Contra-política

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Tulio Ramos Mancilla

Tulio Ramos Mancilla

Columna: Toma de Posiciones

e-mail: tramosmancilla@hotmail.com

Twitter: @TulioRamosM



En Colombia se habla todo el día de política, pero ello se hace en su mínima acepción, o sea, en la del poder. ¿Que si el poder es algo mínimo? Sí, sí lo es, finalmente, si se lo compara con aquello que en realidad no es transitorio, que depende para su comprobación de la majestad del tiempo, y no de las mezquinas voluntades de tres pelagatos detentadores del poder público: las ideas políticas.

Lo demás son simples peleas entre uno y otro bando por hacerse con el botín burocrático, y algunas otras cosas. En Colombia de lo que se habla -mucho- es de esto último, la propia gente lo sabe, y es tal vez por eso mismo que la palabra "política" está maldita.

Por lo demás, los que se consideran limpios normalmente no quieren meterse en asuntos de poder, que terminan con amenazas, violencias, y muertes, como todos los que aquí vivimos bien lo sabemos. Los ciudadanos se han resignado a no decidir nada fundamental, con tal de evitarse las incomodidades que los poderosos les pueden causar, impunemente además. Es un escenario muy triste, ¿no es así?

Entonces la política colombiana está en manos de los políticos, y a la larga, en las de los que medran a través de ellos. Pero, y las ideas políticas, ¿dónde están?, ¿qué pasó con ellas? La respuesta generalizada para ambas preguntas suele ser que esas son bobadas que a nadie importan, salvo a los mamertos, a los guerrilleros, o a los pagados por la derecha para defender los intereses creados del establecimiento.

El problema central de todo esto, me parece, es que la sociedad colombiana cada vez se hace más inconsciente frente a temas que deberían interesarle, pues, de no hacerlo, seguirá embrutecida, y así, vulnerable ideológicamente, como en efecto lo está. (La vulnerabilidad social en sentido amplio, como muchos estudios lo han demostrado, no es sólo cosa de no tener plata).

El hecho de no poder hablar con libertad de las cosas que a diario nos afectan es la mejor prueba de esto. La desgracia de padecer líderes abiertamente criminales no es sino la lógica confirmación de esto que digo.

Enfrentémoslo: somos un pueblo esclavizado por sí mismo, inconsciente políticamente, víctima predilecta de los manipuladores que a diario nos dicen que todo está bien, cuando claramente no lo está, y que lo que es diferente a lo que aquí tenemos es malo, simplemente porque lo es.

Se atreven incluso estos matones a decir que aquellos que nos rehusamos a creer las invenciones que a ellos les convienen somos,por eso, enemigos de Colombia, como si ésta no fuera la única patria que tenemos. No, en verdad los enemigos del país son los que quieren que todo siga igual de mal; y sus idiotas útiles son los que los aplauden sin detenerse a pensar siquiera.

La política es la solución más civilizada frente al problema de la guerra civil, que es algo inherente al ser humano. Pero está claro que me refiero a la política en el sentido griego antiguo, al gobierno de la polis. ¿Discutimos aquí cuestiones trascendentales para el manejo ideológico del Estado, de tal manera que tal dirección sea rígidamente coherente con los programas de gobierno, los planes de desarrollo, y los balances de gestión? No, eso aparece como demasiado para nosotros, que no tenemos un modelo de país en la cabeza, que no tenemos claro, bien claro, hacia dónde vamos, más allá de que la Constitución de 1991 sea ciertamente la luz al final del túnel.

¿Llegará ese día, sin embargo?, ¿podremos decir con certeza alguna vez que el plan maestro nacional está funcionando, o al menos que tal cosa existe? Seamos políticos desde nuestra individualidad, utilizando la cabeza, a ver si derrotamos la contra-política, que es en últimas contra-Colombia.



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