo cohesionado, que sabe administrar el juego, que no pierde la cabeza ante rivales cerrados y que encuentra soluciones desde la jerarquía de James, Díaz y Lerma. El proyecto de Néstor Lorenzo termina el año fortalecido y envía un mensaje claro de cara al Mundial: Colombia tiene argumentos para ilusionarse.