Poder e hipocresía

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Payares González

Carlos Payares González

Columna: Pan y Vino

e-mail: carlospayaresgonzalez@hotmail.com



Mi hijo Daniel me ha enviado desde Medellín un pequeño escrito sobre el cómo se comportan algunos hombres cuando ejercen el poder. Se trata de la frecuente incorrespondencia entre el pensar, el decir y el hacer.

Cuando así se procede se generan vectores de perversidad por parte de la gente que no dice lo que está pensando. Mucho menos cuando no hace lo que dice. Es entonces cuando emerge un comportamiento hipócrita o de doble moral. De sobra sabemos los colombianos que la hipocresía es fuente inacabable para el demagogo y el populista cuando de hacer política se trata. Pues bien, de esta clase de gente está pletórico el mundo y Colombia no es la excepción.

Algunos investigadores holandeses se dieron a la tarea de probar la hipótesis de que el ejercicio del poder inspira hipocresía. En un trabajo titulado "Power and hipocrisy" se detallan ciertos experimentos llevados a cabo y las conclusiones a las que llegaron sobre este tema.

En primer lugar, se planteó que las personas con poder se sienten con mayor derecho a juzgar y a calificar los comportamientos de los demás a la vez que exigen acatar estrictamente las reglas o leyes establecidas. Sin embargo, cuando la oportunidad se les presenta lo más probable es que hagan trampa, lo que se constituye en una actitud hipócrita. Predican pero no cumplen. Luego se demostró que la mayoría de personas poderosas se siente con más derecho a transgredir la ley mientras consideran que las violaciones que los demás hacen de las reglas son inaceptables.

Cual batracio, nuevamente la hipocresía salta a la vista. Así, casos que se podría pensar son aislados como el de la ‘Yidispolítica’, o el del directivo de una importante licorera sorprendido conduciendo ebrio, o el de los sacerdotes pederastas, o el de las chuzadas del DAS, tienen en común a personas con algún grado de poder que exigen de los demás cierto comportamiento legal, mientras ellos hacen todo lo contrario, cayendo, incluso, en la plena ilegalidad.

En el estudio se encontró también que las actitudes hipócritas sólo se manifiestan cuando las personas poderosas perciben su poder como algo legítimo. Cuando se sienten dueños del mismo. Cuando es percibido como ilegítimo la hipocresía no se manifiesta, al menos, de la misma manera explícita. Lastimosamente, las personas que carecen de poder se ciñen más a las reglas a la vez que juzgan con menos dureza las transgresiones de los demás y en forma más severa las de ellos mismos (hypercrisy).

En un estudio reciente de la Contraloría General de la República y de la Embajada de los Países Bajos sobre la corrupción político-administrativa en Colombia se demuestra suficiente evidencia empírica en este sentido. Si a lo anterior se añade la presión que ejercen los poderosos para mantener sus privilegios, se obtiene una sociedad con un statu quo reforzado.

De ahí la importancia de las marchas cívicas o ciudadanas como las de 2008 en contra de las Farc y las Auc, o las críticas de los medios de comunicación a las chuzadas del DAS y la parapolítica. Estas reacciones ayudan a minar "la legitimidad" o "la autoridad" de quienes actúan de manera hipócrita y abusan de su poder, lo que eventualmente los lleva al menos a moderar dichas actitudes. Sin embargo, mientras estas movilizaciones y reclamos sigan siendo más la excepción que la regla, estamos condenados a lamentarnos en silencio de nuestra suerte.



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