Contragolpe

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Escrito por:

Tulio Ramos Mancilla

Tulio Ramos Mancilla

Columna: Toma de Posiciones

e-mail: tramosmancilla@hotmail.com

Twitter: @TulioRamosM



Los episodios ecuatorianos de hace una semana, que representaron un nuevo intento de desestabilización política en la región, no pueden pasar desapercibidos. Al parecer, hay muchas voces que pretenden hacer circular la especie de que todo se trató de un mini-golpe que Correa se dio a sí mismo -habrá que ver para qué,

según estos sabios-, o que, cuando mucho, fue una insubordinación/revuelta a raíz del descontento producido por las cuestiones salariales o prestacionales de los policías… etc. En fin, siempre lo mismo.

La misma desinformación, tergiversación, maledicencia…, golpes bajos, juego sucio. No hay sino que ver el cubrimiento que algunos medios colombianos han dado a los hechos acaecidos en Ecuador para comprobar esto.

Tome, por ejemplo, al noticiero de RCN, que, a través de su línea editorial que llaman, o mediante la vocería -en todo el sentido del vocablo- de la insufrible Gurisatti, se ha esforzado a más no poder por convencer (formar opinión, dicen) a los colombianos desprevenidos de que en Ecuador no hubo ningún golpe de Estado ni nada parecido.

 ¿Cuál golpe de Estado? ¿No está Correa en Carondelet, despachando como si tal cosa? Estas actitudes me serían meramente chistosas -como, de ordinario, lo son- si no fuera porque esta vez me parece seriamente indignante el alto nivel de legitimación de la violencia política que se puede alcanzar en Colombia dentro de ciertos círculos. Es realmente vergonzoso.

Se necesita ser muy bruto para creer que Correa pudiera, a su vez, ser tan ingenuo de propiciar (propiciar, pues éste sería el verbo que mejor contendría las teorías -autogolpe o simple revuelta policial- que sostienen, más o menos, que el presidente ecuatoriano deliberadamente hizo algo para terminar secuestrado en un pequeño hospital, por fuerzas muy superiores a las que lo protegían) un golpe de Estado en su contra, como si de un juego se tratara, y no de un asunto en el que se ha podido decidir, con mayor derramamiento de sangre del que hubo, el destino de un país (muy a pesar de que los golpes de Estado en Ecuador se han convertido ya en fuente de Derecho).

Todavía me están explicando las razones que podría haber tenido Correa para cambiar una situación de paz permanente, como la que había en Ecuador, por una de incertidumbre y desazón, contraviniendo el manual que todo estadista se sabe, según el cual, lo más importante para mandar es mantener la sensación de estabilidad social, pase lo que pase.

De verdad, ¿en qué habría favorecido al experimentado Correa la desestabilización de su propio gobierno? Esto, si nada más hablamos de la perturbación general en Quito y en las demás ciudades; pero, ¿qué tal si vamos más allá y consideramos la de la tentativa acabada de homicidio?, es decir, ¿qué tal si, como lo ha dicho el Presidente, la orden última era matarlo?, ¿qué tal si lo hubieran logrado?, ¿qué tal? ¿Será que la muerte de Correa le favorecía a él mismo en alguna forma?, ¿será? ¿Acaso no estuvo cerca de ser muerto por los policías insubordinados que lo secuestraron?

Pues claro que sí hubo un golpe de Estado en Ecuador. Otra cosa es que no cuajara. Otra cosa es que la gente en Quito no les siguiera el juego a los agitadores encubiertos, y no mataran a su Presidente.

Otra cosa es que no les hubiera funcionado la estrategia a los instigadores del golpe. Otra cosa es que una situación de hecho, que cuadra perfectamente en la definición académica de golpe de Estado, sea tratada ahora, por algunos periodistas -en virtud de sus tendenciosidades pseudo-ideológicas-, como una revuelta policial, imprudencia presidencial o autogolpe.

Y es que uno puede estar de acuerdo o no con el ideario de tal o cual gobierno extranjero, pues se supone que en Colombia no hay -todavía, para desgracia del procurador Ordóñez- un tipo penal que configure el delito de opinión; por lo tanto, en este caso, es apenas comprensible que en una sociedad derechizada, como esta, se tengan muchas resistencias para con el gobierno izquierdista de Correa. Allá cada quien.

Lo que no pueden olvidar aquellos que llaman "terrorista" a todo el que no piensa igual a ellos es que hay que respetar -qué vaina- una cosa que se llama "derecho de libre autodeterminación de los pueblos", según la cual -resumiendo-, cada país puede gobernarse a sí mismo de la forma en que mejor le parezca.

Es esto, ni más ni menos, lo que se ha dado en Ecuador: a un país empobrecido por las mezquindades de su oligarquía bananera llegó una posición política que al pueblo le ha parecido incluyente y dignificante, y en virtud de ella, el mismo pueblo no sólo eligió como Presidente al hombre que la propugna, sino que lo defendió cuando, la semana pasada, otros quisieron tumbarlo.

O sea que los golpistas resultaron contragolpeados por Correa. Qué bonito: como en el fútbol. Así es como debe ser siempre frente a todos los actos de violencia contra la institucionalidad, para que no se repita el retroceso democrático de Honduras, y para que los periodistas como Gurisatti sigan tapando el sol con las manos.



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