El General en su Magdalena

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Tulio Ramos Mancilla

Tulio Ramos Mancilla

Columna: Toma de Posiciones

e-mail: tramosmancilla@hotmail.com

Twitter: @TulioRamosM



No son pocas las personas con quienes he hablado últimamente y que me han manifestado su beneplácito por la designación que hizo Santos del general en retiro Manuel Bonnet como gobernador del departamento de Magdalena, mientras se investiga al anterior mandatario. Sería llover sobre mojado decir que ha sido acertada la decisión del Presidente de la República, sobre todo,

cuando, para tomarla, hubo que despreciar nombres de personas cercanas a él (gente que había trabajado para su campaña presidencial en el Departamento), dándole primacía a la legitimidad que debe tener el funcionario encargado, por encima de afectos y favores debidos, a más de hacer prevalecer la probidad de Bonnet ante los sempiternos apetitos de poder de la politiquería local.

Es ésta una muestra de las ganas de Santos de hacer algunas cosas bien. No se le puede negar. Sin embargo, ¿qué es lo que va a encontrar el nuevo Gobernador?, y no me estoy refiriendo a la consabida tragedia invernal sino a las causas de la misma (prácticamente hay un consenso nacional en torno al tema: no podemos andar lavando las manos de los administrativamente responsables de todo este desastre diciendo que es culpa de la naturaleza: naturaleza hay por todo el mundo, y ello no impide que los gobiernos de tantos países hagan cosas para prevenir las calamidades, y que, además, tengan éxito).

Las causas de toda esta catástrofe humanitaria son las mismas de siempre, las que todos sabemos de sobra a estas alturas, y que se pueden resumir en una sola palabra: corrupción. He aquí, entonces, la respuesta a la pregunta que antes me había hecho: corrupción pura y dura es lo que va a encontrar el entrante gobernador.

No conozco al general Bonnet personalmente, pero recuerdo su papel en la vida política colombiana, cuando, entre 1996 y 1998, durante el gobierno del expresidente Ernesto Samper, jugó un papel preponderante en el mantenimiento de la lealtad del Ejército Nacional -y de todo el estamento militar- a la Constitución Política, y, en ese tenor, a la democracia. (Ironías de la vida: un militar caribeño, de tan pocos que ahora hay en Colombia, terminó como protagonista principal en aquellos días).

Creo que no hace falta ser hipócritas, y así, podemos convenir sin ambages en que el famoso "ruido de sables" era una realidad de aquel momento, en el que la estabilidad institucional del país se puso en riesgo, no tanto por el espectacular proceso 8.000, como por los ánimos golpistas de la derecha, que se mostraba dispuesta, desde la sombra, a secundar a quien se atreviera a atacar al entonces Presidente de la República. Dicen que candidatos hubo para esa tarea, pero pesó más el criterio de los buenos militares que, lejos de deliberaciones, optaron, como el general Bonnet, por las vías legítimas de obediencia ciega a la Constitución Política.

También me acuerdo ahora del atentado que el nuevo gobernador sufrió en el cerro el Ziruma (¿con z?) en el año de 1997, y de su salvación providencial (conmovedoramente, les atribuyó a los rezos de su señora madre el milagro). No obstante, lo que más me hace recordar al general Manuel Bonnet es aquella propuesta suya según la cual los mejores gobernantes serían las benditas mujeres, bajo el entendido de que ninguna mujer querría ver a su hijo muerto, y así, seguramente, nunca habría guerras que pelear. Esto es lo que necesitamos de un líder: sensibilidad para enfrentar la problemática que se avecina, y el valor para mostrarla y contagiarla.

Ahora bien, ¿la recia vida castrense, la experiencia en la comandancia de las Fuerzas Militares -con toda su exigencia en lo que a entendimiento de la alta política se refiere-, la comprensión del funcionamiento de la cosa pública, y el propio conocimiento de la vida, serán suficientes para que el general Bonnet pueda enfrentarse y dominar al indisciplinado ejército de funcionarios públicos -de la gobernación y de las alcaldías del departamento-, acostumbrados a la insensibilidad metódica -por decir lo menos- frente a problemas como el que se vive hoy día (entre otros, el desplazamiento inminente de miles de familias)? ¿Bastará con la presencia de ánimo de un solo hombre para cambiar las cosas?

Yo no creo en la magia. Imagino que él tampoco, siendo militar, como lo es, habituado a lidiar con los tozudos hechos. No es esto, aclaro, un vaticinio de un eventual fracaso de su gestión; en todo caso sería lo contrario. Pero, es bueno recordar cómo son las cosas por aquí, a fin de ver cómo - ¿enfrentándolo?- podemos derrotar el agobiante pesimismo ciudadano ante esta emergencia (¿acaso el más siniestro legado para las nuevas generaciones?), inherente a la moralidad administrativa corrompida que impera en el manejo de las entidades territoriales de esta zona del país.

Considero que, después de mucho trabajo (y denuncias), al final, el general Bonnet podrá cumplir y hacer cumplir la ley, en el entendido de que, ya persuadiendo, ya disuadiendo, logrará una coordinación efectiva de los esfuerzos gubernamentales, y así, establecerá los mejores planes de acción para la atención de tantos damnificados -de consuno con Bogotá, por supuesto-. No ha de ser fácil, pero esperemos que lo logre.



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