A tomar conciencia, no licor

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Escrito por:

Jairo Franco Salas

Jairo Franco Salas

Columna: Opinión

e-mail: jairofrancos@hotmail.com

Al tomar el volante, tomar conciencia, no licor. Por el título de la columna dirán ustedes lectores que les voy a echar cantaleta, ese no es mi propósito, no faltaba más; dice un proverbio: el que oye consejo llega a viejo; los excesos perjudican y en este caso a referir el exceso de alcohol al combinar con la velocidad en un automotor es letal, mortal.

Esto se constituye en un mensaje contundente de respaldo a la búsqueda de soluciones en un hecho tan notorio como es el elevado índice de accidentalidad en el país.

El acatamiento irrestricto a la ley debe ser un empoderamiento orientado al desarrollo integral y deseable de la sociedad, si se tiene en cuenta que este es un error o imprudencia con grandes consecuencias funestas; conductores ebrios frente al volante, que se traduce en circunstancias e incidentes desafortunados y como tal una situación que evidencia debilidad entorno a la armonía de convivencia social; en otras palabras es una conducta que se omite y obstruye el desarrollo; razón esta que nos impulsa a liderar acciones con capacidad y compromiso.

El mensaje de prevención contra la accidentalidad debe asumirse dentro de una connotación de protagonismo, es decir potenciar la generación de mensajes articulados a la transformación del ámbito cultural y no a la alteración de esta.

Es requisito indispensable afianzar la transcendencia de estas propuestas sustentadas al máximo en factores concretos y determinantes para que coadyuven a salvaguardar el derecho más preciado que tenemos: La Vida; así que es un deber ciudadano impulsar ánimos inhibitorios que pongan freno a la anarquía y al colapso desbordado del ímpetu de borrachos irresponsables en las carreteras del país.

Bajo este contexto las autoridades de tránsito en Colombia en esta época convulsionada desde el punto de vista vial, deben elaborar concertados planes de desarrollo con visión de largo plazo para salvar vidas.

En este proceso todos los estamentos de la sociedad sin excepción están exhortados a aportar en el cumplimiento de la divulgación de los programas de prevención en estos días que vivimos, fin y comienzo de año, con el único propósito de salvar vidas; estas recomendaciones deben establecerse con prontitud y perseverancia, que movilicen conciencia dentro de la colectividad y que trabajen de manera estratégica y mancomunada, repetimos para salvar vidas como un hecho prioritario y privilegiado que constituye un nuevo impulso el fortalecimiento de una sociedad culta, todo ello bajo criterio de inclusión de respuestas a la necesidad de acatar las normas.

La Ley 1696 del 2013, autoría del Movimiento Mira, establece sanciones hasta de $28 296 000 millones y cancelación de la licencia por 25 años, inmovilización del vehículo con grado 3 de alcohol; Ley que ha frenado este comportamiento a conductores ebrios en esa carrera desbocada que llevaban, ya que campañas como el conductor elegido a quien se le deben entregar las llaves del vehículo no han dado resultados.

El acatamiento a la norma crea una cultura; de esta manera el ciudadano crece vertiginosamente dentro de la escala de los valores sociales y lo importante en esta orientación preventiva es que permita transformar la sensibilidad de la nueva generación; esto es lo que se llama alternativa de convivencia e inclusión social.

Para lograr esta misión es necesario dejar de beber licor cuando se está frente a una inmensa responsabilidad, como es el de conducir un vehículo de cuya responsabilidad dependen uno o más ciudadanos que se movilizan en él, dependiendo totalmente de la eficacia, responsabilidad y compromiso de un conductor; así que de tal manera además de no estar embriagado, debe estar reposado visual y físicamente, avalado sicológica y emocionalmente, preparado para llegar con éxito dentro de la ruta del destino sin infortunios.

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