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Politiquería internacional

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Tulio Ramos Mancilla

Tulio Ramos Mancilla

Columna: Toma de Posiciones

e-mail: tramosmancilla@hotmail.com

Twitter: @TulioRamosM



Que no se crea que la politiquería es patrimonio exclusivo de los vetustos representantes del pueblo colombiano que, cuando intentan retorcer los hechos a conveniencia, son unas lumbreras, y que así logran frecuentemente su cometido increíble de desaparecer la realidad ante los ojos que perplejos los miran actuar, como si de unos verdaderos magos se tratara. Sucede que el mismo fenómeno puede ocurrir tranquilamente a niveles meta-fronterizos, y sin mayores consecuencias: se trata de la desvergüenza de los oportunistas huérfanos del poder. Sí, estoy pensando en Venezuela y en la camarilla de vivos que quieren medrar a partir de su historia particular.
Escucha uno a diario palabras y expresiones gigantes pero huecas: "principios democráticos", "solidaridad de la comunidad internacional", "deber moral", "hermanos venezolanos", etc., y se perciben declaraciones y actuaciones de expresidentes de amargas recordaciones en sus países respectivos; así, entonces, como de la nada, empieza uno a entender. Si un comprobado infecundo como Pastrana, un loquito como Piñera, un entusiasta del tequila como Calderón, se unen para promover un espectáculo lastimero que después es secundado por políticos españoles (¡españoles!) tanto de derecha como de izquierda (Felipe González, por ejemplo, quien tal vez deba seguir dedicándose a diseñar joyas), a los que la deprimida gente de su país identifica como los responsables remotos de su propia e irresuelta crisis, es porque algo anda mal.
Resulta que lo parece que mueve a estos expresidentes que no hicieron bien su trabajo cuando estuvieron en posibilidad de hacerlo no es Venezuela, ni los venezolanos. A ellos, Venezuela les importa tanto como lo que puede valer en una casa de empeño un objeto robado. Lo que verdaderamente interesa a estos politiqueros interestatales, designados entre y ante sí como defensores de oficio de delincuentes locales, es el relumbrón transfronterizo de la televisión y la prensa de lugares como el nuestro, pues el eco de sus actuaciones "legalistas y bondadosas" alcanza a sus propios países y partidos, y, a partir de eso, sueñan con volver, o, al menos, con juntar algunas migajas de influencia para así molestar a algún viejo rival, o presionar determinada reacción interna. Eso no es gratuito, eso vale, porque alguien termina beneficiándose.
Ahora bien, a pesar de la explicación propuesta, existe otratodavía menos romántica: la de que, esto que presenciamos, es una forma inacabada de derecho internacional, en el siguiente sentido: si aceptáramos que, en el ámbito interno, la política determina al derecho, y a la política a su vez la causa la economía, ¿sería posible extrapolar esta estructura viciada al escenario planetario? Sí, siempre que nos refiriéramos a una sociedad mundial endeble. ¿Es la llamada sociedad global lo suficientemente débil para esperar la dictadurainvisible de normas jurídico-internacionales en las que subyazcanmóviles económicos de multinacionales? Lo es. En tal escenario, alguien debería crear las condiciones favorables, alguien debe hacer la intermediación política que permita controlar a los mercados, es decir, a los Estados. ¿Quién?, adivinen quién. No creo en las puras intenciones dizque humanitarias de los que, pudiendo haber hecho más por los suyos, no lo hicieron, y que, además jamás habrían tolerado injerencias extranjeras en sus países, claro, siempre que no fueran las injerencias aceptables por ellos en virtud de lo que les era ofrecido.