Tercer día de la novena a la Santa Patrona

Actividad Religiosa
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María, Hermana De Marta Y Discípula Del Silencio

Señal de la Cruz

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Oración inicial

Gloriosa Santa Marta, me acojo bajo tu protección y en prueba de mi afecto y confianza te presento mis súplicas. Consuélame en mis penas e intercede por mí y por toda mi familia, para que no nos falte lo necesario, la bendición material y espiritual, la riqueza del amor, el valor de vivir y el aprecio por el trabajo, fuente de nuestro bienestar; haz que conservemos siempre el santo temor de Dios y confiados en tu ayuda superemos las aflicciones que nos aquejan.

Por Cristo nuestro Señor. Amén.



Texto bíblico: Juan 12,1-8

“Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado. Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales. María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: «¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?». Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella. Jesús le respondió: «Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre»”.



Palabra del Señor.

Meditación: María representa a la Iglesia que escucha la Palabra y vive de ella, haciendo de la enseñanza de Jesús el alimento perenne del pueblo peregrino que avanza a la Jerusalén del cielo.

Marta representa a la Iglesia que aspirando a los bienes eternos, no por ello olvida su tarea de transformar las realidades concretas y los retos del tiempo presente mediante la verdad que libera del error y la mentira.

Marta y María son como las dos manos de Jesús: una señala a la casa de su Padre y la otra, como el buen samaritano, levanta al herido del borde del camino y lo conduce a ese mismo lugar de plenitud.

María unge a Jesús en silencio y adoración. San Juan Crisóstomo dice: “María representa el alma contemplativa que se entrega sin medida ”. Marta, testigo excepcional de estos misterios, nos enseñe a crecer en la fe.

Propósito: Cultivar el silencio orante cada día. Hacer del culto al Señor una alabanza gozosa en la esperanza.

Oración: Señor, enséñame a adorarte con todo mi ser, a aprender con Marta, María y Lázaro que tú eres nuestra vida y nuestra esperanza.

 
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GOZOS

Marta, amiga del Señor sé tú nuestra

esperanza, alcánzanos, abogada la

pureza y santo amor

Tierna y escogida flor, de Jesús esposa

amada, alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.

De estirpe esclarecida y ricos padres naciste, a Jesucristo serviste

 como esclava rendida, este es el noble esplendor que más te

 ilustra y agrada. Alcánzanos, abogada,

 la pureza y santo amor.

 Fuiste azucena tan pura, que desde la edad temprana

pisaste el lujo vano del mundo con su locura así, víctima

del amor, a Dios quedas consagrada. alcánzanos, abogada,

 la pureza y santo amor.

 En esta inocente vida maestra de perfección, te entregaste a la oración con voluntad muy rendida: admira tanto fervor en niña tan delicada.

Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.

 Ciego de saña inhumana el judaísmo procura pervertir alma tan pura al saber que eras cristiana

 confundiste con valor su terquedad obstinada. Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.

 Tu corazón con anhelo es reloj de sol divino, que a todas horas muy fino se sigue con propio celo: de aquella fragua y ardor sales más acrisolada.

Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.

 En  expresión  amorosa del que es la verdad constante, fue  María  muy  amante y Marta muy oficiosa, cuando el mismo Salvador hospedó en vuestra morada.

Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.

 Lloró el Redentor sagrado al oír tu amargo llanto, y de tu hermana el quebranto ya Lázaro sepultado fineza de superior compasión extremada.

Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.

 A su voz imperiosa de la muerte obedecida, vuelve Lázaro a la vida con novedad asombrosa no pudo con más primor quedar tu fe así premiada. Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.

 Son desvelos finos, fruto y prueba nada escasa esta Iglesia y esta casa hospital de peregrinos

 seguro  tiene  fervor el que en ella halla posada Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.

 Desde aquí a toda dolencia, flujo de sangre, dolores, y a los tristes pecadores se dibuje tu asistencia: cesa en fin todo temor luego que eres invocada.

Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.

 Si la intempestiva guerra a nuestra patria devora, por tan grande intercesora logra la paz esta tierra pues eres la que destierra la discordia y el furor.

Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.

 A quien en asunto apretado de la agonía te implora por su amante protectora oye con propicio agrado, libra a todos del horror de una muerte desgraciada. Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.


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Oración final

Señor Dios, Padre de misericordia y de toda consolación, que en Santa Marta nos diste un modelo de hospitalidad, fe y servicio, te damos gracias por los dones recibidos de tu amor y por los frutos que esperamos en esta Novena.

Tú que escuchaste la súplica confiada de Marta cuando te pidió por la vida de su hermano Lázaro (cf. Jn 11,21-22), atiende también nuestras oraciones y necesidades.

Fortalece nuestra fe en los momentos de prueba, ensancha nuestro corazón en el amor a los demás, y mantennos fieles en la esperanza de la vida eterna.

Por intercesión de Santa Marta, Maestra de vida y de fe, haz que sepamos reconocerte siempre presente en nuestra vida, en la Eucaristía, en los pobres y en los que sufren.

Oh Gloriosa Santa Marta, haz que te tengamos como maestra de vida y de fe, que seamos discípulos de quien nos ha dado vida y esperanza.

Danos, Gloriosa Santa Marta, un corazón capaz de acoger al Señor de la vida y que, al final de nuestro peregrinar, podamos contemplar junto a ti el rostro radiante del Señor de la Gloria.

Amén.

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