Santa Marta, la de Betania: Su historia

El castillo de Betania, de su propiedad, se convirtió por decirlo así, como en un pequeño monasterio. Derechos Reservados/ELINFORMADOR

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Una vez que terminó con la fiera que era el azote de la comarca, Marta decidió dedicarse al ayuno y la oración en aquel bosque; pronto se le unieron varias mujeres. Edificó entonces un templo dedicado a la Virgen María y un convento anexo en el que todas ellas organizaron su vida en comunidad a base de penitencia y oración.


Santa Marta por su solicitud y actividad en el servicio de Jesucristo Nuestro Señor, es invocada como protectora especial de cosas urgentes y difíciles. Es considerada la Patrona de las amas de casa y por extensión de quienes realizan trabajos en el hogar, como aseo y cocina. También patrona de hoteleros, casas de huéspedes y administradores de hospitales.

Estando su alma tan bien dispuesta, sin dificultad reconoció a Jesucristo por el Mesías verdadero, y abrazó su doctrina. Apenas le oyó, cuando hizo profesión de ser una de sus más fieles discípulas. Era su carácter dulce y amigo de hacer el bien; un juicio maduro y ejemplar, y con una modestia que la hacían amar y respetar por todos.

Se dedicó, pues, a la soledad y al retiro, enunciando a las vanidades del mundo; y como su hermano Lázaro era ya uno de los discípulos del Salvador, y la conversión de su hermana Magdalena, había sido de tanta edificación a todos, el castillo de Betania, de su propiedad, se convirtió por decirlo así, como en un pequeño monasterio. Allí se ocupaba el tiempo en la oración, en el estudio, en la labor y en las obras de caridad, por lo cual la casa de Betania era el hospedaje del Salvador en sus viajes apostólicos.


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Al ser crucificado Jesucristo y dispersarse sus discípulos, Marta junto a sus hermanos y un grupo de fieles, se embarcaron rumbo a lo desconocido y amparados y conducidos por la mano de Dios arribaron a las costas de Marsella en Francia, donde desembarcaron. Luego se trasladaron a Aix y convirtieron mediante la predicación a los pobladores de la región.

Cuenta la tradición hagiográfica que, en un bosque, situado entre Arlés y Avignon, había por aquel tiempo un inmenso animal que creyeron ser un dragón. Esta fiera a veces salía del bosque, se sumergía en el río, volcaba las embarcaciones y mataba a cuantos navegaban en ellas.

Marta atendió los ruegos de la gente de la comarca, y dispuesta a liberarla definitivamente de ese peligro, se fue al bosque a buscar a la fiera; la halló devorándose a un campesino. Marta se acercó sin temor, la roció con agua bendita y le mostró una cruz. La bestia, al ver la cruz y sentir el contacto con el agua bendita, se intimidó y quedó como paralizada. Marta se acercó nuevamente a ella, la amarró por el cuello con el cordón de su túnica, la sacó a un claro, y allí los hombres de la comarca le dieron muerte. Desde entonces, el lugar comenzó a llamarse Tarascón que era el nombre del Dragón.

Una vez que terminó con la fiera que era el azote de la comarca, Marta decidió dedicarse al ayuno y la oración en aquel bosque; pronto se le unieron varias mujeres. Edificó entonces un templo dedicado a la Virgen María y un convento anexo en el que todas ellas organizaron su vida en comunidad a base de penitencia y oración.




En una oportunidad que Marta se hallaba predicando en Avignon ocurrió que se encontraban a la orilla de un río. En la orilla opuesta había un joven que desde su lugar no escuchaba bien la prédica; como no disponía de embarcación alguna, se decidió a cruzar el río a nado, pero a poco de iniciar la travesía, fue arrastrado por la corriente y murió ahogado. Dos días después de su muerte, lograron encontrar su cuerpo y sacarlo fuera del río. Tan pronto como lo extrajeron, lo llevaron junto a la santa, lo dejaron tendido a sus pies y le pidieron que lo resucitara. Marta se postró en tierra con los brazos en cruz, y pidió a Jesús que, así como había resucitado a Lázaro también resucitara al joven, para que así movidos por el milagro se convirtieran a la fe los que allí se encontraban. Terminada la oración, tomó al joven de las manos y lo levantó del suelo, resucitado. El joven al volver a la vida recibió el bautismo.

Con información de CaballerosdelaVirgen.org y Aciprensa.


Devoción a Santa Marta y testimonio de una madre.

“Hace muchos años una compañera de trabajo me habló de Santa Marta y de la Fe que ella le profesaba.  Todos los años caminaba la procesión y me contaba los grandes milagros que bajo la intercesión de Santa Marta llegaban a suceder. Me llamó mucho la atención y un 29 de julio decidí ir a caminar la procesión. Para mí fue impactante ver la cantidad de personas que llevaba la procesión y cuando estuve frente a la imagen le pedí con mucha fe y desde el fondo de mi corazón su intercesión para que el Señor le regalara una buena mujer a mi hijo mayor que llevaba una vida desordenada. Ese día le prometí caminar todos los años la procesión.  Y así fue. Todos los años mi hijo me llevaba, pero me dejaba y se iba.  Cualquier día, él mismo me dijo “Madre yo quiero ir contigo porque le voy a pedir a Santa Marta que me regale una buena mujer para que sea la madre de mis hijos”.  Y así lo hizo frente a la imagen ese día.  No había pasado un año cuando conoció a esa mujer que él había pedido, con la sorpresa que también era devota de santa Marta y se llama Marta. Al poco tiempo se casaron un 27 de julio hace ya 9 años y tienen 3 hermosos niños. Y mi segundo hijo también se casó un 29 de julio en honor a Santa Marta.”


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Oración a Santa Marta para los casos difíciles

"Oh, Santa Marta milagrosa, me acojo a tu amparo y protección entregándome a ti, para que me ayudes en mi tribulación, y en prueba de mi afecto y agradecimiento, te ofrezco propagar tu devoción.

"Consuélame en mis penas y aflicciones, te lo suplico por la inmensa dicha que alegró tu corazón al hospedar en tu casa de Betania al Salvador del mundo; intercede por mí y por toda mi familia para que conservemos siempre en nuestros corazones a nuestro Dios viviendo en su gracia y detestando toda ofensa contra Él; para que sean remediadas nuestras necesidades y en especial esta que ahora me aflige (aquí se hace la petición).

"Te suplico que me ayudes a vencer las dificultades con la fortaleza con que venciste, por el poder de la Cruz, al dragón que tienes rendido a tus pies. Así sea. Amén"

Al final se reza tres veces el Padrenuestro, el Avemaría y un Gloria.

 

 


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