Colombia y el mundo

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Escrito por:

Tulio Ramos Mancilla

Tulio Ramos Mancilla

Columna: Toma de Posiciones

e-mail: tramosmancilla@hotmail.com

Twitter: @TulioRamosM



Colombia, un país aislado durante mucho tiempo, encerrado entre las cuatro paredes de su geografía, de sus provincialismos, de sus guerras civiles y de sus caudillos, de su endogamia y de sus complejos,

ahora, de pronto, gracias a Uribe -y sigue la paradoja-, según dicen algunos, por primera vez en su historia parece ponerse en la boca de otra gente del planeta por algo positivo, por algo que no sean drogas y muertes.

Por otra parte, parece que muchos seres humanos se están enterando apenas, a propósito del asunto que trataré enseguida, de que existe un país llamado Colombia, por allá en Suramérica.

(Todavía, en bastantes lugares del mundo se sigue confundiendo a Colombia con Columbia, nombre dado a determinadas localidades de Estados Unidos). La verdad es que no está nada mal que se empiece a considerar a nuestro país en los círculos económicos mundiales como una de las naciones llamadas a ejercer algún liderazgo en sus respectivas regiones durante los próximos años; no puede uno dejar de alegrarse (aunque con reservas).

Me estoy refiriendo, por supuesto, a la reciente inclusión de Colombia, por parte de ciertos analistas financieros internacionales, dentro del ya famoso grupo de los Civets (países con mayores perspectivas de desarrollo económico a mediano plazo), nombre que corresponde a la sigla formada por las iniciales de Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Suráfrica, en ese orden. El Civet (Civeta, en español) es un animal parecido al gato que habita en partes de Asía y África; no tiene ninguna relación directa con los países señalados.

Ya se han acuñado varios de estos términos que algunos economistas se inventan, y que propagan por el mundo en una actividad de marketing político muy efectiva. (Me pregunto si tal labor les será rentable a esos técnicos informadores/desinformadores y si Colombia pagó bien esta vez). Aunque, a veces, no es marketing lo que realizan, sino todo lo contrario. Por ejemplo, hace como diez años crearon el nombrecito BRIC (más o menos ladrillo, en inglés), para meter a Brasil, Rusia, India y China en el grupo de los que, en cincuenta años, estarán mandando en el planeta.

Hasta ahí todo bien (sobra decir que este vaticinio en particular no es nada deslumbrante, pues esos cuatro países son potencias desde hace rato, y además, en cincuenta años pueden pasar muchas cosas, como una de esas guerras mundiales que tanto gustan en el primer mundo).

Pero, ¿cómo se le llamará al hecho de que países que están mucho mejor que los Civets, en todo sentido, sean agrupados con la ofensiva sigla de PIGS (literalmente, cerdos, en inglés, y que corresponde a Portugal, Italia, Grecia y España), y que en tal sentido, se les considere como países al borde del colapso económico y prácticamente como las cenicientas que los estados poderosos de la Unión Europea tienen que rescatar a cada rato?

Como simples incoherencias, calificaría yo a estas clasificaciones arbitrarias, o mercadeos, para hablar en español (o negociado, para hablar en castizo), que no respetan la realidad. Ahora resulta que Italia, por ejemplo, que con todo y sus crisis nos lleva una ventaja que no hay ni que decir, está camino de la desgracia, mientras la boyante Colombia es uno de los países del futuro. Hombre, uno puede ser muy iluso, u optimista no más, pero no se puede comer ese cuento. Ojalá fuera cierto, entre otras cosas.

Y no es por hacer de aguafiestas (para eso tenemos al hambre, la miseria, la violencia, la gente que se muere en las puertas de los hospitales, los mineros que nadie rescata, la corrupción, y demás logros), pero es que no entiendo cómo vamos a hacer -si antes no ha pasado- para que el desarrollo económico que se pudiere producir con la mayor inversión extranjera que atrajere el gancho de los Civet, se convierta en desarrollo social, que es lo que necesitamos con urgencia. Pues capitales hay en Colombia desde hace rato, y de diversa procedencia; el tema es hacer que la riqueza se distribuya justamente, para que así disminuyan los problemas de este país.

Sí, otra vez lo mismo, pero hasta ahora no se conoce una fórmula distinta para frenar el hambre que genera delincuencia, la delincuencia que produce violencia, la violencia que pergeña la ignorancia, la ignorancia que determina la corrupción, la corrupción que legitima todo lo anterior, y volvemos a empezar con la pobreza y el desempleo.

En algún momento, Colombia debe romper ese círculo auto-destructivo. Tal vez esta sea la oportunidad de empezar, es cierto, pero no nos hagamos demasiadas ilusiones si el Gobierno no se comporta patrióticamente, encaminando sus esfuerzos a hacer que la nueva inversión que venga sea responsable para con el país y su gente, esto es, si no cierra la puerta a los capitales volátiles (extranjeros) que no crean riqueza. Amanecerá y veremos.

El próximo año, por lo pronto, Colombia estrenará este protagonismo con el evento más importante que jamás se ha hecho en esta tierra: el mundial juvenil de fútbol. Santos ha dicho que quiere que sea el mejor campeonato de esa categoría realizado hasta ahora. Yo, por mi parte, lo que espero es que el equipo nacional lo gane, digo, a ver si de una buena vez nos acostumbramos a ganar.



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